Osabeyi era un personaje de la tierra Itako, donde a cada recién nacido le daban ese mismo nombre y lo distinguían con títulos y números distintos. El príncipe no trabajaba en nada ni atendía a los mayores: hacía únicamente su voluntad, y por eso los mayores terminaron por darle la espalda. Se figuró que con su grandeza y su nombre ilustre le bastaba para vivir feliz, y abandonó la casa rumbo al campo. Mientras le duró el dinero no le faltaron amigos ni aduladores; en cuanto Shangó y Elegba le descompusieron los asuntos, los amigos se apartaron, y quienes antes lo halagaban pasaron a ser enemigos suyos. Cayó enfermo de tristeza y del cerebro, y encima se quedó sin casa: la candela se la desbarató.
Andando ya muy mal, se decidió a buscar a Orunmila, quien le hizo osode, le vio este Odù, le dio muchos consejos y le montó ebbó con lo poco que le quedaba, con la orden de dejarlo en una loma dentro de una jícara. El príncipe llegó rendido al pie de la loma, y ahí la tiñosa se apoderó del ebbó: «Espera, yo le entregaré el ebbó a Oduduwa y Obatalá». Oduduwa lo sacó de la jícara y resolvió: «Tiñosa, devuélvele el dinero y dile que regrese donde estaban sus padres; que primero les pida perdón y después les haga regalos o les dé una fiesta, para alegrarlos. Y que a partir de ese momento obedezca a sus mayores, para que no caiga en lo mismo — porque esta es la última oportunidad que tiene». Con la jícara, el dinero y el recado de vuelta, el príncipe cumplió al pie de la letra, y así recuperó la felicidad.