Al frente de la tierra Oshé Baralanube estaba Awó Oshé Omó Oshenifá, omó Oshé Bara y también omó Shangó. Hombre de gran inteligencia, no dejaba de estudiar ni de día ni de noche los secretos de aquella tierra, que eran Orun. Shangó le reclamaba ese desvelo, porque de noche andaban sueltos todos los Egun de esa tierra: se juntaban en sus reuniones y se arrimaban a cualquier luz encendida, con Eshu Atokun por guía.
Cada vez que iba a estudiar, Awó Oshé Omó Oshenifá prendía 3 itaná a Orun, se ponía de rodillas y lo invocaba así: «Orun Agba Iku, Ara Orun, Osha Egun, Elegbe Orun Oshe Omo Oshenifa Ipori Odara Bi Awo». Terminado el estudio lo vencía el sueño, y a su lado se juntaban todos los Egun. Vinieron tantos que la cabeza se le fue enturbiando; con el tiempo perdía la memoria y no hacía más que preguntarse por qué se le borraba lo aprendido.
Llegó un día a esa tierra su hermano Awó Obebeye, omó Shangó, y pasó a verlo. Lo halló desesperado, sin poder recordar nada. Le hizo Osode: salió Oshé Baralanube, y ahí apareció Eshu encabezando la procesión de todos los Egun. Awó Obebeye llamó entonces a Shangó con este canto: «Shango Baba Ile Konileo Orun, Awo Oshe Omo Oshenifa Awo Shubu, Onifa Olokore Ifa Ori Awo Sodide». Shangó acudió, tomó seso vegetal y se lo colocó en la cabeza a Awó Oshé Omó Oshenifá.
Con un jio jio y una eyelé, Awó Obebeye se apostó en la puerta de la casa. Justo entonces llegaban todos los Egun con Eshu al frente. Puso una cadena y les fue dando de comer el jio jio y la eyelé por fuera de la puerta mientras decía este rezo: «Oyekun Egun Iku, Orun Obayeru Aya, Lewa Oni Oshe Ewa, Obani Egun Iku Olorun Olordumare». Comieron todos los Egun; a Eshu, en cuanto vio la sangre de la eyelé, le entró miedo y salió corriendo.
Después Awó Obebeye le hizo oparaldo a su hermano con el osiadié y en seguida le hizo ebbó, con lo que Awó Oshé Omó Oshenifá fue mejorando. Shangó le dijo a Awó Obebeye: «Quédate con él 7 días para cuidarlo y que no trabaje». Cumplidos los 7 días la memoria estaba de vuelta, y Shangó le dijo: «No puedes estudiar ni trabajar más de noche, para que Egun no te entorpezca, y siempre tienes que darme de comer a mí, que soy el poder, junto con Orun, un akukó para que todo salga bien. Además, de vez en cuando dales jio jio y eyelé a todos los Egun en la puerta, para que no te molesten. Y siempre llama a Awó Obebeye para que trabaje contigo y te ayude: así él mirará por ti, tendrás la bendición de Orun y podrás vivir sin problemas en la Tierra».
Notas: la materia gris se fue del cerebro. El Awó de este signo debe llamar cada cierto tiempo a otro Awó, que mire por él y le haga ebbó. Se habla de sueños raros por influencia de un Egun ermitaño.