1El sapo y el majá
El sapo fue donde Orunmila: el majá decía que donde lo viera se lo iba a tragar. Orunmila le mandó ebbó con gallo y dos palomas, y que se hiciera el humilde para poder vencer. El sapo se encontró de nuevo con el majá, y aunque este se lo tragó, el sapo — ya con el ebbó hecho — le fue haciendo daño en la barriga: el majá tuvo que vomitarlo, y se murió.
El sapo fue adonde estaba Orunmila y le dijo que el majá decía que dondequiera que lo viera se lo iba a tragar. Entonces Orunmila le contestó que hiciera ebbó para que la muerte (Ikú) no lo cogiera — ebbó: un gallo, dos palomas y demás ingredientes — y que se hiciera el humilde para que pudiera vencer.
El sapo se encontró nuevamente con el majá, y como ya había hecho ebbó, aunque el majá se lo tragó, el sapo le fue haciendo daño en la barriga, y tuvo que vomitarlo — y el majá se murió.
2El hijo del rey que no oyó los consejos de Orunmila
Orunmila le advirtió al rey que no dejara cazar a su hijo, y el rey le puso criados que lo velaran. A espaldas de ellos, el muchacho hizo una onda, mató una paloma que cayó al río, y al tratar de cogerla cayó también. Una jicotea se ofreció a salvarlo a cambio de que fuera su esclavo: lo metió dentro de un tambor y anunciaba que poseía un tambor que tocaba solo. El rey, desesperado, llamó a Orunmila: una gran fiesta convocando a todos los músicos de la ciudad. Cuando le tocó a la jicotea, el muchacho cantó desde dentro y todos lo oyeron: retiraron a los músicos dejando los instrumentos, sacaron al muchacho del tambor — y pusieron un cao en su lugar.
Orunmila le dijo al rey que él tenía un hijo y que no lo dejara cazar. El rey le puso al hijo criados para que siempre lo velaran, porque al muchacho le gustaba mucho la caza. Un día, a espaldas de los guardianes, el muchacho hizo una onda, y aprovechando que sus guardianes estaban distraídos conversando, vio cruzar una paloma, cogió una piedra, la puso en la onda y le hizo puntería con tan buen tiro que logró darle muerte. La paloma vino dando vueltas por el espacio y fue a caer dentro de un río que había muy cerca de allí. El muchacho, al ver que la corriente le llevaba su paloma, trató de cogerla, resbaló y también cayó dentro del río.
Ya desesperado, se le apareció una jicotea y se le ofreció a salvarlo a cambio de que él fuera su esclavo; el muchacho consintió. La jicotea lo salvó y lo metió dentro de un tambor que ella tenía. El muchacho de vez en cuando solía cantar sus cantos, y la jicotea anunciaba que ella poseía un tambor que tocaba solo.
Desesperado el rey por la suerte de su querido hijo, mandó a buscar a Orunmila, y este lo miró y le dijo que si quería que su hijo apareciera, tenía que dar una gran fiesta y convidar a todos los músicos de la ciudad: ahí se iba a aparecer su hijo. El rey así lo hizo. Citó a todos los músicos, que fueron llegando uno por uno y fueron tocando sus instrumentos delante del rey y de Orunmila. Cuando le tocó a la jicotea, esta se apareció con un tambor, y en ese momento se puso a cantar el muchacho que estaba dentro, y todos los que estaban allí lo oyeron.
Orunmila le dijo al rey que mandase a retirar a los músicos, pero que dejaran sus instrumentos, para que al día siguiente vinieran a recoger los premios. Cuando todos se marcharon, sacaron al muchacho de adentro del tambor y pusieron un cao.
3El poder de Oyá, Shangó y la carnera
Oyá — Aguadai Iyá — recibió de Olofin un gran secreto, y de Obatalá un collar rojo y blanco, dos cuernos y una piedra, con la advertencia de no acercarse donde hicieran ceremonias con carnero. Presumía de sabia, y su tierra vivía bajo su terror; despreció a Orunmila, y Shangó juró vengarlo ante Olofin. Con el ebbó y la carnera, Shangó la atrajo cantando al monte: Oyá se limpió la cabeza con la carnera, la dio a la tierra y quedó privada — momento que Shangó aprovechó para ofikale trupon, dejándola en estado, y le quitó los dos ogué y el collar. Obatalá sentenció: «me faltaste el respeto: cuando tu hijo tenga 7 años, llévalo al pie de Orunmila para hacerle Ifá, o no recuperarás la suerte». Así se hizo, y a los siete días Shangó, comiéndose la jicotea macho que le entregó Orunmila, la perdonó: «ya estás perdonada de la falta que cometiste con Orunmila, y aquí tienes el secreto de tu defensa».
En este camino, Oyá se llamaba Aguadai Iyá, y Olofin le había dado un gran secreto para que todo el mundo la respetara y viviera bien en su tierra, que se llamaba Iwade Inle. Obatalá siempre iba a darle consejos, y un día le llevó un collar pintado de rojo y blanco y le dijo: «Con este collar, estos dos cuernos y esta piedra tendrás una gran defensa y todos te respetarán». Oyá se puso muy contenta, le dio moforibale a Obatalá y se puso a cantar: «Baba ashe bo ashe iña ashe bo ashe». Obatalá le echó la bendición y le dijo que respetara bien ese secreto, y que cuando viera a alguien haciendo alguna ceremonia con carnero, no se acercara por allí.
Oyá presumía de sabia, y en la tierra Iwade Inle todos vivían bajo su terror. Un día Orunmila llegó a esa tierra, notando que Oyá lo despreciaba, por lo que se fue de allí preocupado. En el camino, entrando en la tierra de Obá Ishe, se encontró con Shangó, el cual le dio moforibale y le preguntó qué le pasaba; Orunmila le relató lo sucedido con Oyá. Shangó llevaba una cadena en una mano y en la otra un coco pintado de blanco con el Odù de Osa Kuleya pintado con osun, y le dijo a Orunmila: «El problema con Oyá lo resuelvo yo ahora mismo», y fue a Ilé Oke a hablar con Olofin, cantando: «Baba Olofin omo siwayú, Olofin moyara Ifá omoyare». Olofin salió y le preguntó qué quería; Shangó le contó todo lo que Oyá le había hecho a Orunmila, agregando: «Yo me voy a vengar». Olofin le replicó: «Tú nunca me has dicho una mentira, pero yo no creo eso de Oyá». Shangó, molesto, le contestó que él se lo iba a probar.
Shangó fue adonde estaba Orunmila y le dijo: «Quiero que me hagas ebbó con estas cosas que te traigo, y verás lo que sucede». Obatalá estaba en casa de Orunmila cuando hacían el ebbó, y le dijo a Shangó: «Quiero que tú sepas que Oyá es mi hija, es señorita, y que la respetes». Shangó no contestó nada: salió caminando, entró en la tierra de Iwade Inle, y en medio del monte abrió un hueco y echó dentro el ebbó; cogió un coco en la mano, le pasó la mano a la carnera y cantó: «Oyá siweire omo laoyo umbo, Oyá siweire omo anya Shangó».
Oyá, que escuchó aquello tan bonito, se preguntó quién la estaría llamando, y salió para el monte a buscar quién era. Vio a Shangó, que soltó la carnera; Oyá la agarró, y pasándole la mano se la llevó a Shangó. Este puso el coco en el hueco y le dijo a Oyá: «Limpia bien tu cabeza con la carnera». Lo hizo Oyá, y después le dio la carnera a la tierra, echándola también al hueco, quedando Oyá privada — momento que aprovechó Shangó para ofikale trupon, quedando en estado. Le quitó los dos ogué y los guardó junto con el collar rojo y blanco; después limpió a Oyá con las dos gallinas del ebbó y se las dio a la tierra, y Oyá volvió en sí y se fue sin darse cuenta de nada.
A los tres meses se sintió mal y fue adonde Obatalá, a quien le contó lo que le había pasado. Este le dijo: «Me faltaste el respeto, y ahora, hasta que tú des a luz y ese hijo tenga 7 años, esperarás; lo llevarás al pie de Orunmila para que le hagas Ifá, porque si no, no recuperarás la suerte». Oyá salió por todas partes preguntando por Shangó, y nadie le daba cuenta de él. Dio a luz, y a los 7 años llevó al hijo al pie de Orunmila, y este le vio este Ifá, Osa Kuleya, y le dijo: «Para que usted recupere todas las fuerzas y la suerte, tiene que hacerle Ifá a tu hijo».
A los siete días se apareció Shangó, porque Orunmila lo había mandado a buscar; Shangó no quería ir, pero Olofin le dijo que fuera. Shangó llegó al pie de Igbodun, y Orunmila le entregó una jicotea macho (ayapa tiroko); Shangó se la comió y le dijo a Oyá: «Ya estás perdonada de la falta que cometiste con Orunmila, y aquí tienes el secreto de tu defensa».
Nota: se le da una gallina a Oyá, se pone a Shangó al lado de ella, se le encienden seis mechas a Shangó, se le echa bastante miel y se le pide. Cuando sale este Ifá, si la mamá del que está haciendo Ifá está viva, hay que darle una guinea a Ogún, y si está muerta, al egun de la madre; y a la persona se le manda a bañar con agua de lluvia o agua de la sopera de Yemayá.
4Amarra el barco para que no se vaya a la deriva🔒 Babalawo
5Donde Oyá dejó de comer carnero🔒 Babalawo
6El muchacho y el tambor🔒 Babalawo
7Cuando se fue la suerte🔒 Babalawo
8El tambor🔒 Babalawo
9La jicotea grande🔒 Babalawo
10Shangó y el carnero🔒 Babalawo
11Cuando Ogún sostenía el mundo🔒 Babalawo
12Donde quisieron matar a Orunmila🔒 Babalawo
13El Trono de Ifá🔒 Babalawo
14Eyá y Aún — los secretos de la jicotea y el pescado🔒 Babalawo
15La prendición del Alawó para hacer Ifá🔒 Babalawo
16El descenso de Hoo en el momento de la creación🔒 Babalawo
17Lo que se va vuelve🔒 Babalawo
18Ogún y la guerra🔒 Babalawo
19Si mala es la guerra con los vivos, peor es con los muertos🔒 Babalawo
20La fiesta de los pájaros🔒 Babalawo
21Osa Kuleya descubrió el engaño🔒 Babalawo
22La mujer hace trabajo al hombre🔒 Babalawo
23Osa Ogunda puede pelear🔒 Babalawo
24Se adivinó para Aikujegunre🔒 Babalawo
25Se adivinó para el cazador🔒 Babalawo