Patakíes · Los caminos del Odù
1La siembra de maíz tostado
Olofin, para perjudicar a Orunmila, tostó maíz de su depósito y lo sembró; luego le preguntó por la siembra, y Orunmila respondió que todo nacería: «Si no nacen, me las arreglaré contigo». Eshu descubrió la trampa y marcó ebbó; de noche, Shangó guataqueó y Elegba cambió grano por grano el maíz tostado por maíz bueno, y una tormenta borró sus huellas. Al tercer día, el maíz nació.
Olofin trataba de perjudicar a Orunmila: cogió una cantidad de maíz de su depósito, lo tostó y lo sembró, y luego lo mandó a buscar para que le hiciera osode. Le preguntó por su siembra de maíz, y Orunmila le dijo que todos los granos nacerían. «Si no nacen todos», dijo Olofin, «me las arreglaré después contigo».
De camino a casa, Orunmila se encontró con Eshu, que le reveló la trampa: Olofin había tostado todo el maíz antes de sembrarlo. Le marcó ebbó con un gallo, que se lo diera a él. Elegba llamó a Shangó para trabajar y comer: entregó el ebbó en casa de Olodumare, dijo que Orunmila necesitaba maíz y le llenaron el saco. Por la noche fueron a la finca: Shangó comenzó a guataquear y Elegba sacaba los granos de maíz tostado que había sembrado Olofin y los sustituía por granos buenos. Cuando terminaron, se desató una fuerte tormenta de agua y truenos para que nadie se percatara de que habían trabajado allí. Al tercer día, el maíz sembrado por Olofin comenzó a nacer. Orunmila se presentó a cobrar su trabajo, y Olofin, admirado, hizo ebbó con chivo, gallo y gallina, y después una limpieza.
2El comerciante desconocido
Un comerciante sin clientela atendió muy bien a un negrito que llegó a su negocio, y según lo atendía, prosperaba. Con la prosperidad se creyó importante y empezó a maltratarlo. El negrito — que era Elegba disfrazado de limosnero — se fue al comercio de al lado, se paró en la esquina, y trocó el camino de todos los clientes: el vecino arruinado prosperó, y el ingrato cayó en la ruina.
Había un comerciante desconocido, porque su comercio estaba muy distante de todos los demás y nadie lo conocía. Un día llegó un negrito a ese negocio y fue muy bien atendido por el dueño; y según lo atendía, el comerciante iba prosperando.
Fue tanta la prosperidad, que el comerciante se creyó muy importante y empezó a maltratar al negrito. Este se marchó al comercio más cercano, cuyo dueño, que sabía quién era, lo empezó a atender muy bien. El negrito se paró en la esquina del otro comerciante, trocándole el camino a todo el que iba para aquel comercio. Por eso el último comercio, cuyo dueño estaba arruinado, prosperó, mientras el otro caía en la ruina. El negrito era Elegba disfrazado de limosnero: si no tiene Elegba, hay que recibirlo a la carrera y atenderlo.
3Nace que la mujer le levante la mano al hombre
Oboni Yeku, nieta del Awó Iboshe e hija de un hijo de Shangó, se casó con un omo Ozain que le enseñó los secretos del güiro — y llegó a dominarlo: llamaba al güiro chiflando tres veces, le daba sangre de pescado fresco y se transformó en un gran poder. El hijo de Ozain la maldijo y la echó, pero solo el ebbó de los palos, dando golpes sobre su secreto, le quitó al fin el poder.
En la tierra Bari Bawa vivía el Awó Iboshe, que tenía una hija llamada Ibori Abariyeku; ella se fue de la casa porque él la maldijo por la mala forma que tenía con todo el mundo. Fue a dar a casa de un hijo de Shangó y tuvo con él una niña, Oboni Yeku, que creció muy bonita y se casó después con un omo Ozain que le enseñó grandes secretos, por lo que vivía muy bien — llegando a tener un gran dominio sobre el hijo de Ozain.
Ella iba todos los días adonde estaba el güiro para tener poder: lo llamaba chiflando tres veces, le daba sangre de pescado fresco y le cantaba «Yeyele Ikú, Yeyele Ikú, mawa Ozain». El güiro se movía, ella le echaba humo con su ashé y le hablaba; consagró un palo de arique para llamarlo con tres golpes. Cuando lo hizo por primera vez, se transformó en un gran poder, y cuando llegó el hijo de Ozain, se transformó en sangre. Él la maldijo y la echó — «más nunca estarás cerca de mí» —, dejándole la tierra donde vivía. Su hijo consagrado, Onikuele, insistió tanto al padre que este se fue a otra tierra con su santo, a triunfar. Onikuele llegó a la tierra de Oboni Yeku y se enamoró de ella; ella, con su poder, buscó que la llevara a su secreto. Un día ella cantó junto a su secreto, y él, al responder al canto, la fue aflojando: ella perdía poder mientras cantaba, y cuando él empezó a dar golpes con los palos del ebbó, la mujer perdió su poder por completo. Este camino explica que a todos los omo Ogún les llega Ikú primero que a su mujer, si no saben lo que tienen que hacer.
4La mujer de los tres reyes🔒 Babalawo
5El pacto de Oluwo Popo con Ikú🔒 Babalawo
6El comerciante desobediente🔒 Babalawo
7Eshu probó a Orunmila🔒 Babalawo
4 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →