Osa Meyi es el Odù número 10 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Osa. En los tratados aparece también como Ọ̀sá Méjì u Osa Meji. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 40 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 15 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREOsa Meyi, que también se conoce como Osa Meji, es el reino de los espíritus y su nombre quiere decir aire. Este signo trajo al mundo el sol y las estrellas, el comercio, la costumbre de saludarse y el momento en que el orisha monta a su hijo; aquí nacieron el Opa Oreré, el Adá Osha y la ofrenda con que se calma a los Ancianos de la Noche. Su decreto es de viento: este signo le da dinero, pero la pobreza lo persigue, y usted puede tenerlo todo y perderlo todo. Aun así, usted sobrevive a sus hermanos y resiste los golpes de la vida.
La suerte le da vueltas. Por un viaje le llega dinero, quizá una herencia que ya estaba destinada para usted, y alguien que lo aprecia desde lejos lo ayuda a prosperar. Viaja mucho, y es buen jefe al frente de negocios ajenos. Si es hombre blanco, este signo le aconseja hacer sacrificio para crear, inventar y lograr grandes metas, y ser respetado en todas partes. Antes de la gran suerte vendrán tres contratiempos: no proteste y guarde la calma. Reciba a su Ori, atienda a Shangó, que le da fuerza contra sus enemigos, y cuando la pena le pese, vaya al mar y desahóguese con Yemayá sin pedirle nada.
«El año en que todos lo daban por muerto era el año de su prosperidad.»El pulso de Osa Meyi
Este signo avisa que su peor enemigo puede estar en su propia familia: hay traición, falsedad y envidia, y también riesgo de prisión. Las brujas lo perturban en sueños, y sus muchos enemigos no lo dejan avanzar. No coma lo que cocine cualquiera, porque pueden envenenarlo. Usted se mete en lo ajeno y no oye consejos; aquí se ve la muerte por soberbia o por una herida de cuchillo. Si prospera, no se llene de vanidad ni mire a nadie desde arriba, porque lo perdería todo de un día a otro y podría terminar preso.
En el amor, la mujer de este signo puede morir por su coquetería, y tendrá o ha tenido tres maridos; uno de ellos, del campo y de buena posición, se pierde por celos. El hombre que tiene dos mujeres pierde a una, y puede ser la buena: este signo aconseja una sola pareja. No se apure en casarse, porque en esa prisa arriesga la vida. En el trabajo le cuesta concentrarse: organícese para prosperar.
En la salud, usted pasa con facilidad de estar sano a caer enfermo. Cuide la sangre, porque aquí se ven la diabetes y la leucemia, y también la tuberculosis, las defensas bajas, la artritis, el reuma y la parálisis, la garganta, el pecho y el estómago. Proteja sus ojos de golpes y de objetos extraños, que puede quedar ciego. La mujer puede sufrir pólipos en el útero y parásitos que le impiden quedar embarazada.
El signo en una fraseNo coma de manos extrañas, no le niegue a Eshú su chivo y no se envanezca al subir — que al viento de Osa nadie lo alcanza, y en cualquier país será rey.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAEewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No comer manteca de corojo.El carnero se la comió y se le formó un bulto en el estómago, del que murió.
No comer palomas.Las palomas le causaron enfermedad a Shangó, y desde aquel momento Ogue las come en su lugar.
No comer comida cocinada por personas extrañas.Puede morir por algo que le echen: póngasela antes a Eshú, pidiendo que lo malo se vuelva contra quien se lo desea.
No negarle nunca a Eshú su chivo.Quien se lo niega tropieza con todo tipo de dificultades, como le pasó a Osa Meyi en el pueblo de las brujas.
No volverse vanidoso al prosperar ni tratar a nadie con superioridad.Puede perderlo todo de un día para otro y terminar ante los tribunales.
No confabularse con nadie.En las confabulaciones de este signo, siempre pierde usted.
No apresurarse en buscar pareja o casarse.En el desenfreno de esa búsqueda está en juego su vida.
No ser terco ante los consejos, aunque vengan de niños.Por prepotencia puede perder un bien; escuche a quien le aconseja por su bien.
No quejarse de su suerte.Aunque haya obstáculos, logrará prosperar; quejarse ahuyenta el auxilio que está por llegar.
No exponerse a hincadas ni objetos extraños en la vista.El signo marca el peligro de quedar ciego.
Iré y osogbo LIBRE
Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.
Le llega dinero, y en un viaje puede recibir una herencia que estaba prevista para él.
Aunque haya obstáculos, prospera gracias a alguien que lo aprecia y vive lejos.
Vive más que sus hermanos y sobrevive a los golpes de la vida.
Este signo da dinero, pero la pobreza lo persigue: como el viento, lo tiene todo y lo pierde todo.
Sufre cambios sorpresivos en el trabajo y en las relaciones personales.
Tiene enemigos que planean hacerle daño y que no lo dejan prosperar, y con tantos el peligro de muerte lo amenaza.
52 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.
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los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia
LIBRE LA LIBRETA1El nacimiento de Osa Meyi
Osa Meyi escapaba de Iyami Oshooronga cuando entró en el vientre de la primera mujer que halló. No sabía que escapaba de un riesgo para caer en uno mayor, pues la futura madre formaba parte del culto de la hechicería. Su llegada tenía un fin: salvar al marido de esa mujer, a quien ella ya preparaba como ofrenda para los Ancianos de la Noche.
Tras nacer, el niño lloraba siempre muy entrada la noche, sin que nadie entendiera la razón. El padre, que no era iniciado, ignoraba todo, y ambos padres se levantaban a calmarlo. Solo la madre sabía el motivo: con su llanto, el niño detenía el rito que se hacía contra su padre, destinado a ser el alimento de una reunión de hechiceros. Esto duró hasta que aprendió a hablar. Entonces dejó de llorar y gritaba el nombre Iyami Oshooronga, lo que despertaba a la madre de inmediato y la sacaba de golpe de la ceremonia nocturna donde se sacrificaba al esposo. Eso se repetía cada semana, siempre el mismo día.
Cierta noche, los hechiceros pidieron cuentas a la madre: querían saber por qué abandonaba de repente la reunión cada vez que rezaba con el chivo. (Ella convertía a su esposo en chivo antes de intentar matarlo, porque los hechiceros no mataban a una persona sin transformarla antes en animal.) La madre contó que, justo en esos momentos, su hijo gritaba el nombre de la madre hechicera. Le mandaron presentarse con el niño a la próxima reunión, una asamblea general con banquete. Todos los hechiceros habían reunido dinero para servir sus cabezas esa noche.
Llegado el día, se sirvió la cabeza de cada integrante, una tras otra. Cuando le tocó a Osa Meyi, también le sirvieron la suya, pero él no probó el chivo: no había aportado para comprarlo, y tampoco estaba iniciado en el culto.
Al amanecer del otro día, Osa Meyi se levantó y recomendó a su padre servir su cabeza con un chivo, apoyándose en un sueño suyo. Le dijo que así sanaría de su larga enfermedad. El padre le hizo caso y compró el chivo. Cuando se hizo el sacrificio, Osa Meyi pidió a su madre una olla de barro abierta y bastante aceite. Juntó piezas del chivo y la carne sobrante, y lo puso todo en la olla y agregó aceite, sal y tierra del suelo (hoy se representa con el polvo de adivinar). Después llevó la olla al incinerador. Así nació la primera ofrenda humana dirigida a esos Ancianos, y de ahí se aprendió la manera de ofrendarles hasta hoy. Luego todos se fueron a dormir; al otro día la madre ya no despertó, mientras que el padre quedó sano.
Al morir la madre, Osa Meyi comprendió lo ocurrido, y más tarde dijo a su padre que ella había causado su enfermedad, y le contó que la veía en sueños.
Por eso algunos sacerdotes de Ifá lo consideran brujo, aunque no lo fue nunca. Desde entonces lo respetaron, y quien quería servir su cabeza lo invitaba a hacer el sacrificio. Pudo asistir a reuniones de brujas desde que su madre le tocó la cabeza con la vara y así lo llevó consigo. Pero no le era posible comer con ellas, pues carecía de la iniciación formal. Hasta hoy, un principiante puede reunirse con brujas mediante preparativos semejantes sin iniciarse formalmente en su culto.
2Iyami Oshooronga en el estómago
Antes de nacer, a Osa Meyi le aconsejaron hacer sacrificios, pues iba a ejercer el arte de Ifá entre hechiceros: un chivo para Eshu, una guinea para su Ifá y una paloma para su cabeza. Orunmila tenía dieciséis hijos con ganas de llegar al mundo por esas fechas, y Osa Meyi era uno de ellos. Con tanta prisa, omitió el chivo de Eshu. Por eso no dio con el camino hacia el mundo en el momento justo. Su ángel de la guarda tampoco lo guió, ya que no le había ofrecido nada, y su cabeza, por lo mismo, no pudo protegerlo. Vagó sin rumbo hasta alcanzar el último río del cielo, justo antes del mundo.
Junto al río esperaba Iyami Oshooronga, madre de todos los hechiceros, desde hacía mucho porque nadie la ayudaba a pasar. También ella iba rumbo al mundo, pero la debilidad le impedía usar el puente angosto que cruzaba el agua, llamado Ekoko. Pidió ayuda a Osa Meyi; él contestó que el puente no resistiría el peso de ambos. Ella entonces sugirió que él abriera la boca y la dejara entrar. Él aceptó y ella halló sitio dentro de su estómago.
Ya en la otra orilla, Osa Meyi le pidió que saliera. Ella se negó, diciendo que su estómago le servía muy bien de casa. Allí comenzaron los problemas de Osa Meyi con la hechicería. Intentó asustarla diciendo que se moriría de hambre, mas ella replicó que no pasaría hambre mientras él conservara hígado, corazón e intestinos, sus platos favoritos. Al sentir el mordisco en el hígado, Osa Meyi entendió la gravedad de su situación.
Entonces sacó sus instrumentos de adivinación y pidió ayuda a Ifá. Este le ordenó sacrificar sin demora un chivo; además necesitaba tela blanca y una botella de aceite, y Osa Meyi lo sacó todo rápido de su bolsa divina. Cocinó los intestinos, el hígado y el corazón del chivo, y luego llamó a Iyami Oshooronga para decirle que ya tenía comida.
El olor la hizo salir de su estómago. Ella declaró que no podía comer ante la vista de otros, y Osa Meyi levantó con la tela blanca una especie de tienda, donde ella pudo entrar a comer a gusto. Mientras ella comía, él echó a correr, encontró un vientre materno donde entrar y nació.
Cuando Iyami Oshooronga terminó, lo buscó alrededor sin encontrarlo. Empezó a llamarlo con gritos de «¡Osasa, Osasa, Osasa!», grito que, hasta hoy, usan los hechiceros. Sigue buscándolo todavía.
3Eshu obtiene al fin su chivo
Desde que Osa Meyi empezó su servicio como sacerdote de Ifá, Eshu lo vigilaba con la intención de retenerlo hasta lograr su macho cabrío. Ya hecho un adulto, Osa Meyi se casó con una muchacha bella que además era bruja, y vivía en un pueblo plagado de brujas. Eshu lo hizo ir a ese sitio, para castigarlo por negarse con necedad a darle el animal.
Su primer acto notable como sacerdote consistió en asistir a un parto. Al llegar al pueblo encontró que todos estaban en las fincas; aguardó hasta el otro día y seguía vacío. Allí solo estaba una mujer que estaba por parir y trabajaba. Al no haber nadie más, él la ayudó a traer al niño al mundo.
Después sintió un hambre fuerte, pues no probaba bocado desde la víspera. Al buscar comida en la casa, alcanzó un estante alto donde se almacenaba la comida y, sin intención, tiró un huevo, que se hizo pedazos. Lo siguiente que tocó le volvió blancas las dos manos, como a un albino. El susto fue tal que huyó al monte.
Al regresar de las fincas, la gente del pueblo supo por la recién parida que había llegado un forastero. Lo buscaron de inmediato, convencidos de que sería la siguiente víctima en el sacrificio de su culto de brujería.
Entre tanto, en el bosque, un cazador se acercó a Osa Meyi y le advirtió que en ese pueblo todos practicaban la brujería, que andaban tras él y que corría peligro de muerte. Para salvarse tenía que ofrecer a Eshu un macho cabrío sin tardanza.
Osa Meyi tomó un macho cabrío de su bolsa de adivinación y lo entregó a Eshu. Hecho el sacrificio, el cazador recogió hojas del bosque y se las pasó por la cabeza. Osa Meyi se preguntó de dónde habían salido el agua y la olla; así comprendió que el cazador debía de ser Eshu transformado. De inmediato, sus manos y todo su cuerpo recuperaron el color normal.
Mientras tanto, el bebé, que hablaba desde su primer día, había contado cómo llegó Osa Meyi y cómo sus manos cambiaron de color. La gente creyó que con esa marca sería fácil capturarlo. Sin embargo, tras el lavado del cazador, su cuerpo entero estaba más oscuro que antes.
Mientras Osa Meyi trataba de huir, Eshu le ordenó esconderse, porque había que demostrar que el niño estaba equivocado; si no, las brujas lo seguirían a cualquier lugar para matarlo. También le recalcó que ya estaba marcado, y que a quien los brujos señalan solo se le vence con sacrificio. Con ello Osa Meyi aceptó acompañar a Eshu de vuelta al pueblo.
Allí la mujer lo acusó de ser quien había tirado el huevo y echado a perder su medicina. Él lo negó. Le mandaron enseñar las manos, y las vieron del mismo tono que el resto de su cuerpo, negras como carbón. Todos se pusieron en contra de la mujer y le exigieron explicar cómo sabía que el forastero era el culpable; confesó que se lo había dicho su hijo.
Quedó claro que mentía, y le reprocharon haber pagado con una ingratitud necia a quien la había socorrido en un parto seguro cuando no había nadie. Los Ancianos de la Noche confirmaron enseguida la condena a muerte de la mujer y de su hijo. Osa Meyi rogó sin éxito que los perdonaran; le contestaron que no malgastara palabras, pues en su vieja tradición no existía el perdón. Madre e hijo fueron ejecutados, porque mentirle al pueblo se castigaba con la muerte.
Como gratitud por haberlos ayudado cuando no estaban, le obsequiaron una cabra, una mujer y un hombre, todos brujos. De vuelta en su casa, entregó la cabra a Ifá y dio otro macho cabrío a Eshu, por haberlo salvado en el momento de mayor peligro. Terminó con una fiesta para alabar a Orunmila.
6Osa Meyi es acusado de brujo — Oragún acusó a Osa ante los dieciséis Olodù de matar a los hijos de Irete Meyi. El juicio destapó otra verdad. 7La esposa que confesó — Osa resolvía un problema tras otro sin hallar jamás la causa. La respuesta dormía bajo su propio techo. 10El algodón que vistió al mundo — Cuando los pueblos se cubrían con hojas, el algodón juró vestir a la humanidad. Su sacrificio llevaba tiza blanca. ¿Por qué? 11Yewere, el despreciable — A Yewere, recaudador del rey, le advirtieron no azotar dos pueblos. Lo hizo de todos modos, y volvió a su casa. 13El nacimiento del glóbulo rojo — El cuerpo ya tenía sangre y no tenía fuerza para moverse. Olodumare le encomendó a Osa Meyi terminar la obra. ¿Cómo? 15La vergüenza del rey — Alguien robaba lo mejor de la cosecha de Ogué mientras lo mandaba lejos con encargos. Eshu tenía el nombre del ladrón. 16Los tres obstáculos de Obatalá — Orunmila mandó a Obbatalá a la tierra de su hijo Shangó con una condición: pasar tres obstáculos sin protestar. ¿Pudo? 18El algodón y el surco — Los enemigos del algodón probaron con la lluvia floja, la fuerte y el sol. El ebbó llevaba siete agujas. ¿Para quién? 19Donde Oyá salva a Agayú — Agayú huía casi perdido cuando pasó junto a Oyá. Lo que ella le tiró encima explica una manta de nueve colores. 20El algodón y los pájaros — El cardenal unió a los pájaros, al Sol, a la Luna y a las aguas contra el algodón. Obbatalá tropezó con algo. 28La suerte del Babalawo Gato — Antes de salir a adivinar, el Babalawo Gato se vio su propio signo: le mandaba ebbó por un susto futuro. ¿Cuál? 38El venado de la Virgen — El labrador no sacrificó y prometió a la Virgen el mejor de los dos primeros venados. Las trampas amanecieron llenas. ¿Y entonces? 40Los mamíferos y los felinos — Los felinos estaban por llegar y solo los más fuertes no sacrificaron. Olofin bajó a enseñar, y no todos aprendieron. La palabra no se pierde — se abre
Con La Libreta se abren los 256 Odù completos: más de 5,000 patakíes, las obras y los eewó de cada signo, los rezos y las interpretaciones — en español y en inglés.
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