Las tribus aliadas invadieron al pueblo Osumo; Beko Bense demostró su poder comiéndose solo un carnero y un racimo de plátanos, sacando agua en un cesto agujereado y partiendo con su lanza una fibra de plátano; mató a los cuatro jefes invasores con sus lanzas y apagó con el agua del cesto el fuego con que quisieron destruir al pueblo.
Ebbó: dos akukó, abó, dos adié, jicotea, tres plátanos, una fibra de cepa de plátano, una lanza, un cesto, agua del río, un tizón de candela, tierra de la casa y del monte, owó medilogun.
Había una vez un famoso guerrero como entonces no se conociera otro. En una reyerta con la tribu aledaña, ese guerrero, llamado Ngema Eshugo, dio muerte a uno de sus jefes principales. Un hermano del difunto, que se hizo cargo de la dirección de la tribu, solo pensó desde aquel momento en el medio de destruir al poderoso pueblo Osumo. Para ello reclutó a algunos de los guerreros más notables de las tribus amigas: consiguió la adhesión del temido Ekang Ngomo, de la tribu Bisha Bifos; de Buere Sue Sue, de la tribu Esheg; y de los muy conocidos Ohomombue, de la tribu Obang, y N-Nanlel Milak, de la familia Yebon.
Cuatro días más tarde se reunieron al frente de sus huestes para estudiar el plan de batalla, y comenzó la gran ofensiva contra el pueblo Osumo. Acamparon cerca del pueblo de Ngema Eshugo y, según era costumbre, enviaron emisarios para comunicar que, si no se rendían en breve plazo, llegarían a saquearlo por la fuerza.
Cuando la noticia llegó a Osumo, un recordado guerrero llamado Beko Bense convocó al pueblo y prometió que él solo haría frente a la invasión. Beko Bense, además de por su destreza en las armas, alcanzaba gran fama por el poder de los maravillosos secretos que poseía. Para demostrar sus recursos ante el pueblo, que lo escuchaba escéptico, realizó las siguientes pruebas: mandó traer un abó de los más grandes y un racimo de plátanos de los más hermosos, una jicotea y una olla suficientemente grande. Encerrado en una casa, completamente solo y con vigilancia en la puerta, preparó el carnero y el racimo, que consumió aquella misma noche sin dejar el más leve indicio del monstruoso banquete: el asombro de los que entraron a la mañana siguiente fue increíble.
Después mandó traer un gran cesto y se dirigieron al río. Metió el cesto en el agua y lo sacó sin que se perdiera una sola gota por los infinitos agujeros que tenía. Con el agua del cesto hizo que cada uno de los presentes se rociara los brazos y las piernas, y la multitud obedeció, convencida de que aquel hombre poderoso podría resistir él solo la invasión. Aún hizo más: cogiendo una fibra finísima de plátano, la atravesó en medio de la calle, atada en alto por ambos extremos; retirado a distancia considerable, tiró hacia ella su lanza, partiéndola en dos partes perfectamente iguales.
Al día siguiente llegó la invasión, detenida por el tupido vallado que cercaba el poblado. Olofonbue conminó a Beko Bense a abrir las puertas, pero éste le dijo que antes se retiraran a distancia prudencial. Así lo hicieron, y Beko Bense abrió uno de los estrechos pasadizos, por el que apenas cabía una persona de frente. Al intentar pasar uno por uno, los cuatro primeros jefes extranjeros fueron clavados a distancia por sendas lanzas, manejadas con la misma precisión con que partió la fibra de plátano. Así murieron los jefes de la invasión. Los guerreros invasores huyeron al bosque, y buscando venganza, al ver que por las armas nada podían, decidieron pegar fuego al poblado y huir.
Llegada la noche así lo hicieron, pero Beko Bense, con el agua que sostenía en el cesto, apagó las llamas que amenazaban con destruir el pueblo, y venció a los que lo querían destruir.
Maferefun Shangó, Kaferefun Oshún. Este camino habla del gran poder de Shangó y su unificación con Oshún.