Patakíes · Los caminos del Odù
1Cuando los afeminados salvaron a Orunmila
Inle gobernaba la tierra de los homosexuales (adodi y alakuatas) y mandó a buscar a Orunmila. En cada tierra del camino le insistían para que se quedara, y al saber que iba a la tierra de Inle Abata le negaban toda ayuda: se le agotaron los comestibles y comenzó a pasar trabajo. Al llegar, agotado, cayó desmayado al río desde el puente. Un grupo de adodi lo vio: por el collar del cuello reconocieron que era Orunmila, a quien Inle Abata esperaba. Unos avisaron a Inle Abata; otros lo sacaron del fango, lo bañaron, lo vistieron de limpio y le dieron alimento. Cuando Inle Abata llegó, Orunmila ya estaba restablecido gracias a quienes lo auxiliaron. No desprecie a nadie, ni aun a los que tengan algún defecto físico o moral: no se sabe quién será mañana quien lo socorra.
Inle gobernaba la tierra de los homosexuales (adodi y alakuatas), y una vez mandó a buscar a Orunmila, quien se preparó para el viaje a tan lejana tierra. Cada vez que llegaba a una tierra, sus pobladores le insistían para que se quedara en la misma, y cuando se enteraban de que Orunmila se dirigía a la tierra de Inle Abata, le negaban todo tipo de ayuda; por consiguiente, se le fueron agotando los comestibles que llevaba en su saco (apó) y comenzó a pasar trabajo.
Cuando Orunmila llegó a la tierra de Inle Abata estaba muy agotado y desmejorado, y cuando cruzaba el puente sobre el río que daba paso a la casa de Inle Abata, cayó desmayado al río.
En ese estado fue visto por un grupo de afeminados (adodi), y entre ellos se dijeron: «Ha caído un viajero al río». Entonces uno de ellos dijo: «¿No ven que ha caído un hombre al río?», y otro replicó: «¿Quién podrá ser? Pues nadie desea visitarnos». Ellos llegaron hasta el río y vieron a un hombre tendido en el fango, y por el collar que llevaba al cuello se dieron cuenta de que era Orunmila, a quien Inle Abata estaba esperando. Algunos de ellos fueron a avisarle a Inle Abata, y otros sacaron a Orunmila del fango, lo bañaron, lo vistieron de limpio y le dieron alimento.
Cuando Inle Abata llegó ante Orunmila, ya estaba restablecido y vestido de limpio, gracias a aquellas personas que lo habían auxiliado.
Nota: no desprecie a nadie, ni aun a los que tengan algún defecto físico o moral; considérelos y respételos como a los demás, siempre que guarden una buena postura en su casa — porque usted no sabe quién será en el mañana quien lo socorra: si un gavilán, una paloma o un pájaro.
2Cuando Yemayá, abochornada, se retiró para el monte
Yemayá vivía con Shangó, que tenía a Oyá de amante; las brujerías que Oyá le enviaba las recogía Shangó, y se dio a la bebida. En una borrachera hizo ofikale trupon con Yemayá a la fuerza, en plena calle y a la vista de todos: abochornada, se fue a vivir al monte, donde encontró una piedra de rayo que neutralizaba las enviaciones de Oyá. Vivió siete años sola y tranquila, y luego se juntó con Ogún, que guerreaba con Shangó sin poder ganar: le prestó la piedra de rayo para su caldero, y desde entonces a Ogún todo le salía bien — y se empecinó en la guerra, olvidándose de Yemayá. Ella le exigió la piedra; él se negó, y al final la golpeó. Abochornada y desilusionada de los hombres, se retiró a vivir sola en su casa del monte — donde un día se ahorcó. Aquí la mujer vive desilusionada de los hombres y puede llegar hasta matarse: se debe recibir a Orunmila para la tranquilidad matrimonial.
Yemayá vivía con Shangó, pero él tenía a Oyá de amante, y a causa de los trabajos de brujería (ogú) que Oyá le enviaba — que Shangó era quien los recogía —, a este le dio por darse a la bebida.
En una borrachera se encontró con Yemayá en la calle e hizo ofikale trupon con ella a la fuerza, en plena calle y a la vista de todos. Yemayá, abochornada, se fue a vivir al monte; allí se encontró una piedra de rayo (odu-ará) y la guardó. A los pocos días comprendió que aquella piedra neutralizaba las enviaciones de Oyá, porque se sentía despojada mentalmente y con una tranquilidad que desde hacía mucho tiempo no disfrutaba.
Pasaron siete años que Yemayá vivió sola y tranquila, y al cabo de los mismos se juntó con Ogún, que mantenía una fuerte guerra con Shangó, pero que a pesar de su fuerza no lograba ganarla. Ogún sabía que a su caldero le faltaba algo fundamental, pero ignoraba qué era. Un día Yemayá le prestó a Ogún la piedra de rayo para que la pusiera unos días en el caldero. A los pocos días, Ogún se dio cuenta de que desde que puso la piedra de rayo en su caldero sus cosas le salían bien, y se empecinó en la guerra con Shangó, olvidándose de Yemayá.
