Patakíes · Los caminos del Odù
1El rey sin responsabilidad
Awo Ori Sese, joven rey de Oni Efan, envidiaba la vida sin responsabilidad: se disfrazaba para salir a fiestas y bailes de máscaras como un hombre cualquiera. En uno conoció a una mujer bella como su esposa, y vivieron juntos mucho tiempo. Cuando ella salió en estado y le contó que había soñado que él era un rey con esposa e hijos, el rey huyó para jamás volver. Años después, la mujer y su hijo ya hombre llegaron a Oni Efan buscando trabajo, y ella palideció al ver al rey en el balcón: él le salió al paso — «sé que tenemos un hijo; los dos vivirán aquí en el palacio; fueron razones mayores las que me obligaron a alejarme de ti». Ella solo le dijo: «Lo único que quiero es que nunca te olvides de tus responsabilidades». To Iban Eshu.
En la tierra Oni Efan vivía Awo Ori Sese, el cual era muy joven y acababa de heredar el reino de esa tierra. A dicho rey le gustaba y envidiaba la vida sin responsabilidad: estaba seguro de que con su nueva responsabilidad no podía tener la misma libertad que antes. A este rey le gustaban mucho las fiestas y las diversiones.
El rey se resignó por mucho tiempo a la vida apacible, pero el poder lo ataba de tal manera que le era imposible hacer la vida de antes. Así pasaron los años. Un día al rey le entraron deseos de salir un tiempo, pero no como rey, sino como un hombre cualquiera: se cambió de ropa y de todos los atavíos de rey, salió esa noche, y se dio cuenta de que nadie había notado su presencia en el pueblo. Así, una vez y otra, hacía la vida que él quería llevar; otras veces iba a las fiestas y bailes de máscaras, para poder esconder su verdadera personalidad.
Un día el rey se enteró de que había un baile de máscaras en un pueblo cercano y decidió ir. Al llegar se puso su disfraz y entró a la fiesta, conociendo a una mujer tan bella como su esposa. Le pidió que aceptara su compañía y la mujer aceptó. Esa mujer era más exigente que otras que él había conocido, y le pidió que le dejara ver su cara: al principio el rey no aceptó, pero después de pasar algún tiempo se quitó su disfraz. Al darse cuenta de que esto no ofrecía peligro para su secreto, siguió la fiesta hasta que terminó esa noche. El rey y la bella mujer vivieron y estuvieron juntos mucho tiempo como marido y mujer.
Un día la bella mujer salió en estado y le dijo al rey que había soñado que él era un rey y que tenía esposa e hijos. El rey, asombrado, huyó para jamás volver. Y así pasaron los años.
Un día dicha mujer y el hijo, que ya era un hombre, llegaron a la tierra de Oni Efan en busca de trabajo para poder vivir. Al llegar había una gran fiesta en honor al rey, y en ese instante salió al balcón del palacio Awo Ori Sese, que era el rey de dicha tierra. La mujer, al verlo, palideció al reconocer al hombre que había sido el gran amor de su vida. Cuando reaccionó, subió las escaleras, y el rey, al verla, le salió al paso y le dijo: «No digas nada. Sé que tienes razón, sé que tenemos un hijo; a él no le pasará nada, ni a ti tampoco. Los dos vivirán aquí en el palacio. Yo siempre te quise, pero fueron razones mayores las que me obligaron a alejarme de ti, que es la realidad que hoy ves. Quiero que me dejes a nuestro hijo, para hacerlo un hombre de bien; también te ayudaré a ti».
La mujer entonces le dijo: «Lo único que quiero es que nunca te olvides de tus responsabilidades». To Iban Eshu.
2El que nació para mono, mono es y mono se queda
Obatalá y Yemayá vivían solos y tristes, y Obatalá le cogió lástima al mono, su hijo, que andaba por el mundo pasando trabajos: lo llevó a su casa, lo vistieron como una persona y hasta tenía asiento en su mesa. El mono se creyó importante — «estos dos sin mí no son nadie» —: le negó el pan a Obatalá, se le reviró, y se le tiró encima a Yemayá para ofikale trupon. Ella le pegó con su cadena y fue donde Orunmila (Awo Lamu Regun), que le vio Osa Di: «el que nació para mono, mono es y mono se queda». Le preparó la cadena: lo emborracharon, lo encadenaron y lo encerraron entre rejas — sin guerra, porque aunque siempre le ganarían, si los mordía se les enfermaba la sangre. Así el mono perdió su poder por no saber agradecer, y desde entonces vive encerrado cuando vive con los hombres.
