Al crear Olofin la Tierra la dejó cubierta de agua por entero, y encargó a todos sus hijos que se las ingeniaran para hacer desaparecer aquella agua — reunirla en un solo sitio — de modo que se pudiera habitar el mundo. Todos los Orishas se dieron entonces a abrir canales que llevaran las aguas hacia las partes bajas: aquellos canales son hoy los ríos.
Danda-Juero (el majá), que era amigo de Orunmila, se presentó en su casa con esta queja: «Mi hermano, hay un trabajo terrible que Olofin nos ha encomendado para poder vivir en la Tierra, pero yo, sin manos ni pies, no puedo hacer mi parte». Le hizo Orunmila osode, dio con este Odù, le señaló ebbó y le armó un inshé Osain, al cual le dio de comer el chivo y los 16 jio jio, guardando dentro del güiro las cabezas de todos aquellos animales. Después se lo colgó del cuello y lo mandó a rodear la Tierra flotando sobre el güiro, con una condición: nada de mirar hacia atrás.
Salió Danda-Juero al segundo canto del gallo. Cuando ya remataba su vuelta al planeta e iniciaba la bajada, le llegó un ruido extrañísimo que hacía «blu-blu-blu», y él se preguntó: «¿Qué será eso que me sigue con su sonido? ¿Será este equipo?». Pero no volteó la cabeza y siguió su viaje alrededor de la Tierra. Bajó cuando el inshé Osain ya tenía creada la tierra firme.
A los 16 días justos, los Orishas que abrieron los ríos comparecieron ante Olofin para rendir cuenta de su esfuerzo, y cada uno declaró haber creado los ríos. Le llegó el turno a Danda-Juero, cuya respuesta fue: «Padre, yo solo, con la ayuda de Ifá, creé el Océano que rodea toda la Tierra». Repartió Olofin entre los Orishas mujeres, oro, joyas y riquezas; a Danda-Juero, que había hecho el Océano Universal y las tierras donde se podía vivir, le tocó apenas una mujer deforme, de pelo rojizo y piel cobriza. Los demás Orishas se burlaban de él, ignorando que aquella mujer era hija de Olofin.
Molesto, Danda-Juero regresó donde Orunmila con el cuento de la mujer que Olofin le había entregado, y le dijo: «Si tú la ves, te vomitas». La respuesta de Orunmila fue: «Olofin te ha dado en premio a su hija: no la rechaces». Repitió Danda-Juero aquel mismo ebbó, y esta vez le sumó al inshé Osain pólvora y tierra de la cueva del cangrejo, de manera que ella pudiera entrar en su casa.
Cierto día él quiso saber de su mujer: «¿Qué me ves tú a mí?». Ella le devolvió la pregunta: «¿Qué cosa te ha dicho Orunmila de mí? ¿Por qué me preguntas eso?». Danda-Juero le dio otro giro a la conversación y contestó: «Es que Orunmila me marcó este inshé Osain y me he quedado sin dinero». Ella entonces le anunció: «Eso no es nada: tú tendrás una fortuna. Vírate un momento».
Se viró él, y la mujer se puso a chiflar con mucha fuerza. En el acto la Tierra entera se llenó de vendavales que venían del Norte, del Sur, del Este y del Oeste, y por todas partes brotaron millones de seres vivientes — humanos, animales y plantas —, y la mujer de Danda-Juero quedó muy hermosa.
Comprendió entonces Danda-Juero cuán grande era el premio que Olofin le había otorgado; también él se puso hermoso, y con su mujer, que era Aida-Juero, quedaron convertidos en arcoíris: desde ese día se ven los dos en lo alto del cielo. A los demás Orishas les entró la envidia y de cualquier modo querían perderlos. Oshosi intentó matarlos, pero la luz de Danda-Juero lo deslumbró, y los Orishas dijeron: «Danda-Juero es como el mismo Olofin». Y su camino, desde entonces, lo hace por los cielos.
Nota: en este camino la suerte entera de la que usted goza en la vida se la trae una mujer, por ser ella hija de Olofin. Aquí quedaron creados el Océano Universal y los ríos, y nació la cosmonáutica, pues nadie antes que Danda-Juero le había dado la vuelta al planeta volando.