Patakíes · Los caminos del Odù
1Oketé enamoraba a la obiní de Orunmila
Orunmila tenía recogido de favor a Oketé, que enamoraba a su mujer; con el maíz regado por el camino Orunmila regresó del monte donde Oketé lo abandonó, y expulsó a la mujer de la casa.
Orunmila tenía recogido de favor en su casa a Oketé, pero éste, cuando Orunmila salía, empezaba a enamorar a su mujer, hasta el punto de que ella le confió que tenía miedo de engañarlo, porque Orunmila todo lo sabe y todo lo ve.
Un día Orunmila solicitó unas hierbas y Oketé se ofreció a buscarlas al monte en su compañía. Orunmila, antes de salir, se llenó los bolsillos del pantalón de maíz y lo iba tirando por todo el camino. Oketé no se percató de ello, muy ocupado en que Orunmila se perdiera en la espesura del monte para abandonarlo y así lograr tener a su mujer.
Cuando Oketé estuvo seguro de su fin, abandonó a Orunmila, regresó a la casa y empezó a invitar a la mujer, que rechazó la invitación. Oketé se le confesó, diciéndole que Orunmila se había quedado extraviado en el monte y no podría regresar, a lo que la mujer contestó que dejara su invitación para otro día.
Orunmila regresó a su casa siguiendo el rastro del maíz: Oketé salió huyendo y a su mujer la expulsó de la casa.
Obra para Awó: ebbó con maíz; se lleva a Orunmila al río, se le echa el maíz a la sopera, se lleva para la casa y se siembra. La señora no debe darle la mano a nadie ni ayudar por buen corazón.
2El ciego limosnero y el collar
El ciego dijo que mientras su Ángel de la Guarda no lo abandonara no había Rey que lo detuviera; sus enemigos tiraron al mar el collar que el Rey le dio a guardar, y la rogación con el pargo se lo devolvió en las entrañas.
Existió una vez un ciego limosnero que tocaba el redoblante y le cantaba al Rey. Un día el ciego dijo que, mientras su Ángel de la Guarda no lo abandonara, él seguiría tocando y cantando, y que no existía Rey alguno que lo detuviera. El comentario fue oído por sus enemigos, que fueron con el cuento al Rey, quien mandó a buscar inmediatamente al ciego y le dio a guardar su collar de coral.
El ciego salió para su casa y guardó el collar en el lugar que entendía más seguro, pero sus enemigos lo habían seguido y, tan pronto pudieron, se apoderaron del collar y lo tiraron al mar.
A los pocos días el Rey mandó a buscar al ciego y le pidió que le devolviera su collar. El ciego fue para su casa y se volvió loco buscándolo, decidiendo ir a ver a Orunmila, quien le dijo que hiciera rogación de cabeza con un pargo bien grande y que al concluir lo abriera. Así se hizo, y dentro del animal encontró el collar. Lo cogió y se lo llevó al Rey.
Nota: unos dicen una cosa y otros dicen otra. Para la vista: ebbó misí con ewé dun dun, atiponlá, Iroko, ayapá y un pescado fresco.
3El ciego y la corona del Rey: en la venganza está la muerte
La hija del Rey murió por una serpiente del ciego flautista; el Rey, para vengarse, le dio a guardar su corona y se la mandó a robar. El pargo del ebbó devolvió la corona, el Rey murió del susto y coronaron al ciego.
En un reino muy próspero había un Rey que tenía una hija pequeña, muy considerada por los cortesanos. Un día la niña estaba jugando con otros niños de la corte en la puerta del palacio, y en esos momentos pasaba un ciego que tocaba la flauta, con la que encantaba a unas serpientes que traía en una cesta. Los niños hicieron burlas de él, al extremo de tirarle piedras. A la niña no le bastó y metió la mano en una de las jaulas del ciego: la mordió una serpiente y murió al momento.
El ciego fue preso y conducido ante el soberano, al que explicó lo sucedido. El Rey dijo: «Ya sé que no eres culpable de la muerte de mi hija y, en prueba de esto, te doy a guardar mi corona, que es el cetro de mi soberanía en este reino». Pero el Rey, aun sabiendo que el ciego no era culpable, quería vengarse: si el ciego perdía la corona, respondería con su vida.
El ciego metió la corona en una de sus jaulas y fue para su casa. El Rey mandó a cuatro de sus guardias a robarla para reclamarla después, y así sucedió. A la mañana siguiente, cuando el ciego fue a buscar la corona, ya no estaba, y se asustó, pues sabía lo que le costaría el descuido. El Rey, al recibir la corona de manos de sus guardias, sacó un bote, se fue al medio del mar y la tiró.
Mientras esto sucedía, el ciego, asustado, había ido a casa de Orunmila, que le marcó ebbó diciéndole: «Ve a la playa y compra el pargo más grande que encuentres». Así lo hizo, y le llevó el pargo a Orunmila, que al abrirlo para sacarle las entrañas se encontró dentro la corona del Rey.
El ciego fue a entregarle la corona al Rey. Éste, al sacarla de la jaba, recibió tal susto que murió al momento. Los cortesanos, al ver esto, coronaron Rey al ciego.
Nota: esta persona tiene que tener cuidado al guardar paquetes ajenos, que pueden traerle disgustos e incluso la prisión. Cuidar su vista; no mirar en la oscuridad con fósforos. Nacieron los soplones y los chivatos. No se confía en esta persona.
4El ciego que le echaron una obiní detrás🔒 Babalawo
5La maldición de Olofin al pueblo de Ketú🔒 Babalawo
6Oluwere, el hijo de Olokun🔒 Babalawo
7El perro alberga al puerco espín🔒 Babalawo
8No lo maltrates más, yo lo compro🔒 Babalawo
9Ogon Ilórun y su flauta🔒 Babalawo
10El muchacho pobre que con la flauta fue Rey🔒 Babalawo
11La creación del cargo de Agbombon🔒 Babalawo
12El matrimonio de Orunmila y Yemayá🔒 Babalawo
13La niña abandonada🔒 Babalawo
14El hijo que quería a su madre y la despreció cuando otokú🔒 Babalawo
15Las dos palomas y el maíz en el buche🔒 Babalawo
16El secreto del jagüey🔒 Babalawo
17Nacimiento del transporte espiritual🔒 Babalawo
18Que nunca me falte la comida🔒 Babalawo
19Elegbá cayó en tres trampas🔒 Babalawo
20Pargo a Orunmila🔒 Babalawo
17 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →