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Oshe Meyi

También se le dice Baba Oshe Meji, Oshe Meji

nº 15 de 256 · Meyi · Edición:

El luchador que aprendió a caer: perdiendo, se gana — y el dinero buscado con avaricia sirve para el propio entierro.

49 patakíes 10 eewó 15 ebbós y obras 27 refranes

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Rezo del Odù— el que abre el registro

Mulu eulushe kulushe osiwe Oshún ibo nenile arun omolode Ikú osha dereni waye oko adifayoko Orunmila, kaferefun Osun, Oshún ati Elegbá bogolate Oluo Popo.

SúyereIkú iwa ile kalebo, arun iwa ile kalebo, Eggún iwa ile kalebo. Osun were were odo logun Oshún kanika.
Orden en Ifá
Odù 15 de 256 · Meyi
Composición
Oshe sobre Oshe
En el Diloggún
5-5 · Oshé tonti Oshé

Nace · Ìbí LIBRE

  • Que no se adivina sin pagar.

    Cuando se arroja el okpele al suelo se recuerda la caída de Oshe Meyi en el combate, por la cual los reyes pagaron una indemnización.

  • El hacer Osha: Yemayá entregó el dilogún.

    De aquí nace la consagración con caracol — y también la prohibición de que la mujer lo lance.

  • El ungüento oloroso y el perfume.

    El hijo de este signo usa cinco perfumes, y el ámbar solo para el pañuelo que va ante Oshún.

  • El osario: este Odù preside las inhumaciones.

    Es signo de la sangre y de la frontera entre la vida y la muerte.

  • Las articulaciones del cuerpo humano, sus coyunturas.

    Por eso sus hijos sufren dolores en los huesos, especialmente en las coyunturas.

  • La trata de esclavos a cambio de caracoles y el abandono del comercio con el dilogún.

    Los mercaderes vieron a los hombres pelear por los caracolitos e idearon cambiarlos por personas.

  • Los instrumentos musicales de cuerda.

    Es signo de fiestas y alegría — aunque la bebida le esté prohibida.

  • La repartición de los idiomas por la humanidad.

    Aquí las lenguas se separaron y cada pueblo tomó la suya.

  • El pensar cuidadosamente antes de prometer.

    Las promesas de este signo, una vez hechas, son irrevocables: cumpla siempre lo que promete a los santos.

  • El uso de plumas de cotorra como adorno del sombrero.

    Es la marca de dignidad del signo.

Oshe Meyi es el Odù número 15 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Oshe. En los tratados aparece también como Ọ̀ṣẹ́ Méjì, Baba Oshe Meji u Oshe Meji. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 49 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 15 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.

La lectura del signo

lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas

LIBRE

Oshe Meyi, que también se conoce como Baba Oshe Meji, habla de una vida larga: ningún odu vivió más años en la Tierra. Aquí nacieron el hacer Osha, cuando Yemayá entregó el dilogún, los perfumes, el osario, las coyunturas del cuerpo y la regla de que no se adivina sin pagar. También nació la trata de esclavos cambiados por caracoles, y por eso se dejó de comerciar con el dilogún. Shangó previno a los negros contra comerciar con los blancos, pues llegarían la guerra y la esclavitud: este Ifá lleva una maldición sobre una raza. Oshe fue un luchador que vencía a todos y volvía sin nada, hasta que aprendió a dejarse caer, y esa caída lo hizo rico. De ahí su decreto: del cielo le cae dinero, pero si lo busca con prisa y avaricia, ese dinero lo sepulta.

Usted es fuerte y difícil de engañar. Olofin le dio el don de adivinar, un Egun le habla al oído y su mirada alcanza lo que otros no ven. Pero es impulsivo y rencoroso, presume de su fuerza y no cree en nadie. Perdiendo también se gana: no siempre hay que demostrar quién puede más. Su mejor arma es la discreción. Este signo pide hacer Ifá, y si abandona las cosas de Ifá, viene su ruina completa y puede costarle la vida.

«Perdiendo, se gana: de cada caída de Oshe salieron doscientas recompensas.»El pulso de Oshe Meyi

Su familia lo rechaza y le quita valor, su mejor amigo puede traicionarlo y el enemigo llega a comer en su mesa, aunque usted lo vence toda la vida. Lo culpan sin razón, y eso puede llevarlo ante los jueces y hasta a la cárcel; sus enemigos trabajan de noche para quitarle el cargo. Desconfíe de la comida y la bebida cuyo origen no conoce. Tendrá que mudarse varias veces antes de tener casa firme.

En el amor, trate bien a la mujer, escuche sus consejos y nunca la obligue a estar con usted si ella no quiere. Su esposa quizá sea bruja, pero al final los dos viven en paz. Por un mismo hombre, dos mujeres pueden pelear hasta matarse. Hay peligro de incesto: si usted es mujer, cuídese de un hermano que quiera abusar de usted, porque su madre no la va a defender; y un tío no debe abusar de su sobrina, pues el incesto trae maldición sobre la familia. La embarazada debe hacer su ebbó para no perder al hijo, y un aborto le dejaría la salud quebrantada.

En la salud, este es el signo de la sangre: vigile la anemia, la circulación y el corazón, con riesgo de infarto y de derrame cerebral. Sufren los huesos, las coyunturas, el vientre, la garganta y la vista; aquí nació el cáncer de la piel, y se habla de impotencia y de locura pasajera. Cuide sus extremidades de un accidente y aléjese de la bebida y las fiestas. Con paciencia y consejo, el dinero y la dicha llegan.

El signo en una frase

Aprenda a caer, cobre su trabajo y no cave el dinero con avaricia — que el río de Oshún le tiene tres regalos: vida, paz y abundancia.

El diagnóstico

habla · prohíbe · recomienda

LIBRE LA LIBRETA

Eewó · prohibiciones LIBRE

El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.

No adivinar sin cobrar.Nació aquí: el okpele al suelo es la caída de Oshe Meyi, y en su memoria toda consulta se paga.
No buscar el dinero con apuro ni avaricia.Servirá para su propio entierro, como a las divinidades que murieron bajo la pila de cauries.
No comer carne de serpiente.La columna vertebral de la serpiente es el sacrificio que madura su fuerza ante Eshú.
No comer calabaza.Oshún y Orunmila libran de la muerte con sus flores y hojas: son medicina, no alimento.
No vestir en combinación de tres colores.Prohibición expresa del signo.
No torcer la ropa al lavarla.Es atraso para la persona: lo suyo no se exprime.
No utilizar la planta de ruda.Es tabú para los hijos de este Odù.
Usar jabón, toalla y estropajo solo suyos, y botar el jabón antes de que se acabe.Su limpieza personal es su secreto; lo que lo tocó no se comparte ni se apura.
No asumir deudas ni esquivar al acreedor.Los efectos de las malas acciones de una persona recaen sobre su familia y sus hijos.
No hacer demostraciones de fuerza.Su gran arma es la discreción: el luchador solo prosperó cuando aprendió a caer.

Iré y osogbo LIBRE

Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.

Es un signo de vida muy larga: nadie vivió más años que él sobre la Tierra.
La persona tiene constitución fuerte y es un luchador invencible.
Toda la vida gana a sus enemigos, aunque algunos lleguen a comer en su casa.
El dinero que llega con prisa y avaricia lo puede sepultar, y la muerte lo acecha junto con la buena fortuna.
Tiene problemas de la sangre: estancamiento, anemia y mala circulación, con riesgo de que se tapen las venas y de un infarto.
Sufre del corazón, de las piernas, del vientre y de la garganta, y corre riesgo de un derrame cerebral.

45 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.

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Refranes de Oshe Meyi · Òwe

la sentencia y lo que te está diciendo

LIBRE LA LIBRETA

Del cielo me cae dinero, y si no tengo cautela, me sepultará.

La fortuna de este signo llega en avalancha, como la pila de cauries que enterró a las divinidades avariciosas. Recíbala con discreción y por la escalera — desde la cima, poco a poco — o lo aplastará.

Perdiendo, se gana.

La caída fingida de Oshe Meyi le rindió más que todas sus victorias: cien reparaciones de cada reino. A veces retroceder, ceder o «perder» ante el orgullo es la jugada que trae la ganancia — la fuerza bruta nunca cobró nada.

Bañarme en el río me rejuvenece.

El río de Oshún es la medicina del signo: lava las señales de la vejez, la tristeza y el atraso. Cuando la vida pese, vuelva al agua dulce — con su ebbó — y salga renovado, como los Olodù de la zambullida anual.

Más vale la inteligencia que la fuerza.

No espere que los que derrote en la lucha lo recompensen con un regalo.

Lo verdaderamente tuyo nadie te lo puede quitar — pero te lo pueden interrumpir.

El que sabe esperar a que pasen los vendavales siempre estará a salvo.

El que persevera triunfa.

La aurora del día es visible para todos.

El ñame tostado dijo al hombre: si tú me comes, Iku te comerá.

Si el güiro de Osain se menea, la enfermedad se irá.

La palma se cree que por tener algunas pencas es rey.

Un pescado no puede, sin peligro de muerte, insultar a un caimán.

No hay mañana que deje de convertirse en ayer.

Hijo de gato caza ratón.

La aguja lleva al hilo.

La frecuente aprobación consiente al hijo del rico.

Mono ve, mono hace.

El exceso de dulce empalaga.

La aguja sabe lo que cose y el dedal lo que empuja.

Nadie reclama ser pariente de uno sin dinero, pero cuando es rico lo aclaman por padre.

La libertad es la condición más preciada del hombre.

Al que bien amarran no le es fácil soltarse.

Hay placeres que enferman la sangre.

El que sabe esperar recibe su recompensa a tiempo.

Perder para el mundo es ganar para Olorun.

Sangre que corre por las venas.

24 interpretaciones selladas — el texto que traduce cada sentencia a tu vida, en español y en inglés.

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Los patakíes

los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia

LIBRE LA LIBRETA
1El luchador que aprendió a caer ante los reyes

Antes de nacer, Oshe Meyi salió del cielo sin consultar a nadie ni ofrecer sacrificio alguno. Sus padres eran ancianos cuando lo tuvieron, y él vino al mundo con el cabello gris. Siendo niño perdió a ambos. No se dedicó a Ifá ni a ningún oficio bien visto; vivió como luchador ambulante. En combate venció a dieciséis reyes de la tierra, entre ellos el Alara, el Ajero, el Olowo y el soberano de Ado. Aun así, todas las veces regresaba sin ganancia, con lo justo para alimentarse.

Consultó a tres sacerdotes de Ifá. Estos le dijeron que el hambre venía de no cumplir en la tierra la tarea para la que había nacido. También le anunciaron que al final de su recorrido tendría bienestar, siempre que antes ofreciera un sacrificio, y que ese sacrificio correspondía hacerlo en el cielo. Oshe Meyi no les dio crédito: ¿cómo iba a subir al cielo para ofrecerlo? Y es que Eshu tenía cortado entonces el paso entre ambos mundos. Los sacerdotes agregaron que de sus rivales vencidos no debía esperar recompensas. Le recomendaron entregar lo que tuviera a mano a su padre ya fallecido. Oshe Meyi volvió a su casa, mató un gallo como ofrenda a su padre y le suplicó que lo orientara hacia su destino.

