En la tierra de Boso tenía su casa el Awó Agbombo. Sus tres hijos eran Awoses y Osainistas como él, y los tres, hijos de Ojuani Obara. Al sentir cerca la muerte los llamó y les dejó dicho: «El ashé de este Odù está en la chiva. Cuando yo muera, no se dividan: vivan más unidos que antes, para que su patrimonio y ashé sea mayor. Y cuídense: entre ustedes hay uno que es bastardo — pero por eso no dividan mi patrimonio». Falleció, y sus hijos hicieron justo lo contrario: se enredaron en pleitos, reprochándose unos a otros la bastardía. Akueti, que era el mayor, puso fin a la disputa: «Somos Awoses y esto es un descrédito para Ifá: que el Obá sea el juez». Echaron a cuestas sus Ifases y tomaron la gran calzada empedrada, cada quien por su lado y sin dirigirse la palabra.
En el camino se les fue apareciendo, uno por uno, un viejo de ropa blanca y bastón que andaba buscando su chiva. Del primero supo que había pasado una tuerta, porque la hierba aparecía comida de un solo lado; del segundo, que traía herido el lomo, porque quedaban gotas de sangre en las hierbas rozadas; del tercero, que cargaba una gran jaba, porque las pisadas se hundían parejo de los dos lados. El anciano sacó su conclusión: «Los tres me han dado sus señas y ninguno sabe dónde está: se la han robado». Y allá fueron todos ante el Obá. Este los oyó, se hizo osode, se vio este Ifá y falló que robo no había: el anciano tendría que buscar la chiva por la calzada y repartir entre los tres, en partes iguales, el dinero de la jaba. Esa noche el Obá les dio alojamiento y mandó con la comida a un sirviente, con el encargo de escucharlos a escondidas. Habló el primero: «El arroz está a punto, pero sucio». Siguió el segundo: «La carne huele a perro». Cerró el tercero: «Todo se puede comer, pero el Obá es un bastardo». El Obá se puso a averiguar: la criada había estado con su marido y no se lavó las manos; el corderito venía de una carnera a la que un perro mató antes del parto; y su propia madre, entre lágrimas, le confesó que era hijo de un esclavo, pues al marido lo dieron por muerto en la guerra — cincuenta años llevaba callando aquello. Ya al otro día el Obá se dirigió a los hermanos: «Su padre era un Awó sabio: lo de la chiva y el ashé ya lo vieron con la chiva de Oshalufón; y no peleen — el bastardo soy yo, y gobierno este pueblo. Vivan unidos, para que sean grandes, como quería su padre». Eboru, eboya, eboshishe.