Oshe Meyi es el Odù número 15 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Oshe. En los tratados aparece también como Ọ̀ṣẹ́ Méjì. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 49 patakíes (3 en texto íntegro), sus refranes, 15 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los ires y osogbos al detalle, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREOshe Meyi es el luchador que aprendió a caer: invencible en el cielo, volvía siempre con las manos vacías — hasta que Eshú le enseñó el secreto de fingir la caída. Desde entonces su divisa es la más extraña y cierta de Ifá: perdiendo, se gana.
De cada caída de Oshe salieron doscientas recompensas. En este signo no gana el que aplasta, sino el que sabe ceder a tiempo: más vale la inteligencia que la fuerza, y no espere que los que derrote lo premien con un regalo. Si la vida lo tumba, mire bien el suelo: ahí está el pago.
«Perdiendo, se gana: de cada caída de Oshe salieron doscientas recompensas.»El pulso de Oshe Meyi
Su relación con el dinero es un pacto delicado: aquí el dinero bajó del cielo como una montaña de cauries, y las divinidades que corrieron a cavarla con avaricia murieron enterradas bajo ella; solo Orunmila le dio de comer y se sentó en su cima. No busque el dinero con apuro ni avaricia, porque servirá para su propio entierro. Y no adivine ni trabaje gratis: aquí nació que la consulta se paga.
Es el signo de Oshún y del río: bañarse en él rejuvenece, y las tres zambullidas de Oshe sacaron pez, tela y cauries — vida para disfrutar, paz hasta el final y prosperidad en abundancia. Aquí Yemayá entregó el dilogún y nació hacer Osha: su casa está en la raíz misma del santo. Cuide la sangre y el corazón con el médico, y use jabón y toalla solo suyos.
Los enemigos comen en su mesa: el mejor amigo puede traicionarlo y hasta la esposa puede resultar la bruja que lo pinte de ladrón — pero el que sacrifica a tiempo queda cubierto por el velo de Eshú, y la acusación cae sola. No sea Olokose, que salió de gira sin darle su chivo a Eshú y perdió todo lo ganado: déle a Eshú lo suyo antes de salir a buscar lo suyo.
El signo en una fraseAprenda a caer, cobre su trabajo y no cave el dinero con avaricia — que el río de Oshún le tiene tres regalos: vida, paz y abundancia.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAEewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No adivinar sin cobrar.Nació aquí: el okpele al suelo es la caída de Oshe Meyi, y en su memoria toda consulta se paga.
No buscar el dinero con apuro ni avaricia.Servirá para su propio entierro, como a las divinidades que murieron bajo la pila de cauries.
No comer carne de serpiente.La columna vertebral de la serpiente es el sacrificio que madura su fuerza ante Eshú.
No comer calabaza.Oshún y Orunmila salvan de la muerte con sus flores y hojas: es su medicina, no su comida.
No vestir en combinación de tres colores.Prohibición expresa del signo.
No torcer la ropa al lavarla.Es atraso para la persona: lo suyo no se exprime.
No utilizar la planta de ruda.Es tabú para los hijos de este Odù.
Usar jabón, toalla y estropajo solo suyos, y botar el jabón antes de que se acabe.Su limpieza personal es su secreto; lo que lo tocó no se comparte ni se apura.
No asumir deudas ni esquivar al acreedor.Las consecuencias del mal actuar de uno se reflejan en su familia y sus hijos.
No hacer demostraciones de fuerza.Su gran arma es la discreción: el luchador solo prosperó cuando aprendió a caer.
El ashé de este signo: Olofin les dio el ashé de la adivinación, por ser los más chiquitos de la religión. · Es adivino antes y después de muerto, y por lo regular buen espiritista: un Eggún le habla. · Sus tres zambullidas en el río: larga vida, paz hasta el final y prosperidad en abundancia. · Bañarse en el río lo rejuvenece: lava las señales de la vejez. · La estrella de la mujer esparce riquezas y prosperidad sobre el esposo. · Perdiendo, se gana: de cada caída de Oshe Meyi salieron doscientas recompensas.
Los patakíes
la historia primero — los caminos del Odù
LIBRE LA LIBRETA1El luchador que nadie premiaba
Oshe Meyi abandonó el cielo sin decírselo a nadie, sin adivinación ni sacrificio. Nació de padres envejecidos, con el pelo gris sobre la cabeza, y quedó huérfano de niño. No practicó Ifá ni profesión respetable: era un luchador errante que derrotó al Alara, al Ajero, al Olowo, al rey de Ado — a los dieciséis reyes del mundo — y de cada victoria volvía a casa con las manos vacías, escasamente ganando para comer.
Tres sacerdotes de Ifá le dijeron que pasaba hambre porque no ejercía la profesión que había venido a ejercer, y que su sacrificio pendiente tenía que hacerse en el cielo. Él no los tomó en serio — Eshú había cerrado la ruta —, pero ofrendó un gallo a su padre difunto, rogándole ayuda. El padre fue al ángel de la guarda de su hijo, y juntos persuadieron a la Enfermedad, esposa del rey de la Muerte, de invitarlo al cielo. Esa noche, Oshe Meyi enfermó de repente, cayó en coma y entregó su alma sin que nadie lo asistiera, porque no tenía ni esposa ni hijos.
Apareció ante su ángel de la guarda, que lo escondió detrás de un parabán. Al canto del gallo, las cosas buenas del cielo — los niños, la paz, la riqueza, la salud — pasaron reportándose, y el ángel les rogó una vez más visitar a su protegido en la tierra. Todas respondieron al unísono: jamás — era demasiado belicoso y vengativo; quien tumbaba reyes y divinidades en la lucha los aplastaría entre sus dedos. «El bien y el mal no viven juntos», dijeron, y partieron. Detrás del parabán, Oshe Meyi comprendió que había seguido los fines equivocados de la vida. Hizo al fin su sacrificio — un chivo a Eshú, que le lavó la cabeza y la espalda para reducir su fuerza diabólica — y por un sendero especial parpadeó de regreso en la tierra, donde recobró la conciencia.
2La caída que enriquece (nace el pago de la consulta)
Tres años después de su regreso, ya bueno y habiendo festejado a su padre, a su Ifá y a Eshú, Oshe Meyi retomó sus rondas de lucha. En el camino al palacio del Alara encontró a un viejo sacerdote de Ifá — una transformación de Eshú — que le dijo: «podrás derrotar a tus oponentes, pero en cuanto los agarres, finge caer a tierra, y observa lo que sucede: no te arrepentirás».
En el palacio gritó el reto de lucha y salió el Alara. Al trabarse, Oshe lo lanzó — pero se dejó caer a tierra antes de que el rey cayera sobre él, y permaneció en el suelo. Entonces Eshú desató una conmoción sin precedente: el pueblo quedó en total oscuridad, la tierra tembló, los gallos pusieron huevos y las gallinas cantaron, las embarazadas sintieron fatigas falsas, los animales del bosque entraron al pueblo. El Alara le rogó que se levantara, y el viejo adivino apareció de la nada: «está prohibido que el hijo de Orunmila caiga a tierra; para que se incorpore hay que apaciguarlo» — con cien hombres corpulentos, cien mujeres jóvenes, vacas, cabras, gallos, gallinas y bolsas de dinero.
Reunida la compensación, Oshe Meyi se incorporó; el anciano sopló polvo de adivinación al aire y la luz y la calma volvieron. A la mañana siguiente repitió la obra ante el Ajero, y luego ante el Oragun, el Olowo, el Ooni, el rey de Ado — y de cada reino salió con retribuciones semejantes, hasta ser un hombre extremadamente rico. Ese incidente marcó el comienzo de pagar por las adivinaciones: lanzar el okpele a tierra representa la caída de Oshe Meyi en manos de los reyes, por la cual ellos pagaron. Por eso no se adivina sin cobrar — y por eso a este signo se le aconseja no hacer demostraciones de fuerza: perdiendo, se gana.
3Ajakadi en el cielo
En el cielo, Oshe Meyi fue uno de los cuatro apóstoles mayores de Orunmila, pero era poderoso y pérfido: de niño ponía a pelear a sus hermanos menores — así quedó lisiado Olugbodo, la divinidad de los infantes — y de adulto solo fue notorio por llevar peleas a las cuatro esquinas del cielo. Su nombre era Ajakadi. Cuando nació, su padre encajó en su cabeza medicinas con un hacha y la cresta de un gallo: por eso creció como luchador invencible. Se le mandó sacrificar un chivo con la columna vertebral de una serpiente a Eshú, para madurar su fuerza, y no lo hizo, confiado en su fortaleza. Derrotó a Oggún y a cada una de las divinidades — pero escasamente conseguía comida, porque todo el bien del cielo le tenía miedo.
Su ángel de la guarda, decidido a debilitarlo para que prosperara, le llevó a Eshú el chivo y la columna de serpiente. En la competencia anual, Ajakadi retó a Oggún para el combate de apertura; lo alzó en el aire con todas sus fuerzas — y Eshú enfocó sobre él su mirada misteriosa: milagrosamente, Ajakadi cayó a tierra antes de que Oggún cayera sobre él. En el suelo, llamó a Oggún a decapitarlo: no soportaría la indignidad de volver a pararse.
Cuando Oggún sacó su espada, Eshú intervino: si alguien se atrevía a decapitar a Ajakadi, habría cataclismo interminable. E hizo temblar la tierra del cielo, que empezó a juntarse con el cielo en total oscuridad. Oloddumare ordenó apaciguarlo, y Eshú anunció el precio: doscientos hombres, doscientas mujeres, doscientas vacas, cabras, carneros, perros y bolsas de dinero. Pagadas las reparaciones, Ajakadi se levantó — la luz volvió — y llegó a casa rico. Dio un chivo a Eshú y sus mejores animales a su ángel de la guarda, y comprendió que sus días de lucha en el cielo habían terminado: era hora de irse a la tierra.
4El dinero que venía del cielo — El dinero bajó del cielo como montaña de cauríes y las divinidades corrieron a cavarla: solo uno excavó como debía. 6La mala suerte de Olokose — Olokose salió de gira confiado en su competencia y sin atender a Eshú: en el camino lo esperaba Agufan. 8La esposa bruja — Oshe Meyi no sabía que una de sus esposas venía desterrada del cielo: una noche, ella recorrió el mercado. 9El esclavo que tiró el okpele — Un hacendado sorprendió a su esclavo tirando el okpele y lo abofeteó, sin saber lo que el esclavo estaba mirando. 18El agua envenenada — Un caminante sediento preguntó si el agua del charco podía beberse, y creyó la respuesta: Ifá guarda la advertencia. 25El celoso — Los celos tenían presa a la mujer en su propia casa: la rogación de Orunmila la cruzó con Oggún en el camino. 26El hombre y la mona — Perseguido a muerte, un hombre se salvó haciéndose pasar por mono: lo que sintió su protectora complicó el escondite. 35El olor de la cucaracha — Orula le mandó ebbó a la cucaracha por su olor peculiar: el patakí explica por qué aún se la persigue. 40Oluo Popo y su sobrina — Oluo Popo gastó todo en fiestas y cruzó un límite en casa de Naná Burukú: dos castigos salieron de una boca. 47El ladrón y el colmenero — El colmenero cantaba bajito dónde escondía sus monedas, y alguien escuchaba: recuperarlas exigió una canción más. 48El pastor y el escarabajo — El pastor no sacrificó: ¿qué daño podía hacerle un escarabajo? El patakí responde desde lo alto de la cuesta. 49El ratoncito honorable — El ratón estaba cansado de vivir escondido: al amanecer siguiente se acercó al animal más grande del campo. La palabra no se pierde — se abre
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