Patakíes · Los caminos del Odù
1El tigre y la anciana
Un tigre gigante aterrorizaba una aldea de fabricantes de manteca de corojo, y el pueblo huyó a los islotes de las palmeras — dejando por unos días a una anciana enferma y llagada, encerrada en su choza reforzada. Sola y con miedo, puso a hervir un gran depósito de manteca. Cuando el tigre metió la cabeza entre el guano, le lanzó el aceite hirviendo a los ojos: cegado y quemado, huyó a la selva, donde los hombres lo remataron.
En una aldea cercana a la costa comenzó a merodear un tigre gigante que destrozaba los sembrados y atacaba a los nativos. Cundió el pánico entre los pobladores, que se dedicaban a fabricar manteca de corojo con la pulpa de los ikines de unos islotes cercanos, y decidieron irse a vivir a aquellos islotes hasta que pasara el peligro. Una familia tenía una anciana enferma, con el cuerpo llagado, y decidió dejarla en la aldea unos días mientras le construían una choza en los cayos; le dejaron comida y agua, y le reforzaron las paredes para que el tigre no pudiera entrar.
Al quedarse sola, la anciana sintió un gran temor: encendió el fogón y puso a hervir un gran depósito de manteca de corojo. Al anochecer el tigre llegó a la aldea y, olfateando, dio con la choza; la anciana, al oírlo rugir, se puso en guardia al pie del fogón. Cuando el tigre logró meter la cabeza por entre el guano de la pared, ella llenó un recipiente de aceite hirviendo y se lo lanzó por los ojos, cegándolo y quemándole la cabeza; salió corriendo mientras el tigre, retorciéndose de dolor, huía sin rumbo a la selva. Al día siguiente los hombres, enterados, se armaron de flechas y machetes, siguieron su rastro, lo rodearon y lo mataron. No se crea tan fuerte ni se atenga a su fuerza física: un infeliz le puede hacer pasar un gran susto.
2El niño de la cara linda
Un niño muy bonito hablaba con la luna desde el balcón: «Mi padre querrá echarme agua en las manos, y yo me negaré». Los padres, temiendo servirle de criados, lo lanzaron al mar — y un pájaro marino lo llevó tres días en el pico hasta una tierra lejana, donde el Obá lo adoptó y le hizo Ifá: salió Ojuani Ogunda. Años después, hospedado sin saberlo en el comercio de sus padres arruinados, rechazó el agua en las manos — y la profecía los delató. Ifá ordenó que recibieran Ifá, para poder perdonarles la falta.
Un hombre tenía un hijo chiquito y muy bonito, que acostumbraba asomarse a la ventana del balcón a mirar la luna. Una noche el padre le preguntó por qué, y el niño respondió: «La luna habla conmigo, y me ha dicho muchas veces que mi padre querrá echarme agua en las manos, y yo voy a negarme». El padre se lo contó a su esposa, que dijo: «Eso quiere decir que nosotros vamos a hacer de criados; lo mejor sería tirarlo al mar». Y desde el balcón lo lanzaron al mar — pero pasaba un pájaro de mar que lo recogió, y anduvo tres días con él hasta una tierra lejana. Allí cazaron al pájaro, y al abrirlo delante del Obá encontraron en la bolsa del pico a un niño muy lindo. El Obá, que era Awó, lo adoptó, le hizo Ifá a los siete años — salió Ojuani Ogunda — y a los veintiuno le dio dinero: «Ve a recorrer otras tierras, para que aprendas más Ifá».
Mientras tanto, sus verdaderos padres habían caído en la pobreza y abrieron un comercio en otra tierra, viviendo con el remordimiento de lo que hicieron. Ojuani Ogunda llegó con su comitiva a hospedarse justo allí, sin que lo reconocieran. Apenas llegó, vino el padre a echarle agua en las manos para que se las lavara: el Awó se negó, y el padre se estremeció. «¿Por qué te estremeciste?», preguntó. «Es que recuerdo que tuve un hijo que tendría tu edad, al que arrojé al mar porque hablaba con la luna y me dijo que yo habría de echarle agua en las manos y él se negaría». De regreso, el Obá le recordó cómo había llegado a esa tierra, y que Ifá le había dicho que su poder estaba en sus manos: comprendió que era el hijo del comerciante. El padre quiso que fuera a vivir con ellos, pero el Obá sentenció: «Ifá ordena que ellos vengan a vivir a casa de Orunmila y reciban Ifá, para que se les pueda perdonar la falta — ya que su hijo es Babalawo».
3El castillo de Oshún y Obá
Oshún gobernaba una tierra de alegría entre el mar y el río, y acogió a su hermana Obá, decepcionada de los hombres. Al ausentarse, dejó a Obá al frente — y esta prohibió la música y los bailes, y con omieros y polvos volvió tristes y frígidas a las mujeres. Los hombres hicieron ebbó con el Awó de Orunmila; Eshu Laboni nadó río arriba a buscar a Oshún, y a la orilla del río las hermanas pactaron: Obá llevaría a los hijos a las buenas costumbres — pero Oshún gobernaría las cabezas y los corazones.
Oshún gobernaba en una tierra donde todo era alegría y felicidad, en un castillo enclavado entre el mar y el río. Allí llegó a refugiarse su hermana Obá, huyendo del mundo, decepcionada de los hombres, con su pueblo emigrando junto a ella. Oshún le dio albergue, la impuso del gobierno y obligó a su pueblo a reconocerla como hermana mayor y rendirle culto. Cuando Oshún tuvo que atender otras tierras, dejó a Obá al frente — y Obá, mujer triste, melancólica y frígida, planificó modificar la vida: prohibió la música y los bailes, y ordenó que las novias sirvieran nueve lunas en el castillo antes de la boda, y las casadas las nueve lunas del embarazo. Con sus omieros y sus polvos en el vientre y la cabeza, las mujeres rechazaban a los hombres y se volvían tristes como ella: el pueblo de Oshún se volvió taciturno.
Los hombres fueron al Awó de Orunmila del pueblo cercano, que les vio Ojuani Ogunda y les marcó ebbó — el gallo para Eshu, dos gallinas blancas, dos amarillas, dos muñecos, iwereyeye, imo de Oshún, aguas de mar y de río y dos caretas. El Awó le dio el gallo a Eshu Laboni en la orilla del río y le encomendó buscar a Oshún; este nadó hasta la tierra Ibediaña, donde Oshún estaba de fiesta con sus hijos, y le contó todo. Oshún nadó de vuelta con él, encontró a su población llorosa y se presentó en el castillo como si nada supiera; convocó una fiesta por su regreso — Obá se opuso, pero tuvo que aceptar, y no fue. En medio de la fiesta sin diversión, llegó el Awó con las gallinas, las hierbas y las aguas, y junto a Oshún llamaron a Obá a la orilla del río: allí comió Obá las gallinas blancas y Oshún las amarillas. Y Oshún sentenció: «Tú eres mi hermana mayor y te respeto, pero has hecho infelices a tus hijas y a las mías. Desde hoy, tú las llevarás a buenas costumbres y a huir de los vicios; vivirás en mi casa y todos te rendirán ofrendas — pero yo gobernaré las cabezas y los corazones de nuestros hijos». El castillo volvió a ser alegre, y a Obá le ofrendaron animales vírgenes, huevos, pescados y frutas en las bodas y los nacimientos. Por eso a los hijos de Obá se les hace Oshún con oró para Obá, y todos los hijos de Oshún deben tener Obá, para su salud, control y organización en la vida.
4Por qué los Awó pueden tener Igba Odu🔒 Babalawo
5Ogún, el forjador del machete🔒 Babalawo
6El tigre vestido de rojo🔒 Babalawo
7El árbol Adán y el jabón de los esposos🔒 Babalawo
4 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →