Olofin trataba de perjudicar a Orunmila: cogió una cantidad de maíz de su depósito, lo tostó y lo sembró, y luego lo mandó a buscar para que le hiciera osode. Le preguntó por su siembra de maíz, y Orunmila le dijo que todos los granos nacerían. «Si no nacen todos», dijo Olofin, «me las arreglaré después contigo».
De camino a casa, Orunmila se encontró con Eshu, que le reveló la trampa: Olofin había tostado todo el maíz antes de sembrarlo. Le marcó ebbó con un gallo, que se lo diera a él. Elegba llamó a Shangó para trabajar y comer: entregó el ebbó en casa de Olodumare, dijo que Orunmila necesitaba maíz y le llenaron el saco. Por la noche fueron a la finca: Shangó comenzó a guataquear y Elegba sacaba los granos de maíz tostado que había sembrado Olofin y los sustituía por granos buenos. Cuando terminaron, se desató una fuerte tormenta de agua y truenos para que nadie se percatara de que habían trabajado allí. Al tercer día, el maíz sembrado por Olofin comenzó a nacer. Orunmila se presentó a cobrar su trabajo, y Olofin, admirado, hizo ebbó con chivo, gallo y gallina, y después una limpieza.