En el cielo, el padre acudió ante el ángel que protegía a Oshe Meyi para lamentar que a su hijo le fuera mal en la tierra. El ángel contestó que la causa era su carácter pendenciero. Acordaron entonces tratar de que las bendiciones del cielo fueran a verlo.

Existe una costumbre: cuando amanece y canta el gallo, los bienes de la vida (hijos, paz, riqueza, vivienda, dinero, salud, prosperidad) dejan el cielo para recorrer la tierra, y antes pasan por la sala donde habitan los ángeles que cuidan a cada persona. El padre pasó la noche en casa del ángel. Al amanecer, tras cantar el gallo, los bienes se despidieron de los ángeles y preguntaron si querían mandar algún recado. El ángel de Oshe Meyi les pidió ir a ver a su protegido. Todos contestaron a la vez que no se atrevían, pues los aniquilaría. Le recordaron la fama de pendenciero que tuvo en el cielo y el escándalo que armó antes de huir a la tierra. Dijeron: el bien y el mal solo se encuentran para pelear, y que tampoco se mezclan el calor con el frío ni la luz con la sombra. Mientras él siguiera humillando a quienes podrían ayudarlo, no irían a su casa. Dicho esto, bajaron a la tierra.

Después el padre se echó a llorar al ver sin remedio a su hijo, y rogó otra vez al ángel. Este le confesó que lo había retenido esa noche para que oyera todo con sus propios oídos, y que llevaba años tratando de convencer a esos bienes, siempre sin éxito y por las mismas causas. Como el padre no cedía, el ángel pensó otra manera. Le pidió que volviera a su casa y le aseguró que vería a su hijo en la madrugada siguiente, antes del primer canto. El padre no comprendió esa promesa.

En cuanto el padre salió, el ángel fue donde la Enfermedad, mujer del Rey de la Muerte, con un obsequio de nueces de kola. Ella, como los bienes del cielo, recorre la tierra cada día, aunque no va en persona: la Muerte reparte a sus mensajeros. El ángel la persuadió de que se acercara a su protegido y lo invitara a subir al cielo, alegando que tenía algo importante para él. La anciana prometió llevar el aviso ese mismo día.

Abajo, Oshe Meyi cayó enfermo de repente, cosa inusual, pues nunca se había sentido mal. Al avanzar la noche se agravó y quedó inconsciente. Nadie lo estimaba, así que nadie lo atendió; los que lo hallaron en ese estado hasta se burlaron. Poco antes de la medianoche expiró. Nadie lo supo, porque vivía solo, sin esposa ni hijos.

En el instante en que su vida salió, estaba en el cielo frente a su ángel. El padre ya estaba allí, pues el ángel le había dicho que regresara al anochecer, y entendió lo que aquella promesa significaba. Los dos recibieron a Oshe Meyi antes del alba, y el ángel lo mandó a ocultarse tras un biombo que había dispuesto.

Cuando el gallo cantó, los bienes del cielo pasaron por las casas de los ángeles. Ante la puerta del ángel de Oshe Meyi, este los fue nombrando uno a uno (los hijos, la amistad, la riqueza, la prosperidad, el dinero y los demás) y les suplicó de nuevo que fueran a ver a su protegido, que sufría en la tierra. Ellos contestaron que no cambiaban de parecer según entraran o salieran. Dijeron que el luchador era demasiado rencoroso para recibirlos con respeto y que habían jurado no acercarse a su calle. Agregaron que no visitaban a quien pudiera destruirlos, y que quien tiraba al suelo a reyes, príncipes y divinidades los desharía con los dedos.

Entonces el padre gritó que el hombre del biombo debía oír lo que decían los enviados de la fortuna. Oshe Meyi lo oyó y comprendió que había perseguido metas equivocadas.

Cuando los bienes se marcharon, salió y preguntó cómo proceder a su ángel y a su padre. Le indicaron cumplir el sacrificio que dejó sin hacer al partir de allá: un chivo ofrecido a Eshu, que le limpiaría su cabeza y su espalda con el fin de debilitar su fuerza física y perniciosa. Lo hizo sin demora, pues las cabras que tenía allí se habían multiplicado. Ofreció además a su ángel la vaca más grande para el banquete de la policía celestial. Luego el ángel le señaló un camino especial de regreso. Apenas pisó ese sendero, parpadeó y ya estaba en la tierra, con la conciencia recobrada.

Tres años después ya era un hombre bueno, pero, aunque recordaba con nitidez lo vivido, se dispuso a retomar la lucha. Antes preparó una de sus cabras para su padre, regaló un carnero a su Ifá (la imagen terrenal de su ángel) y celebró una gran fiesta con ellos. Los vecinos no entendían por qué lucía distinto, ya que nadie sabía de sus sacrificios. Entregó además un chivo a Eshu. A los dos días partió rumbo al palacio del Alara. Por la ruta lo detuvo un anciano sacerdote de Ifá, que en realidad era Eshu transformado y resultó ser adivino. Le dijo que iba a un torneo de lucha y que, aunque podía vencer, debía fingir una caída al sujetar a cada rival, y observar lo que pasara, pues no se arrepentiría. La señal sería el grito de lucha: al gritarlo, debía simular que caía.

En el palacio del Alara gritó el grito de lucha y el rey salió. Al trabarse en combate, Oshe Meyi lo arrojó, pero se dejó caer al suelo enseguida, antes de que el soberano le cayera encima. Siguiendo el consejo, no se levantó.

Mientras tanto Eshu desató en el pueblo un desorden jamás visto. Hubo oscuridad total y la tierra tembló. Los gallos empezaron a poner huevos, mientras las gallinas cantaban igual que gallos. Las embarazadas sintieron dolores falsos de parto. Los animales salvajes invadieron el pueblo para comer sin concierto, y los domésticos escaparon al monte.

El Alara, asustado, le suplicó que se levantara. El anciano sacerdote surgió de nuevo y dijo al Alara que un hijo de Orunmila tenía prohibido caer a tierra; para que se pusiera de pie había que aplacarlo con cien hombres fuertes, muchachas solteras, ganado, cabras, aves de corral, sacos de dinero y otros bienes. El Alara no dudó: mandó que cada hogar aportara la reparación. Reunido todo, Oshe Meyi se paró. El anciano hizo un polvo de adivinación y lo lanzó al aire; al instante la claridad, la paz y la calma volvieron y se fueron la oscuridad, el desorden y la confusión. Oshe Meyi ordenó llevar a Ifé, a su casa, a las personas entregadas, y que se empezaran a levantar viviendas nuevas antes de su regreso.

Al otro día se presentó en el palacio del Ajero Kin Osa, y se repitió lo mismo; después visitó al Orágun, al Olowo, al Ooni, al soberano de Ado y a otros, y todos pagaron de modo parecido. Terminada su gira, era un hombre riquísimo: la prosperidad por fin lo había alcanzado.

De ahí viene que se pague en dinero por las adivinaciones. Arrojar el ókpele al suelo recuerda la caída de Oshe Meyi ante los reyes, que debieron indemnizarlo.

Lo que enseña

Vencer a todos por la fuerza, sin dar nada a cambio, deja a la persona sin premio, y la fama de pendenciero aleja los bienes. Cuando Oshe Meyi entendió su error, hizo su sacrificio y aprendió a ceder, y entonces llegó la prosperidad. La fuerza sin discreción no rinde fruto; el cuidado y la mesura sí.

Gallo para el padre difunto

Los sacerdotes de Ifá recomendaron entregar al padre fallecido lo que se pudiera. Oshe Meyi mató un gallo para él y le rogó que lo guiara hacia su destino.

Sacrificio que quedó pendiente

Se entrega un chivo a Eshu, encargado de limpiar la cabeza y también la espalda, con el fin de debilitar la fuerza física y perniciosa. Además, la promesa de la vaca más grande para el banquete de la policía celestial.

Ofrendas al volver a la tierra

Una cabra preparada para el padre, un carnero para su Ifá, la imagen terrenal del ángel de la guarda, y una gran fiesta con ellos. También un chivo para Eshu.

Consejo cuando sale este odu

Para quien recibe este odu, el consejo es que evite actos que lo lleven a exhibir su fuerza. Hay que advertirle que su vida no avanza y seguirá igual mientras no cambie su forma de obrar con más cuidado y discreción en todo.

Nombres de los tres sacerdotes de Ifá que detuvieron a Oshe Meyi en el camino

OSHE KELE, OGBA OGGUN ONUGBAJA OGBA OGOJI EKOJI OTUNLA, OGBA AGRIKPA OBUKO. (Uno que saltó mortal y obtuvo veinte recompensas. Uno que avanzó y obtuvo cuarenta recompensas. Uno que ganó un chivo después de tres días.)

El grito de lucha que Oshe Meyi lanzaba ante cada rey

GDIGBO, GDIGBO (la tonada para un match de lucha)

2La caída que enriquece (nace el pago de la consulta)

Oshe Meyi vivía de luchar. Vencía a reyes, príncipes y deidades, y sin embargo pasaba hambre. Tras una adivinación, los sacerdotes de Ifá le explicaron que su hambre venía de no dedicarse a la tarea para la cual había nacido. Le prometieron prosperidad al término de esa tarea, aunque antes tenía que ofrecer un sacrificio que solo podía hacerse en el Cielo. Oshe Meyi no les dio crédito: ¿cómo iba a subir al Cielo? Además, Eshu había bloqueado entonces la ruta que unía el Cielo con la Tierra. Los sacerdotes añadieron que no esperara recompensas de sus rivales vencidos, y le recomendaron ofrecer lo que estuviera a su alcance a su padre, el último que había acudido en su ayuda. De regreso a su casa, Oshe Meyi sacrificó un gallo para ese padre y le suplicó que lo guiara hacia su destino.

Mientras tanto, el padre, que estaba en el Cielo, se presentó ante el Ángel guardián de Oshe Meyi para quejarse de que en la Tierra a Oshe Meyi no le iba bien. El Ángel contestó que la causa era su carácter belicoso. Entonces ambos acordaron pedir a los bienes del Cielo que fueran a ver a Oshe Meyi.

Según la costumbre, al amanecer, cuando el gallo canta, los bienes de la vida (hijos, paz, riqueza, buen hogar, dinero, salud y prosperidad) dejan el Cielo para ir a quienes puedan acogerlos en la Tierra. Antes pasan por la sala del Cielo donde habitan los ángeles guardianes de todos los terrestres. Aquella noche el padre durmió en casa del Ángel de su hijo. Pasado el canto del gallo, los bienes comunicaron su salida hacia la Tierra y preguntaron si algún guardián les encargaba un recado. El Ángel de Oshe Meyi les rogó visitar a su protegido. Todos respondieron juntos que no se atrevían, pues él acabaría con ellos. Le recordaron cuán belicoso había sido en el Cielo y el alboroto que armó antes de escapar a la Tierra. Afirmaron que el bien y el mal solo se juntan para pelear, igual que no pueden convivir el calor y el frío ni la luz y la sombra. Como Oshe Meyi se empeñaba en atacar y humillar a quienes podían favorecerlo, no irían a su encuentro. Y se marcharon a la Tierra.

Poco después el padre rompió a llorar, desesperado por su hijo, y recurrió de nuevo al Ángel de la Guarda. Este le reveló que lo había alojado esa noche para que presenciara todo lo sucedido desde que Oshe Meyi bajó a la Tierra: llevaba años intentando convencer a los bienes del Cielo, y estos siempre se negaban por los motivos que acababan de oír. Como el padre insistía, el Ángel pensó otro plan. Le pidió regresar a su casa, y le aseguró que antes del canto del gallo del día siguiente vería a su hijo. El padre no captó el sentido de esas palabras.

Apenas se alejó el padre, el Ángel llevó nueces de kola de regalo a Enfermedad, que está casada con el Rey de la Muerte. Enfermedad, igual que los bienes, baja a la Tierra todos los días, aunque no personalmente: la Muerte envía mensajeros errantes. El Ángel la persuadió de que fuera a conocer a su protegido y lo invitara al Cielo, pues quería hacer algo importante en su favor. La anciana prometió cumplir el encargo ese mismo día.

En la Tierra, Oshe Meyi cayó enfermo de pronto, cosa inédita en él. Al avanzar la noche se agravó y quedó inconsciente. Nadie le tenía afecto, de modo que nadie lo cuidó, y algunos hasta se burlaban al hallarlo así. Poco antes de medianoche expiró. Nadie se enteró de su muerte, porque estaba solo, sin esposa ni hijos.

En el mismo instante en que dejó su cuerpo, Oshe Meyi estaba en el Cielo, frente a su Ángel de la Guarda. Allí estaba también su padre, a quien el Ángel había mandado volver a su casa pasado el anochecer, y por fin entendió aquella promesa de ver al hijo antes del canto del gallo. Los dos recibieron a Oshe Meyi antes de que el gallo cantara, y el Ángel le pidió esconderse detrás de un biombo dispuesto de antemano.

Al poco de cantar el gallo, los bienes del Cielo comenzaron su ronda por las casas de los ángeles guardianes. A la entrada de la de Oshe Meyi, el Ángel los nombró uno por uno (hijos, amistad, riqueza, prosperidad, dinero y los demás) y volvió a suplicarles que fueran a ver a Oshe Meyi, que sufría en la Tierra. De nuevo se negaron: lo describieron como un luchador demasiado rencoroso para recibir bien a ninguno; dijeron haber jurado no pisar jamás su calle, no visitar a quien los destruiría, y que quien derribaba reyes, príncipes y deidades en el combate los aplastaría sin esfuerzo.

Entonces el padre exclamó que el hombre escondido tras el biombo tenía que escuchar lo que los enviados de la fortuna decían de él. Oshe Meyi, que estaba oculto allí, comprendió en ese momento que toda su vida había perseguido metas equivocadas.

Pasados los bienes, salió de su escondite y preguntó a su Ángel y a su padre qué debía hacer. Le indicaron que cumpliera el sacrificio omitido antes de salir del Cielo: un chivo para Eshu, que le limpiaría la cabeza y la espalda y así rebajaría su fuerza física y maligna. Lo ofreció sin demora, ya que las cabras que había dejado en el Cielo ahora eran muchísimas. Prometió también al Ángel dar la mayor de las vacas a la policía celestial, para un banquete. Luego el Ángel le señaló una senda especial de regreso. En cuanto puso el pie en ella, abrió los ojos en la Tierra y recuperó la conciencia.

Tres años más tarde estaba sano. Aunque recordaba bien su paso por el Cielo, empezó a preparar otra vez su recorrido de luchas. Antes de salir, preparó una de sus cabras como ofrenda para su padre, entregó un carnero a su Ifá, que representa en la Tierra a su Ángel guardián, y celebró con ellos un gran banquete. Quienes lo conocían se preguntaban qué había mejorado su aspecto, ya que no se sabía de ningún sacrificio suyo. A Eshu también le entregó un chivo. Dos días después se encaminó al palacio del Alara. En el trayecto halló a un anciano sacerdote de Ifá, que era Eshu transformado y resultó ser adivino. Este le dijo que se dirigía a una competencia y que vencería a sus rivales, pero que al apresarlos debía simular una caída al suelo y mirar lo que ocurría, pues no se arrepentiría. Le indicó que lo hiciera tan pronto como lanzara el grito de lucha.

Llegó al palacio del Alara, lanzó el grito de lucha y el Alara salió a su encuentro. Se agarraron, y Oshe Meyi lo derribó, pero se echó al suelo antes de que el rey lo aplastara y no se levantó, tal como el anciano le había indicado.

Eshu, entre tanto, provocó en el pueblo un desorden jamás visto. La oscuridad lo cubrió todo y la tierra se sacudió. Los gallos empezaron a poner huevos y las gallinas a cantar como ellos. Las embarazadas sentían dolores falsos de parto, los animales del monte entraban a comer en el pueblo y los animales domésticos corrían hacia el monte.

El Alara, viendo aquello, suplicó a Oshe Meyi que se levantara. En ese momento el anciano sacerdote surgió de la nada y habló: a un hijo de Orunmila le estaba vedado caer al suelo, y para que se pusiera de pie había que calmarlo con cien hombres fornidos, jóvenes solteras, vacas, cabras, gallos, gallinas, sacos de dinero y otros bienes.

El Alara no dudó: mandó que cada hogar del pueblo aportara lo que se pedía. Con todo reunido, Oshe Meyi se levantó; el anciano preparó un polvo de adivinación y lo esparció soplando al aire. De inmediato regresaron la luz, la paz y la calma, y se fueron la oscuridad y el desorden. Oshe Meyi dispuso que los regalos humanos se enviaran a su casa de Ifé y que allí se levantaran viviendas nuevas antes de su vuelta.

A la mañana siguiente repitió la hazaña en el palacio del Ajero Kin Osa. Igual procedió con el rey de Ado, el Ooni, el Olowo y el Oragun, entre otros, y de todos recibió pagos semejantes. Al terminar su recorrido era un hombre riquísimo: la prosperidad por fin lo había alcanzado.

Así empezó la costumbre de cobrar por las adivinaciones. Cuando se arroja al suelo el okpele, el instrumento de adivinación, se recuerda la caída de Oshe Meyi ante los reyes, que la pagaron con esas compensaciones.

Por eso, cuando Oshe Meyi aparece en una consulta, a quien consulta se le pide abstenerse de actos que lo lleven a exhibir su fuerza. Se le advierte que no avanza en la vida y que no avanzará hasta modificar su manera de actuar, con prudencia y discreción en todas sus tareas.

Lo que enseña

Fingir una caída a tiempo valió más que ganar siempre: Oshe Meyi cambió la fuerza por la discreción y así alcanzó la riqueza. Antes, su carácter belicoso alejaba de él todo lo bueno, y solo la ofrenda a Eshu y a su padre abrió el camino. De aquí viene también la costumbre de cobrar la consulta.

Ofrendas de Oshe Meyi

Antes de partir al Cielo, un gallo para su padre. En el Cielo, un chivo para Eshu, que le lava la cabeza y la espalda, y la mayor de las vacas, para un banquete de la policía celestial. Al volver a la Tierra, una cabra preparada para su padre, un carnero para su Ifá y otro chivo para Eshu.

Consejo cuando sale este odu

A quien consulta se le pide no hacer nada que lo lleve a mostrar su fuerza. Se le dice que no está prosperando y que no lo conseguirá mientras no cambie su forma de proceder, con cuidado y discreción en todo.

Los tres sacerdotes de Ifá que detuvieron a Oshe Meyi en el camino

OSHE KELE, OGBA OGGUN ONUGBAJA OGBA OGOJI EKOJI OTUNLA, OGBA AGRIKPA OBUKO. (Uno que saltó mortal y obtuvo veinte recompensas. Uno que avanzó y obtuvo cuarenta recompensas. Uno que ganó un chivo después de tres días.)

El grito de lucha de Oshe Meyi ante el palacio del Alara

GDIGBO, GDIGBO (la tonada para un match de lucha)

3Ajakadi, el luchador que cayó ante Ogún

En el cielo, Oshe Meyi era uno de los cuatro apóstoles principales de Orunmila. Tenía mucho poder, pero también mala fe. Siendo niño enfrentaba a sus hermanos menores entre sí; así fue como Olugbodo, divinidad de la infancia, quedó lisiado. Ya mayor, su fama se debía a que llevaba disputas a todos los rincones del cielo. Se llamaba Ajakadi.

El día de su nacimiento, su padre preparó unos remedios usando un hacha, además de la cresta de un gallo, y se los incrustó en la cabeza; por eso se volvió un luchador que nadie vencía. Debía llevarle a Eshu, como sacrificio, un chivo acompañado de la columna de una serpiente, para que su fuerza llegara a la madurez. Sin embargo, confiado en su fortaleza, no lo hizo. De ahí que a los hijos de Oshe Meyi se les recomiende no comer carne de serpiente.

Todas las mañanas salía de su casa celestial a desafiar a alguna divinidad a una lucha y siempre resultaba vencedor. Primero derrotó sin esfuerzo a Ogún y después a las demás. El problema era que apenas conseguía alimento, pues las divinidades benévolas de allí le tenían terror.

Su ángel de la guarda, disconforme con esa situación, resolvió debilitarlo para que pudiera progresar. Fue donde Eshu cargando un chivo, más la columna de una serpiente, y le suplicó que sometiera a Ajakadi. Eshu devoró el chivo e ideó una estratagema.

Cuando volvió el torneo anual de lucha del cielo, se juntaron los anfitriones celestiales y las divinidades se acomodaron según su antigüedad. Ajakadi llegó primero, una vez más, esperando que alguien lo retara. Permaneció parado largo rato sin que nadie se atreviera. Por costumbre, si nadie desafiaba al luchador, él mismo elegía a su rival. Apuntó hacia Ogún, la divinidad guerrera, la más antigua y fuerte, y lo retó a la primera pelea.

Ogún no tuvo cómo rechazar el reto. Apenas avanzó hacia la arena, Ajakadi lo sujetó y lo arrojó hacia arriba con todo su empuje. Mientras lo soltaba, Eshu clavó en él su misteriosa mirada y, por milagro, Ajakadi se desplomó en el suelo antes de que Ogún le cayera encima. El propio Ogún no comprendía cómo su rival había sido el primero en caer.

Tendido en la tierra, Ajakadi le rogó a Ogún que acabara con él, cortándole la cabeza con la espada. Se lamentaba de no haber caído antes en un combate, y le era insoportable la vergüenza de levantarse de nuevo. Cuando Ogún desenvainó, Eshu se interpuso: advirtió que quien osara decapitar a Ajakadi desataría una calamidad sin fin que alcanzaría a todo el cielo. Como prueba, sacudió el suelo celestial. El cielo y su tierra empezaron a juntarse y todo quedó a oscuras al instante.

Olodumare notó el desorden y gritó preguntando quién turbaba la paz del cielo. Le informaron que Ogún había hecho caer a Ajakadi, el luchador invicto, durante el torneo anual. Olodumare mandó de inmediato que se aplacara a Ajakadi, pues la calma debía regresar. Eshu habló otra vez: declaró que Ajakadi no podía quedar caído en el suelo y que, para calmarlo, había que entregarle una compensación: doscientos de cada una de estas clases: hombres, mujeres, vacas, cabras, carneros y perros, más doscientas bolsas con dinero y, de lo que cada uno poseyera, doscientos artículos de valor.

La compensación se entregó enseguida, y Eshu le susurró a Ajakadi que la aceptara. En cuanto Ajakadi se incorporó, cielo y tierra regresaron a su sitio, la luz volvió y la calma se extendió de nuevo por los cuatro vientos.

Ya en su casa, con su nueva riqueza, Ajakadi agradeció a Eshu su ayuda con un chivo robusto. Al ángel que lo guardaba le dio la vaca más grande y también la cabra y el carnero más grandes. Entonces Oshe Meyi entendió que su tiempo de luchador en el cielo había terminado y que debía marchar a la Tierra, donde prometió con solemnidad seguir celebrando sus combates.

Lo que enseña

Lo que el ángel guardián entrega a Eshu transforma una derrota en riqueza. Quien se apoya únicamente en su fuerza y descuida el ebbó termina cayendo, y quien acepta esa caída recibe compensación.

Sacrificio a Eshu para madurar la fuerza

Para Eshu, un chivo con la columna de una serpiente, a fin de que la fuerza llegue a su madurez.

Prohibición para los hijos de Oshe Meyi

Se les recomienda no comer serpiente.

Ofrendas de agradecimiento

Un chivo robusto para Eshu. El ángel de la guarda recibe la vaca más grande y también la cabra y el carnero más grandes.

Encantamiento que cantó Ajakadi mientras le lavaban la cabeza

JEBOGBOROGBO NI IKA SHE I OJU ORI / ALAJA LESUN MURE LA JU ORUN / OSIKA ANODI LONI KEYE MIIN MARA / ELEDA MI, JEKIMI BEGBEJO. (La mano es más larga que la cabeza / Cuando es extendida hacia arriba / El arco iris corta el Cielo totalmente / Y no en mitades / Esta es un ave maligna que trata / De prevenir otras aves / Del vuelo en el Cielo / Mi Angel de la Guarda / Me deja prosperar solo con mis contemporáneos.)

