Había un águila empeñada en devorar a una tortuga. La atacaba a picotazos, pero el caparazón de la tortuga era tan fuerte que el ave, por mucho que insistiera, no lograba hacerle daño.
Agobiada por ese asedio, la tortuga se consultó con Orunmila. Él vio su Ifá y le explicó que, si quería deshacerse del poderoso enemigo que la rondaba desde las alturas, tenía que preparar el ebbó de arriba. Ella dudó de esa palabra y dejó pasar el ebbó sin hacerlo.
Tiempo después, el águila la convidó a una celebración en la cima de una colina. La tortuga respondió que no podía asistir, pues le era imposible trepar hasta ese sitio. «Yo misma te cargaré sobre mis alas», dijo el águila. La tortuga aceptó sin sospechar que su anfitriona era la enemiga de siempre y se acomodó sobre su espalda. Al alcanzar la altura máxima, justo sobre la colina, el ave plegó las alas. La tortuga se precipitó, chocó contra las rocas y quedó hecha pedazos. El águila descendió y se alimentó de los restos de aquella ingenua.
Cuando se realiza el ebbó señalado, este Ifá se transforma en fore.
Descuidar el ebbó frente a un enemigo fuerte deja a la persona sin protección. Aceptar el favor de quien siempre fue hostil suele esconder una trampa. Con el ebbó cumplido, este Ifá se vuelve favorable.
Un pollo, dos gallinas (adie meyi), una jicotea (ayapa), tres akofá, una trampa pequeña, tres piedras de una colina y una pluma tomada de un águila o de un gavilán. Además: mucho dinero, miel, aguardiente, manteca de corojo, awadó, pescado ahumado y jutía ahumada.
Se aconseja hacer el ebbó de arriba, el que Orunmila indicó a la tortuga. Con ese ebbó cumplido, el Ifá se transforma en fore.