1La corona del Rey
El Rey orgulloso se negó a hacer el orugbó con su cadena del gran coral; a los siete días el tumulto lo echó al monte, hambriento cambió su corona por ñames a Elegbá disfrazado de vendedor, y el pueblo lo encontró y lo devolvió al trono.
Había un Rey muy orgulloso, y en su reinado existía un descontento muy grande. En vista de ello, el Rey hizo que Orula lo registrara, saliéndole este Ifá, donde le dijo que tenía que hacer orugbó con la prenda de más valor que tenía: su cadena con un gran coral.
El Rey se negó, ya que no creyó en lo que Orula le decía. A los siete días hubo en el reinado un tumulto; el Rey salió y se escondió en el monte, rasgándose las ropas. Ya hambriento, vio pasar a un vendedor de ñames, que era Elegbá disfrazado. Después de muchas súplicas, logró cambiar su corona por unos ñames.
Elegbá fue al pueblo contando a todos la situación del Rey, y todo el pueblo salió en su búsqueda, logrando encontrarlo y ubicarlo de nuevo en el trono.
2El hijo destrona al padre
Elegbara destronó a Olofin, por un Egun que perturbaba: por eso se recibe a Olofin a cualquier edad, y es Ifá de Abikú.
Elegbara destrona a Olofin, por un Egun que perturbaba.
Nota: recibir a Olofin a cualquier edad. Ifá de Abikú.
3Elegbá hace campaña contra el Rey
El Rey abochornó a los tres Babalawos que le advirtieron la conspiración; Elegbá le formó la revuelta, el Rey huyó con los pantalones rotos y cambió el brillante de su corona por un ñame al propio Elegbá, que lo delató en el pueblo: al volver al palacio, todo estaba como antes, y recordó a los Babalawos.
Dicen que antes los Babalawos caminaban por la calle en grupos de tres y cuatro, e iban casa por casa a ver si querían que les adivinaran. Un día el Rey vio pasar a los tres Babalawos y les pidió que lo miraran; le dijeron que tenía que tratar a sus súbditos con más amabilidad, porque el trato que les daba era muy grosero, que se le iba a formar una conspiración y perdería la posición. Pero como el Rey creía tener a todo el mundo a su favor y era muy orgulloso, les hizo pasar un bochorno, diciéndoles que él hacía la rogación por ellos y que, si les hacían falta cuatro o cinco pesos, él se los regalaba.
Los Babalawos, abochornados, se fueron sin coger el dinero y se sentaron en un puente. No habían podido comer, y en eso pasó Elegbá y les preguntó si tenían pescado y jutía; le dijeron que no y le contaron lo del Rey. Elegbá dijo: «¡Conque eso pasó! Está bien». Se metió en el palacio y empezó a formarle una conspiración al Rey, de manera que al poco tiempo súbditos y gabinete se le habían revirado. El Rey, viendo la situación y creyendo no tener con quién contar, cogió miedo de que lo mataran; por la noche echó lo que pudo en una jaba y huyó a las afueras de la población.
Los Awoses le habían dicho que se iba a ver mal, que pasaría hasta hambre y con los pantalones rotos, pero el Rey creyó que eso nunca le podría suceder. Pasó la noche en una manigua, y al día siguiente, por la tardecita, tenía mucha hambre; abrió la maleta y vio que con el apuro no había cogido dinero, pero en el bulto había echado la corona. En eso venía por el camino un vendedor de ñames, que no era más que Elegbá, que sabía su situación. El Rey le salió al encuentro y le propuso cambiarle un ñame por una piedra preciosa que arrancó de la corona, un brillante grande.
Elegbá, haciéndose el que no sabía que era el Rey, le contestó en tono despectivo que cómo iba a ser posible que a él le costara tanto trabajo labrar la tierra y sembrar, para luego cambiar piedra por ñame. Al Rey no le quedó más remedio que suplicar y humillarse ante aquel campesino, diciéndole que esa piedra era de gran valor. Elegbá, para rebajarlo más, le dijo que ese ñame era muy grande y esa piedra chica: que buscara una piedra más grande. Y cuando el Rey se fue a esconder, Elegbá vio que tenía los pantalones rotos por el trasero.
Cuando Elegbá llegó al pueblo, empezó a enseñar la piedra a todo el mundo, contando en alta voz cómo la había adquirido. El pueblo reconoció el brillante más grande de la corona del Rey, se dieron cuenta de que el Rey faltaba del palacio y fueron adonde Elegbá decía que estaba escondido, encontrando al Rey orgulloso con hambre y en muy mal estado. Le dijeron que volviera, pues el pueblo clamaba por él, pero no podía salir porque tenía los pantalones rotos, y tuvo que esperar a la oscuridad para ir al palacio. Cuál sería su sorpresa al encontrar todo como lo había dejado, en su estado normal; y se acordó de lo que le habían dicho los Babalawos. El Rey no creía en San Francisco.
Obra: ponerle ñame a Elegbá para que no pase hambre ni falte la comida. Ebbó: gallo a Elegbá, una corona, pantalón roto, ñame para Elegbá y demás ingredientes.
Nota: su cabeza lo engaña.
4El gorila🔒 Babalawo
5Obá Omibini, el orgulloso🔒 Babalawo
6El propio cuchillo no se hace cabo🔒 Babalawo
7Elegbá recibe obé🔒 Babalawo
8El guardián del obé🔒 Babalawo
9Los consejos de la mujer🔒 Babalawo
10La guerra con los osobos🔒 Babalawo
11El juicio de las dos madres🔒 Babalawo
12Chiva, el cazador🔒 Babalawo
13Ogún se enfrenta a su hijo espadachín🔒 Babalawo
14Los seres sobrenaturales persiguen a Orunmila de viaje🔒 Babalawo
15Orishaoko y la Madre Naturaleza🔒 Babalawo
16El Awó Totó (Nunca Más) y la suerte🔒 Babalawo
17Awó Totó pide la buena fortuna🔒 Babalawo