4El dinero que venía del cielo — El dinero bajó del cielo como montaña de cauríes y las divinidades corrieron a cavarla: solo uno excavó como debía.
5Akinyele de Iwere (el tesoro bajo el árbol) — Akinyele soñó con un hombre armado cuidando una casa de tesoros sin cuartos: el sueño pedía ser descifrado.
6La mala suerte de Olokose — Olokose salió de gira confiado en su competencia y sin atender a Eshú: en el camino lo esperaba Agufan.
7Olokun y el velo de los Ancianos — Olokun era tan bella que no indagó su destino, y aun así los hombres le temían: el patakí explica el porqué.
8La esposa bruja — Oshe Meyi no sabía que una de sus esposas venía desterrada del cielo: una noche, ella recorrió el mercado.
9El esclavo que tiró el okpele — Un hacendado sorprendió a su esclavo tirando el okpele y lo abofeteó, sin saber lo que el esclavo estaba mirando.
10Las tres zambullidas (vivió más que todos) — En el baño anual de los Olodù, lo que Oshe Meyi sacó del río en tres zambullidas pedía interpretación.
11Oshe Meyi se dedica al arte de Ifá — Rico y retirado de la lucha, Oshe Meyi solo sabía un oficio: el patakí cuenta cómo reunió a los sacerdotes del mundo.
12Un chivo a Eshu salva al hijo terco del rey de Ibadan — El rey de Ibadan tenía un hijo testarudo que vivía en problemas: quien tenga este Odù debe atender la advertencia.
13Shangó consulta el caracol para salvar a Oshún — Oshún estaba muy grave y Oyá corrió a buscar a Shangó: en este camino se tiró por primera vez el caracol.
14La trata de esclavos y el cambio por caracoles — Un barco egipcio echó al agua los caracoles que traía de lastre: lo que vieron los mercaderes cambió la historia.
15Ekute salvó al mundo (se deja el comercio del caracol) — Cuando todos vivían para enriquecerse con caracoles, un ratón se escapó de las manos de Elegba sobre el tablero.
16El sapo y la luciérnaga — El sapo de la laguna de Oshún escupió una noche a una luz que no era lo que parecía.
17La maldición del sapo (la versión de Olofin) — Oshún se lo advirtió al sapo: la envidia acaba con la virtud. Una noche brilló algo entre las cañas bravas.
18El agua envenenada — Un caminante sediento preguntó si el agua del charco podía beberse, y creyó la respuesta: Ifá guarda la advertencia.
19El hombre que muere del estómago — Salió a buscar desenvolvimiento e hizo todo lo que le mandaron, hasta con el agua: ahí estuvo el error.
20Orunmila el luchador y la tripa del príncipe — Orula andaba de luchador y le pidió a Eshu no dejarse tumbar: Eshu entendió la pelea a su manera.
21El camino de los pájaros (el loro y los polvos) — Los pájaros envidiosos soplaron un polvo al loro camino de la fiesta: lo que Olofin sentenció sobre sus plumas lo dice el patakí.
22Oshe Meyi, el hijo de Olofin — Oshe Meyi es hijo de Olofin, y aun así su familia lo demerita: este patakí explica esa herida.
23El concurso de Olofin (el loro ganador) — Camino del concurso de Olofin, el loro perdió la ruta sin saber por qué: alguien lo vio todo desde el camino.
24Orunmila esconde a la hija de Oshún entre las calabazas — Expulsada de su casa por acusaciones falsas, una hija de Oshún halló refugio en una siembra: de ahí viene un eewó.
25El marido celoso y la flecha de Ogún — Los celos tenían presa a la mujer en su propia casa: la rogación de Orunmila la cruzó con Oggún en el camino.
26El hombre y la mona — Perseguido a muerte, un hombre se salvó haciéndose pasar por mono: lo que sintió su protectora complicó el escondite.
27Orunmila acosado por los espíritus Igbín — Espíritus oscuros llevaban tierra de bibijagüero al techo de Orunmila: sus hijos bajaron Ifá para saber quién lo defendía.
28Las abejas, las avispas y los zánganos — Las abejas perdían una guerra que no podían ganar, y Orula les señaló algo: el verdadero enemigo no estaba enfrente.
29Oshún y el ámbar acaban la guerra entre hombres y mujeres — Hubo un tiempo en que hombres y mujeres vivían en guerra: Olofin repartió la tarea entre Orunmila y Oshún.
30El palacio de cristal de Ewa Inle Kolepo — Ewa Inle Kolepo desairó a Eshu Alawana en el camino, sin saber quién le había hecho el daño mayor.
31Shangó y Oshún, cuatro casas hasta la victoria — Un vendaval, un hacha, los caníbales y una serpiente: la casa de Oshún y Shangó parecía imposible.
32La trampa del ñame contra el jabalí de Igbadan — El jabalí mataba cada noche a los hijos de Igbadan: la medicina que marcó el Awó trabajaba de noche, como el enemigo.
33Erubba olvida su deuda con Iroko — Erubba le prometió un carnero a Iroko a cambio de un hijo, y el hijo llegó: la promesa quedó en el aire.
34Olurombi y la promesa a Iroko — Olurombi pidió un hijo a Iroko y prometió a cambio algo impensable: el niño creció escuchando.
35El olor de la cucaracha — Orula le mandó ebbó a la cucaracha por su olor peculiar: el patakí explica por qué aún se la persigue.
36Elegba se alimentaba en los basureros (la sortija del rey) — La sortija del reinado cayó del lavamanos al basurero, y alguien la encontró: todo un pueblo confundió al que la llevaba.
37El saco de sobras que le dio el trono a Oshe Meyi — Olofin mandó de viaje a los Orishas: el trono sería de quien recibiera ciertos honores. Oshe Meyi guardaba un saco.
38Yemayá descubre a Oshún disfrazada — Cada hijo que tenía, Oshún se lo dejaba a Yemayá y volvía disfrazada: hasta que alguien habló.
39Oshún vendida en subasta pública — A Oshún la vendían ultrajada en la plaza cuando un anciano ofreció lo que nadie podía: la prisa tuvo consecuencias.
40Oluo Popo y su sobrina — Oluo Popo gastó todo en fiestas y cruzó un límite en casa de Naná Burukú: dos castigos salieron de una boca.
41Las amazonas (nacen los perfumes) — Los hombres y las mujeres vivían en tierras separadas: Orunmila mandó a Oshún con un solo recurso envuelto en miel.
42Los que vendieron a sus hermanos a los blancos — Shangó advirtió a los negros que no trataran con los blancos: este patakí cuenta cómo nació el grillete.
43Oluo Popo engaña a Ikú y Orunmila vence al rey luchador — Ikú venía de camino y Oluo Popo preparó el recibimiento; Orula, sin nada, aceptó pelear con un rey gladiador.
44La batalla con Ikú (el gladiador de la trenza) — Ikú sujetaba a sus víctimas por el pelo, y el gladiador lucía una larga trenza: Orunmila le habló de su orí.
45Las malas compañías (la marrana) — La marrana desoyó el consejo de cuidar a sus hijos y salía de noche: un perro que no era perro la vio.
46La perseverancia es madre del logro (los pájaros carpinteros) — Cuatro árboles, cuatro desgracias: la pareja de pájaros carpinteros no lograba familia, hasta que pasó por casa de Orunmila.
47El ladrón y el colmenero — El colmenero cantaba bajito dónde escondía sus monedas, y alguien escuchaba: recuperarlas exigió una canción más.
48El pastor y el escarabajo — El pastor no sacrificó: ¿qué daño podía hacerle un escarabajo? El patakí responde desde lo alto de la cuesta.
49El ratoncito que se ganó el respeto — El ratón estaba cansado de vivir escondido: al amanecer siguiente se acercó al animal más grande del campo.

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Preguntas frecuentes

sobre Oshe Meyi

LIBRE

¿Qué significa el Odù Oshe Meyi en Ifá?

El luchador que aprendió a caer: perdiendo, se gana — y el dinero buscado con avaricia sirve para el propio entierro.

¿Qué número es Oshe Meyi entre los 256 Odù de Ifá?

Oshe Meyi es el Odù número 15 de los 256 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Oshe.

¿Qué orishas hablan en Oshe Meyi?

En el Odù Oshe Meyi hablan Oshún, Orunmila, Eshú, Elegbá, Shangó, Obbatalá, Yemayá, Eggún, Oluo Popo (San Lázaro) y Olofin.

¿Cuál es un refrán del Odù Oshe Meyi?

Uno de los refranes de Oshe Meyi dice: «Del cielo me cae dinero, y si no tengo cautela, me sepultará».

¿Qué incluye La Libreta?

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La familia de Oshe

los 16 caminos

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