Omo Aberí Awó vivía en la tierra de Ayereni Lokun y pasaba el tiempo dándose baños de hierbas. Ya no creía en los Oshas: les había suplicado muchas veces ayuda con un problema enorme que debía superar, y nada cambiaba. Todo le iba mal, porque no confiaba en Oduduwa. Siempre que Omo Aberí Awó se dirigía a un Orisha, Oduduwa le regalaba a ese algo todavía mejor, y así lo mantenía ocupado y sordo a los ruegos del hombre. Para lograrlo, Oduduwa entonaba un canto ante los Santos, y estos se entregaban a comer y no hacían su trabajo. Por eso Omo Aberí Awó perdía por completo la enorme guerra que libraba contra Awó Obá Oggo Obá Ishé.
Cierta vez Oduduwa lo visitó y encontró la casa en mal estado y a Omo Aberí Awó abatido, porque nada prosperaba. El hombre se arrojó al suelo frente a él y le rogó que lo disculpara: antes lo había menospreciado y casi lo expulsó de su hogar. Oduduwa le colocó una mano en la cabeza y pronunció un rezo sobre él.
Omo Aberí Awó cayó en un sueño hondo, y durante él Oduduwa lo bendijo. En el sueño vio a Oyá, el ebbó que le correspondía y los baños que debía tomar. Se despertó sobresaltado, vio a Oduduwa a su lado, le pidió su bendición y le relató lo soñado.
Oduduwa respondió con su fórmula de bendición («ashe bó, ashe tó») y prometió ayudarlo a superar sus dificultades. Le pidió cumplir lo que Oyá había mostrado, pero que primero hablaría con todos los Orishas a quienes él había atendido, para retirarles el alimento que les había puesto y que volvieran a trabajar. Se marchó, comenzó con Eshu y fue retirando el alimento de todos los Santos. Volvió y le ordenó hacer el ebbó y llevarlo al monte, donde encontraría a Oyá. Omo Aberí Awó se sorprendió, porque con esa Santa nunca había tenido trato: no le había pedido nada ni le había hecho nada.
Preparó el ebbó y salió a dejarlo. El aroma de la gallina era tan apetitoso que todos los Orishas, con Eshu a la cabeza, lo siguieron. Al verlos, corrió hasta el monte, puso el ebbó en manos de Oyá y le relató su situación. Oyá tenía en las manos nueve palos; los encendió, tomó el machete y la cazuela con el ebbó, y partió veloz hacia la tierra de Obá Oggo. Detrás iban los Orishas, curiosos por ver qué haría.
Al llegar, Oyá puso fin de inmediato a la desgracia de Omo Aberí Awó. Con omiero llenó una cazuela y se la confió a Eshu, para que la llevara al hombre y este se bañara en nombre de Oduduwa. Gracias al poder de Oyá y a lo que Oduduwa quiso, Omo Aberí Awó dejó atrás todos sus problemas y llegó a ser grande.
Cuando se pierde la fe y se menosprecia a quien protege, los asuntos se tuercen. La ayuda puede venir de un Santo al que nunca se acudió, y el ebbó junto con la voluntad de Oduduwa abre paso a la victoria.
Omo Aberí Awó preparó un ebbó con una gallina, lo llevó al monte y allí lo puso en manos de Oyá.
Oyá preparó omiero en una cazuela, y Eshu lo llevó a Omo Aberí Awó para que se bañara con él en nombre de Oduduwa.
Orisha albelele omoni lele orisha abelele omo lanire orisha albelo.
Omo aberi Awó leri odara omo lade Awó mayerbi edubule.
ashe bó Ashe tó
Osa kana awò omo aterí Awó barayibawo mariboyá maribi iku oma oba abi ishe kana bi ishe awalaye biyire inle ayerinilekun oba ago oba ishe omoni lado oyá omo yeku lode Awó aberi ewe iré ashegun ota oyá ishe gbogbo osha ko oba ashenishe odara oyá ashegun ota Ifá maferefun oduduwa Ifá maferefun oyá.