Osa Fun se llamaba Awó Obayire y tenía cinco hermanos, cada uno con su forma secreta de vivir, protegidos de Ikú por Osain. Por la mala situación se separó de sus hermanos y fue al campo, a la tierra Obatiguele, cantando. Osain se le presentó y le trajo a Orishaoko: «te voy a ayudar, pero conmigo anda Ikú; te daré trabajo por un tiempo, para que cuando llegues donde tus hermanos, ellos te ayuden». Obayire trabajaba sin descanso, cantándole a Orishaoko. Un día este le mandó buscar un güiro grande, limpiarse con siempreviva y bleo blanco, llamar a Olokun, echarle leche de vaca, cascarilla, manteca de cacao y aguardiente, marcar Osa Fun con osun — y traerle dieciséis velas, ocho palomas y un jio jio. Al pie de la ceiba, Orishaoko lo limpió con el pollón y se lo dio a Ikú en un hueco, lo limpió con las palomas matándolas una a una mientras cantaba los dieciséis Meyis, y le dio sangre a su cabeza. «Puedes marcharte a tu tierra: vas a encontrar trabajo, tranquilidad y desenvolvimiento» — y le dio ropa, una campanita para tocar en el camino, un porrón de aguardiente y dos gallinas para Orunmila. Al llegar a su pueblo encontró todo lo dicho: trabajo, suerte y tranquilidad.
En este camino, Osa Fun se llamaba Awó Obayire; tenía cinco hermanos, y cada uno practicaba su forma secreta para vivir, porque Osain los protegía de Ikú. Pero Awó Obayire, debido a la mala situación que tenía, se separó de sus hermanos y fue a vivir al campo, a la tierra Obatiguele. Cuando llegó se puso a cantar: «Osa Fun quilofa Orishaoko, Osa mefun aquiloda».
Cuando cantaba se presentó Osain, quien le preguntó lo que le pasaba. Al terminar, Osain le dijo: «Te voy a presentar a un hombre que se llama Orishaoko, para que te ayude», y empezó a llamarlo cantando: «Komo rigue Orishaoko agua dideo afe Awo aye umbo okumbo». Este se presentó ante Osain y Obayire, y les preguntó lo que querían. Ellos le dieron moforibale y le contaron lo que Obayire estaba pasando. Orishaoko dijo: «No te asustes, te voy a ayudar; pero conmigo anda Ikú. Te voy a dar trabajo durante un tiempo nada más, para que cuando llegues adonde están tus hermanos, ellos te ayuden». Obayire le besó las manos a Orishaoko, y este a su vez le echó la bendición.
Cuando Obayire trabajaba, no descansaba, y siempre cantaba: «Orishaoko dideo Awo Baba dideo obanire Awo Orishaoko». Orishaoko, que lo oía, se ponía contento y se decía: «Tengo que ayudar a Awó Obayire». Un día, Orishaoko le dijo: «Mañana, antes de que salga el sol, tienes que buscarme un güiro grande; te limpias con siempreviva y bleo blanco, echas las ripias dentro del güiro y llamas a Olokun; échale leche de vaca, cascarilla, manteca de cacao y aguardiente; coges osun naború, marcas Osa Fun y lo echas dentro del güiro. Además, tienes que traerme dieciséis velas, ocho palomas y un jio jio — lo demás lo pongo yo».
Obayire salió enseguida, buscó todo, y por la madrugada fue a encontrarse con Orishaoko, que estaba al pie de una mata de ceiba. Él tenía puesto su secreto al pie de la ceiba y había pintado Osa Fun con cascarilla y arena; puso el coco en el medio del güiro, en un gajo de la ceiba puso las dieciséis velas, limpió a Obayire con el pollón y se lo dio a Ikú en un hueco; lo limpió con las palomas y las fue matando mientras cantaba: «Baba Olofin ereliye Baba Ejiogbe ereliye…», hasta llegar a los dieciséis Meyis. Le dio sangre a la cabeza de Awó Obayire y le dijo: «Tienes que esperar a que terminen las velas para enterrarlo todo».
Terminada la ceremonia, Orishaoko le dijo: «Te puedes marchar a tu tierra: vas a encontrar trabajo, tranquilidad y desenvolvimiento». Acto seguido, Orishaoko le dio ropa, con la siguiente orientación: «Coges por este camino, que te llevará a tu pueblo». Le entregó una campanita para que la tocara durante el camino, un porrón de aguardiente y dos gallinas para que se las llevara a Orunmila.
Cuando llegó a su pueblo, encontró todo lo que Orishaoko le había dicho: trabajo, suerte y tranquilidad.