Yemayá, al verse abandonada por Ogún, le exigió que le devolviera la piedra de rayo si era que él no se iba a ocupar más de ella, pero Ogún no se la devolvió. Oyá, que continuaba con sus brujerías contra Yemayá, desde que esta le dio su piedra de rayo a Ogún, la hizo empezar a sentirse mal de nuevo, y en poco tiempo se sentía igual o peor que antes de tener la piedra.
Yemayá volvió a exigirle a Ogún que le devolviera la piedra de rayo, y él se negó, por lo que surgió una discusión entre ellos, y al final Ogún la golpeó. Abochornada y desilusionada de los hombres, se retiró a vivir sola en su casa del monte, donde un día se ahorcó.
Nota: aquí la mujer vive desilusionada de los hombres y puede llegar hasta matarse. Se deberá recibir a Orunmila para la tranquilidad matrimonial.
3La curiosidad cuesta la vida
Una familia de agricultores humildes prosperaba con sus siembras y su estanque de jicoteas, cuya agua servía para quitar lo maléfico. Oba Niem, envidioso, pensó que su poder estaba en el estanque: regó la calumnia de que el agricultor hacía brujería, y le dio al hijo del agricultor un polvito de semilla de salvadera — «para mantener el agua clara» —, y el muchacho, en su nobleza, lo echó al estanque: todas las jicoteas murieron envenenadas. El agricultor fue donde Orunmila: ebbó con gallo, jicotea, semillas de salvadera y el agua envenenada, echado en la finca del enemigo. Llovió, el veneno se regó por los surcos de Oba Niem: el melón y el maíz se secaron, su caballo bebió y murió — y Oba Niem, curioso, bebió del agua diciendo «esta agua no tiene nada», siguió bebiendo, y murió envenenado. No levante el arma para nadie, que le puede caer encima.
Había una familia de agricultores muy trabajadores: un matrimonio con dos hijos, una hembra y un varón. Eran muy humildes y se dedicaban a sembrar frutos diversos, para su consumo, y lo que sobraba lo vendían. Esta familia tenía un estanque con un criadero de jicoteas, y vendían y regalaban al que lo necesitaba; además, el agua les servía para quitar lo maléfico que hubiera — lo mismo para bañarse que para limpiar la casa.
Oba Niem veía cómo todos los días iban siete u ocho personas a comprarle al agricultor, más los otros que entraban y salían para que les regalaran algunas viandas; y al que pasaba por la hacienda le preguntaba cuánto le había costado la yuca y el tomate. Al ver que vendía tan barato, a Oba Niem le entró la envidia y el egoísmo, porque se puso a pensar que ellos lo podían destruir y ponerlo en la miseria, y determinó eliminarlos. Llegó a pensar que el poder de los agricultores se debía al estanque de las jicoteas, y empezó a decirles a todos que el agricultor les hacía brujería para que le compraran, haciéndoles además mala propaganda a sus productos. La hacienda de Oba Niem era grande; sin embargo, la gente no iba a su casa y sus negocios no le iban como los del vecino agricultor, siendo este más pobre. Oba Niem solo sembraba maíz y melón.
Los vecinos agricultores tenían un gallo que se paraba en el tejado y no tenía hora para cantar: cuando el agricultor se ponía a recoger su cosecha, el gallo vigilaba, y cuando veía la presencia de algún enemigo, le avisaba a su dueño — y así no les daban tiempo a los enemigos de ver el desenvolvimiento de la cosecha para hacerle malas propagandas al venderla. Eran tantas las demandas de la gente por sus productos, que se vieron obligados a sembrar más, y por lo tanto a trabajar más — y así les llegó la prosperidad y se hicieron ricos.
Un día el agricultor mandó a su hijo a un mandado, y este se encontró con Oba Niem, que le dio un polvito de semilla de salvadera y le dijo que lo echara en el estanque de las jicoteas. El muchacho le preguntó para qué servía, y el hombre le dijo: «Eso es para mantener el agua clara». El muchacho, en su nobleza, lo echó en el estanque, y todas las jicoteas murieron envenenadas.
El padre, al ver al otro día todas las jicoteas muertas, fue a casa de Orunmila. Este le hizo osode, le vio este Odù y le dijo: «Tienes que hacer ebbó con un gallo, una jicotea, semillas de salvadera y el agua del estanque que está envenenada». El hombre hizo el ebbó, y entonces Orunmila le mandó echarlo en la finca de su enemigo.
La finca de Oba Niem tenía zanjas, y al llover, el agua se desbordó y el veneno se regó por todos los surcos: las matas de melón y de maíz se secaron. El caballo tomó agua y también se murió — y esto despertó curiosidad en Oba Niem, el cual bebió del agua y dijo: «Esta agua no tiene nada», y siguió bebiendo, y murió envenenado.
Nota: este Odù predice que no levante el arma para nadie, que le puede caer encima.
4La jicotea que espiaba a Obatalá🔒 Babalawo
5Cuando el engaño y la calumnia destruyeron la felicidad🔒 Babalawo
6La guerra del ano y la cabeza🔒 Babalawo
7Se le adivinó a una mujer para tener hijo🔒 Babalawo
8Se adivinó para la piel de un animal🔒 Babalawo
9La traición de Agana-Eri, la hija de Olokun, a sus hermanas🔒 Babalawo
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