Obatalá vivía con Yemayá; ambos vivían solos, porque sus hijos estaban regados por el mundo, y siempre estaban tristes. El mono, que era hijo de Obatalá, nadie lo consideraba y andaba por el mundo pasando trabajos, y Obatalá le cogió lástima y lo llevó para su casa, dándole albergue.
El mono poco a poco se fue ganando la confianza y el cariño de Obatalá y de Yemayá: le compraron ropas nuevas y lo vistieron que parecía una persona, y desde entonces andaba como un figurín. Él era quien esperaba las visitas que Obatalá y Yemayá tenían, y todos los que antes no lo consideraban empezaron a respetarlo. A la hora de comer, el mono tenía su asiento en la mesa de Obatalá y de Yemayá. Así las cosas, el mono se fue creyendo importante y empezó a pensar distinto, y se dijo: «Estos dos sin mí no son nadie».
Un día estaban sentados a la mesa y Obatalá le dijo al mono que le alcanzara el pan, y el mono le dijo que lo cogiera él mismo, pues cuando los reyes comían no se les molestaba. Obatalá se sorprendió de la contesta del mono y lo requirió; este se le reviró a Obatalá. Obatalá se retiró de la mesa, y entonces el mono se le tiró encima a Yemayá para que esta ofikale trupon con él. Yemayá — que en varias ocasiones había sorprendido al mono rascabucheándola cuando ella hacía vida con Obatalá — cogió y le pegó al mono en la cabeza con una cadena que ella tenía.
Yemayá aprovechó la oportunidad y fue para casa de Orunmila, que en aquella tierra se llamaba Awo Lamu Regun. Este le hizo osode, le vio Osa Di y le dijo: «El que nació para mono, mono es y mono se queda». Entonces le dijo a Yemayá: «Dame tu cadena» — y se la preparó, diciéndole: «Aprovecha ahora y llévale esta cadena a Obatalá; vuelvan a sentarse a la mesa a comer con el mono y denle bastante aguardiente, y cuando se esté cayendo le ponen la cadena y lo encierran, pues no les conviene tener guerra con él: aunque siempre le van a ganar, si los muerde se les va a enfermar la sangre».
Ellos siguieron los consejos de Orunmila, y cuando el mono estaba ya borracho le pusieron la cadena al cuello y lo hicieron esclavo; lo encerraron entre rejas, y todo el que venía se reía viéndolo encerrado y encadenado de aquella forma. Así el mono perdió su poder y volvió a ser lo que era — un mono —, por no saber agradecer la ayuda que le dieron Obatalá y Yemayá. Y desde entonces el mono vive encerrado cuando vive con los hombres, que son hijos de Obatalá y Yemayá en la tierra.
3Yemayá y los tres monitos
Yemayá compró en el mercado tres monitos muy graciosos para que la acompañaran, pues vivía sola: los bañó, los perfumó y los vistió, y vivía muy contenta con ellos. Yemayá tenía amores a escondidas con Orunmila, que la visitaba como para cuestiones religiosas, con ropas vistosas y su iñafá — cuando él llegaba, todos le rendían moforibale. Los monos, al ver a Orunmila, se encantaron y se fueron con él, dejando en la soledad a Yemayá.
En este camino, Yemayá fue al mercado y estaban vendiendo tres monitos muy graciosos, y como ella vivía sola los compró para que la acompañaran. Al llegar a la casa los bañó, los perfumó y los vistió.
Ella se pasaba el día con sus tres monitos en su casa, y todo el mundo tenía que ver con ellos: vivía muy contenta.
Yemayá tenía amores con Orunmila a escondidas: este visitaba a Yemayá como para cuestiones religiosas y de trabajos, y cuando estaban solos, ofikale trupon. Orunmila visitaba a Yemayá con ropas vistosas, con iñafá y todos sus menesteres, y cuando él llegaba todos le rendían moforibale.
Los monos, al ver a Orunmila, se encantaron y se fueron con él, dejando en la soledad a Yemayá.
4La maldición de la doncella🔒 Babalawo
5El robo del hijo del rey🔒 Babalawo
6El fuelle desobediente🔒 Babalawo
7El gavilán🔒 Babalawo
8Donde Osa no se podía abrir🔒 Babalawo
9Se adivinó para la gran revelación🔒 Babalawo
6 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →