Una mujer de gran belleza tenía muchos hijos. Su favorita, Afokoyeri, era la más bella y no daba entrada a ningún pretendiente. Ashikuelu, un ser que habitaba en la oscuridad, en lo hondo de la tierra, estaba perdidamente enamorado de ella. Veía únicamente por el resplandor de los minerales. De tarde en tarde se asomaba al mundo por la entrada de su cueva, cuando sus hijos le traían una chiva para alimentarlo, mientras sus cantos ensombrecían el cielo.
Al ver a Afokoyeri se enamoró, pero entendió que su aspecto espantoso le impediría acercarse. Recurrió entonces a la magia para quedarse con ella.
Paseando por el campo, Afokoyeri descubrió una hermosa planta de calabaza. Esa fruta era su predilecta, pues ella y su madre solo se alimentaban de semillas y frutos. Se acercó a cortarla y notó que el tallo se extendía hasta la entrada de una cueva. Entonces Ashikuelu salió de las profundidades, oscureció el cielo y, sin darle ocasión de reaccionar, la sujetó de la mano y la hundió con él en las profundidades.
Cuando su madre, Inle Oguere, supo lo ocurrido, quedó alterada y fue de hechicero en hechicero buscando uno que pudiera ayudarla. Sabía del renombre de Orunmila y decidió visitarlo. En el osode apareció este odu, y él le explicó que la joven había nacido para vivir en la oscuridad, porque los seres humanos no alcanzaban a entender lo grande de la vida. Debía hacer un ebbó, alimentar a Ashikuelu junto a una cueva, llamarlo y negociar con él cuando saliera. Ella obedeció. Al aparecer Ashikuelu, le sirvió la comida junto a una calabaza, y él la saludó con moforibale. Luego le concedió que Afokoyeri pasara la mitad del año con ella y la otra mitad con él. Le explicó que ella era la superficie de la tierra, donde la luz hace florecer todo, mientras que él era la sombra de la tierra, donde en medio de la oscuridad germinan las semillas.
Olofin, que lo había escuchado todo, nombró a Inle Oguere la Madre Tierra, encargada de dar siempre a los hombres el fruto que los mantiene vivos. Dispuso que todos le ofrecieran su alimento y que quien quisiera verla la reconociera, junto con su hija, tanto en los sembrados arados como en los sumideros naturales, en cada fruto y cada mineral, en la superficie y en lo profundo de la tierra. Sería una madre cariñosa que da ánimo y, al final, el lugar de descanso de sus hijos. Trabajaría y comería junto a Ashikuelu y Afokoyeri, sus hijos queridos, y junto a Yewá, Osain, Azojuano, Oduduwa, Orun y el propio Olofin. Además conservaría el recuerdo de todos los que habitaron la tierra, y el alimento de Egun siempre tendría que pasar por ella, porque esa era su misión como Madre Tierra, honrada por todos sus hijos.
Por haber dejado los placeres del mundo para acompañar a Afokoyeri en la oscuridad, Inle Oguere recibió de Olofin ese título como premio a su entrega.
Esta historia muestra cuánto sacrifica una madre, que sigue protegiendo a sus hijos aun cuando ya murió. Muestra además el roce de la madre que no ve con buenos ojos la boda de un hijo: en el fondo se resiste porque cree que nadie lo querrá como ella. Aunque el yerno o la nuera le disgusten, acaba aceptándolos para no causar infelicidad a su hijo.
Una gallina, un gallo y palomas. Un muñeco obini y un apoti. Tela blanca y tela negra. Una calabaza. Tierra de un hueco y tierra de un sembrado. Alimentos de todo tipo. Bastante dinero.
Este camino incluye un inshé de la Madre Tierra, Inle Oguere, y del espíritu de su hija Afokoyeri, que sirve para darles de comer y ganar su favor. La preparación completa está en el tratado completo.
ADIFAFUN ETITE IYA INLE OGUERE AFOKOYERI ASHUKUELU LAWA IYA LELE EGUN OYOMBELE AKUKO OUMBO WA NI OMO OBIRIN OKE IYA OSHA NI ELUYERE OROIÑA BIWO OSHE BURUKU ASHIKUELU ORUN BAWAO IKU EÑELE NI EGUN IMALE BURUKU LODE IYA INLE OGUERE KAFEREFUN EGUN.
To Iban Eshu