El adivino de la tierra Atoromofe se llamaba Awó Ada Ilu y era jimagua de Awó Ada Ifa. Los dos cargaban el mismo Odù, Ojuani Tanshela, y a los dos les sobraba sagacidad e inteligencia, pero el carácter los separaba: Ada Ilu, soberbio y voluntarioso; Ada Ifa, afable, metódico y pausado. Babalawos ambos, y Osainistas de renombre, cada uno instruía en sus trabajos a los dieciséis hijos que tenía. Lo que a uno le gustaba era obrar para malo; lo que al otro, obrar para el bien.
Cuando los Fon atacaron al Obá Akishale, el rey acudió a los dos hermanos. Ada Ifa le indicó ebbó para salvar la situación; su hermano, cortar cabezas. Sabiendo de lo que era capaz este último para destruir, el Obá le encargó a él la brujería. Ada Ilu armó entonces un talismán terrible, que permanecía bajo tierra dentro de una cazuela, con cadena y paño negro. Azuzó aquellos poderes devastadores hasta borrar del mapa a los enemigos de Akishale; pero con los huesos de esos enemigos ya blanqueando al sol, el talismán se volvió contra el propio reino y arrasó con habitantes y guerreros, hasta llevarse a los dieciséis hijos de Awó Ada Ilu.
No quedó más remedio que llamar a Ada Ifa, quien le advirtió a su hermano: «Esto te ha pasado por tu carácter irascible. Sé obediente con las palabras de Orunmila y haz ebbó, porque aunque venzas siempre a tus enemigos, las ideas malas que engendre el poder de tu pensamiento se materializarán y te perseguirán». Ada Ilu se puso bajo el amparo de Orunmila, hizo ebbó y logró someter al monstruo de maldad salido de sus manos, si bien le tocó llorar a los hijos que su propio poder infernal había destruido. Aquí nace la cazuela de brujo: una fuerza destructiva enorme, que se maneja con cuidado, porque en este Ifá la soberbia es lo que hace perder.