Osa Meyi es el Odù número 10 de Ifá, uno de los 16 Meyi y cabeza de la familia de Osa. En los tratados aparece también como Ọ̀sá Méjì. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 40 patakíes (3 en texto íntegro), sus refranes, 15 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los ires y osogbos al detalle, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREOsa Meyi es el aire y el mundo de los espíritus: el signo del viento errante que llega a todas partes, negocia hasta con las brujas — y sobrevive a todos. Su blasón lo dice sin modestia: no hay errante más omnipotente que el viento: en cualquier país seré rey.
Es la letra de los imposibles vencidos: cuando todos lo daban por sentenciado — las brujas juraron su muerte y hasta su esposa lo abandonó —, dos Awó leyeron el signo completo: el año en que parecía condenado era el año de su prosperidad. Sacrificó, y llegaron el hijo, la casa propia y el dinero de todas las direcciones. Orunmila no se rinde ante lo imposible; usted tampoco.
«El año en que todos lo daban por muerto era el año de su prosperidad.»El pulso de Osa Meyi
Aquí bajó al mundo Iyami Oshooronga, la madre de la hechicería — dentro del estómago de Osa Meyi —, y aquí se firmó el concordato que la contiene. Este signo pelea de frente contra lo oculto y gana, pero con dos reglas de hierro: no coma comida de manos extrañas (por ahí entra el daño) y jamás le niegue a Eshú su chivo — la vez que Osa se lo negó fue a parar a un pueblo de brujas, y fue Eshú, disfrazado de cazador, quien lo sacó.
El peligro del viento es perderlo todo como lo ganó: este Odù da dinero, pero castiga la vanidad — el que se ensoberbece tras prosperar amanece arruinado. Y avisa de los falsos testimonios: lo acusarán de lo que no hizo, como Oragún acusó a Osa de brujo — el sacrificio lo dejó victorioso y la mentira cayó sola. La familia puede ser aquí su peor enemigo: quiérala, pero no se confabule con nadie.
Sus llaves: encender velas a sus muertos — aquí nació ese secreto —, llevarle un ramo de flores a Yemayá a la orilla del mar y contarle las penas sin pedirle nada, y recibir a Orí, su propia cabeza, para encaminarse. Con eso la palabra del signo se cumple: dormiré tranquilo siempre que sacrifique — y el viento, que no tiene casa, termina siendo rey en cualquier país.
El signo en una fraseNo coma de manos extrañas, no le niegue a Eshú su chivo y no se envanezca al subir — que al viento de Osa nadie lo alcanza, y en cualquier país será rey.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAEewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No comer manteca de corojo.El carnero la comió, le salió una pelota en el estómago y murió.
No comer palomas.Las palomas enfermaron a Shangó; desde entonces Ogue las come por él.
No comer comida cocinada por personas extrañas.Puede morir por algo que le echen: póngasela antes a Eshú, pidiendo que lo malo se vuelva contra quien se lo desea.
No negarle nunca a Eshú su chivo.Quien se lo niega tropieza con todo tipo de dificultades, como le pasó a Osa Meyi en el pueblo de las brujas.
No volverse vanidoso al prosperar ni tratar a nadie con superioridad.Lo puede perder todo de la noche a la mañana y verse en manos de la justicia.
No confabularse con nadie.En las confabulaciones de este signo, siempre pierde usted.
No apresurarse en buscar pareja o casarse.En el desenfreno de esa búsqueda está en juego su vida.
No ser terco ante los consejos, aunque vengan de niños.Por prepotencia puede perder un bien; escuche a quien le aconseja por su bien.
No quejarse de su suerte.A pesar de los obstáculos alcanzará la prosperidad; la queja espanta la ayuda que viene.
No exponerse a hincadas ni objetos extraños en la vista.El signo marca el peligro de quedar ciego.
El ashé de este signo: No reconoce pobre ni rico, viejo ni joven, príncipe ni esclavo: para él todos los humanos son iguales. · Sobrevive y entierra a sus hermanos: es signo de larga vida para quien sacrifica. · Es el Odù facultado para llamar a los demás Odù en el tablero de Ifá. · Alcanzará la prosperidad con la ayuda de alguien que lo estima y vive lejos. · Viaja mucho, por negocio o placer, y es buen jefe administrando lo de otros. · Cuando parece sentenciado, es el año de su prosperidad: Orunmila no se rinde ante lo imposible.
Los patakíes
la historia primero — los caminos del Odù
LIBRE LA LIBRETA1El nacimiento de Osa Meyi
Huyendo de Iyami Oshooronga, Osa Meyi corrió hacia el útero de la primera mujer que encontró — sin saber que evadía la sartén para caer en el fuego, porque su futura madre era miembro del culto de la hechicería y preparaba a su esposo para ofrecerlo en sacrificio. Desde que nació, Osa Meyi lloraba tarde en la noche: era su manera de interrumpir el proceso ritual contra su padre. Cuando creció, en lugar de llorar gritaba «¡Iyami Oshooronga!», y la madre abandonaba abruptamente la ceremonia.
Citada por los hechiceros, la madre explicó lo que ocurría, y le ordenaron llevar al niño a la asamblea general, el día del banquete en que se servían las cabezas de todos los miembros. Sirvieron también la cabeza de Osa Meyi, pero él no comió del chivo, porque no había sido iniciado en el culto.
A la mañana siguiente, Osa Meyi aconsejó a su padre — enfermo desde hacía mucho — servir su cabeza con un chivo, por un sueño que había tenido. Hecho el sacrificio, pidió a la madre una olla de barro y aceite: recogió las partes del chivo y los restos de la carne, agregó aceite, sal y arena del suelo, y fue a depositar la olla en el incinerador. Esa fue la primera ofrenda de un ser humano a los Ancianos de la Noche, y así se les hace hasta hoy. Todos se acostaron a dormir; al día siguiente la madre no despertó, y el padre se curó. Por eso algunos llaman brujo a Osa Meyi — pero nunca lo fue: podía reunirse con las brujas sin pertenecer a su culto.
2Iyami Oshooronga en el estómago
Cuando Osa Meyi partió hacia el mundo, dejó de ofrendar el chivo a Eshú, y ni su ángel de la guarda ni su cabeza pudieron guiarlo: vagó hasta el último río del cielo. En la orilla encontró a Iyami Oshooronga, la madre de los hechiceros, demasiado débil para cruzar el estrecho puente Ekoko. Ella le rogó ayuda, y como el puente no soportaba a dos, le propuso que abriera la boca para meterse dentro. Él accedió, y ella se acomodó en su estómago.
Al otro lado, Osa le pidió que saliera, pero ella se negó: «tu estómago es una morada adecuada». Cuando él le advirtió que moriría de hambre allí dentro, ella respondió que no, mientras él tuviera hígado, corazón e intestinos — sus comidas predilectas. Y le mordió el hígado. Osa Meyi comprendió el problema, sacó sus instrumentos y llamó a Ifá, que le mandó sacrificar de inmediato un chivo, una botella de aceite y tela blanca.
Cocinó el hígado, el corazón y los intestinos del chivo y anunció que había comida lista. Al oler el aroma, Iyami salió de su estómago, pero advirtió que le estaba prohibido comer delante de cualquiera. Osa hizo una tienda con la tela blanca y ella se metió a disfrutar la comida. Mientras comía, Osa Meyi se alejó velozmente, halló un útero donde introducirse y vino al mundo. Cuando Iyami terminó, lo buscó gritando «¡Osasa, Osasa!» — el grito de los hechiceros hasta el día de hoy. Todavía lo está buscando.
3Eshú obtiene al fin su chivo
Como castigo por negarle torpemente su chivo, Eshú empujó a Osa Meyi hacia un pueblo infestado de brujas. Llegó cuando todos estaban en la finca; solo una mujer embarazada daba a luz, y él la ayudó en el parto. Hambriento, buscó comida en el mostrador, dejó caer un huevo que se rompió y, al tocar el siguiente objeto, la pigmentación de sus dos manos se volvió blanca albina. Asustado, corrió a la manigua.
En el bosque, un cazador le reveló que el pueblo entero era de brujos y que su vida peligraba: debía entregar de inmediato un chivo a Eshú. Osa lo sacó de su bolso de adivinación y sacrificó. El cazador — que era Eshú transfigurado — consiguió hojas, le lavó la cabeza, y su cuerpo entero recobró un color aún más oscuro que antes.
Mientras tanto, el recién nacido, que hablaba desde el día en que nació, contó lo de las manos blancas. Cuando presentaron a Osa ante el pueblo, le pidieron extender las manos: eran oscuras como el carbón. Entonces todos se volvieron contra la mujer, que confesó que su hijo se lo había dicho. Los Ancianos de la Noche la condenaron por mentir al pueblo — pena de muerte en su tradición — y ejecutaron a madre e hijo, pese a que Osa intercedió en vano. Para agradecerle la ayuda del parto, lo recompensaron con un hombre, una mujer y una cabra, todos brujos. Al llegar a casa, ofreció la cabra a Ifá y otro chivo a Eshú, en agradecimiento por rescatarlo en el momento crítico.
6Osa Meyi es acusado de brujo — Oragún acusó a Osa ante los dieciséis Olodù de matar a los hijos de Irete Meyi. El juicio destapó otra verdad. 7La esposa que confesó — Osa resolvía un problema tras otro sin hallar jamás la causa. La respuesta dormía bajo su propio techo. 10El algodón que vistió al mundo — Cuando los pueblos se cubrían con hojas, el algodón juró vestir a la humanidad. Su sacrificio llevaba tiza blanca. ¿Por qué? 11Yewere, el despreciable — A Yewere, recaudador del rey, le advirtieron no azotar dos pueblos. Lo hizo de todos modos, y volvió a su casa. 13El nacimiento del glóbulo rojo — El cuerpo ya tenía sangre y no tenía fuerza para moverse. Olodumare le encomendó a Osa Meyi terminar la obra. ¿Cómo? 15La vergüenza del rey — Alguien robaba lo mejor de la cosecha de Ogué mientras lo mandaba lejos con encargos. Eshu tenía el nombre del ladrón. 17La gracia del rey — Un rey encerró a Orunmila para probarlo con tres canastas ocultas. Lo que Orunmila vio dentro era el menor problema. 18El algodón y el surco — Los enemigos del algodón probaron con la lluvia floja, la fuerte y el sol. El ebbó llevaba siete agujas. ¿Para quién? 19Donde Oyá salva a Agayú — Agayú huía casi perdido cuando pasó junto a Oyá. Lo que ella le tiró encima explica una manta de nueve colores. 20El algodón y los pájaros — El cardenal unió a los pájaros, al Sol, a la Luna y a las aguas contra el algodón. Obbatalá tropezó con algo. 28La suerte del Babalawo Gato — Antes de salir a adivinar, el Babalawo Gato se vio su propio signo: le mandaba ebbó por un susto futuro. ¿Cuál? 34Cuando Osa vagaba — Una mujer vagaba sola por el mundo, y en la bandeja apareció Osa Meyi con una promesa condicionada. Este patakí la guarda. 38El venado de la Virgen — El labrador no sacrificó y prometió a la Virgen el mejor de los dos primeros venados. Las trampas amanecieron llenas. ¿Y entonces? 40Los mamíferos y los felinos — Los felinos estaban por llegar y solo los más fuertes no sacrificaron. Olofin bajó a enseñar, y no todos aprendieron. La palabra no se pierde — se abre
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