Patakíes · Los caminos del Odù
1El ebbó de la madre
Un muchacho iba a ver a su novia, y su madre lo mandó a casa de Orunmila: Oggunda Trupon — «haz ebbó, porque te van a matar». Al salir se encontró con un amigo: «anda, bobo, ¿tú crees en eso? Ese Orunmila es un brujo vividor: vamos a tomar». Empezó a beber, se le cortó el cuerpo, y de bodega en bodega el amigo lo siguió convidando. Mientras tanto, en la casa de la novia — que era casa de mujeres de la vida — se hacía un sorteo para darle muerte al último que llegara, y el que mataba era Ogún Alaguedé. El muchacho, borracho, se demoró en el camino; y la madre, viendo que tardaba, fue a casa de Orunmila e hizo el ebbó por su hijo. Cuando el muchacho llegó, lo agarraron y lo metieron en un cuarto: forcejeó hasta zafarse de la soga, se escondió tras la puerta, vio dónde Ogún guardaba su machete, lo cogió, y escurriéndose mató al caballo de Ogún — al ver la sangre correr, todos se pusieron a cantar. El muchacho cogió su caballo y escapó; al pasar el río se cubrió el cuerpo con flor de agua, a Ogún se le quitó la furia, y la gente quedó tranquila. En casa de Orunmila el muchacho se salvó — y Orunmila lo mandó a darle moforibale a su madre: gracias a ella, por hacer ebbó por él, se había salvado. Aquí nace que a través de la madre se le haga ebbó al hijo.
Había un muchacho que iba a un punto por una novia que él tenía, y su madre lo mandó a casa de Orunmila, quien le hizo osode y le vio este Ifá, Oggunda Trupon, y le dijo que hiciera ebbó, porque lo iban a matar. Cuando el muchacho salió de casa de Orunmila, por el camino se encontró con un amigo que le preguntó qué cosa le pasaba, y este le contestó que nada: que solamente había ido a casa de Orunmila y tenía que hacerse rogación. El amigo le dijo: «Anda, bobo. ¿Tú crees en eso? Ese Orunmila lo que es un brujo vividor: vamos ahora a tomar aguardiente». Se fueron, y al mismo tiempo que empezó a tomar se le cortó el cuerpo al muchacho; y al poco tiempo de andar, en otra bodega, el amigo lo vuelve a convidar a que se tomara otro trago. Mientras ocurría esto, en la casa de la novia — que era una casa de mujeres de la vida — se hacía un sorteo para darle muerte al último que llegara, y el que mataba era Ogún Alaguedé.
El muchacho, por lo borracho que estaba, se detuvo en el camino; y viendo la madre que el muchacho se tardaba, salió y fue a casa de Orunmila, y ella hizo el ebbó por el hijo. Cuando el muchacho llegó a la casa de su novia, lo agarraron y lo metieron dentro de un cuarto. Él empezó a forcejear hasta que logró zafarse de la soga y se escondió detrás de la puerta, y enseguida empezaron a buscarlo. El muchacho vio dónde Ogún guardaba su machete y lo cogió, y escurriéndose salió, y con el machete mató al caballo de Ogún; donde, al ver la sangre corriendo, todos empezaron a cantar: «Sara ikoko ogunde Ogún onile Ogún lokua». Entonces el muchacho cogió su caballo y se escapó; y cuando pasó el río cogió flor de agua (oyú oro) y se cubrió el cuerpo con eso, y entonces a Ogún se le quitó la furia y la gente se quedó tranquila. Y fue a casa de Orunmila, donde el muchacho se salvó, y Orunmila mandó a darle moforibale a su madre, porque gracias a ella se había salvado, por hacer ella ebbó por él. Nota: aquí nace que a través de la madre se le pueda hacer ebbó o cualquier ceremonia a los hijos.
2Los dos hijos de Ogún
En la tierra Añakabi Obe Igí vivía Obekukako, hijo de Ogún, que trabajaba el hierro, con su hermano menor Omotuto, inteligente. Vivían cómodos gracias a una agadá con secreto que les dio su padre: la atendían dándole palomas oscuras con pescado fresco. Pero Omotuto decidió independizarse y, a escondidas, fabricó un cuchillo que le encargó Obatalá — pues en aquel tiempo los hombres eran mudos, con la boca cerrada — y les abrió la boca sin permiso de Obatalá, a quien no le quedó más remedio que darles la palabra. Obatalá mandó a su mensajero Adan Kolaye a acabar con la casa de los hermanos; pero este era hermano de Obekukako, y al llegar solo soltó la guinea: cuando esta se metió en la casa, todos le cayeron atrás, y Omotuto, sin fijarse, se cortó la mano con la agadá y murió — en casa de herrero, cuchillo de palo. Obekukako se vio Oggunda Trupon con Orunmila, que le marcó ebbó; en el camino, Adan Kolaye le enseñó las ceremonias: la gallina a Egun Iyaniwa, el pescado fresco en la boca de la agadá con carne de res, corojo, orí y ataré, las palomas oscuras con el secreto del padre, el gallo a Eshu con la agadá, y cortarle la punta al cuchillo para hacer el inshé forrado en piel de leopardo — que llevará siempre encima. Llevaron las cabezas y el cuchillo a Obatalá, que los lavó los ojos con ewe dundun, cargó el mango con los 16 ikodie y cuentas blancas y de Orunmila, y le dio tres agadás de madera: una en el secreto del padre, otra detrás de la puerta y otra dentro de su Ifá. «Con esto nunca habrá problemas en tu vida — pero respeta mucho a Obatalá y a Orunmila para no tener tragedia en el mundo». To Iban Eshu. Aquí nace la carga del cabo del cuchillo del kuanaldo.
En la tierra de Añakabi Obe Igí vivía Obekukako, el cual era hijo de Ogún y trabajaba el hierro. Él tenía un hermano más chico que vivía con él y se llamaba Omotuto, y era inteligente; y ellos vivían muy cómodos gracias a una agadá que les había dado su padre Ogún, la cual tenía un secreto. Ellos la atendían y le hacían ceremonias, dándole de comer paloma oscura con pescado fresco, y le cantaban: «Agada obefenifa obonishe eye ni eye eyele bawa Ogún». Y este secreto les daba fuerza para el trabajo. Pero un día Omotuto decidió independizarse, y a escondidas de su hermano empezó a fabricar un cuchillo que le encargó Obatalá — pues en aquel tiempo los hombres eran mudos, ya que tenían la boca cerrada —, y Omotuto les abrió la boca sin el permiso de Obatalá, y a este no le quedó más remedio que darles la palabra. Pero Obatalá mandó a Adan Kolaye, que era su mensajero, a que acabara con la casa de los hermanos; mas él era hermano de Obekukako, y cuando llegó a la casa solo soltó la guinea; y cuando esta se metió en la casa, todos le cayeron atrás, y Omotuto no se fijó y se cortó la mano con la agadá y se murió.
Obekukako, que se estaba mirando con Orunmila, se vio Oggunda Trupon, donde Ifá le dice: «En casa de herrero, cuchillo de palo» — y que tenía que hacer ebbó con machete, cuchillo, gallo, paloma, pescado fresco, carne de res y ekó. Se puso en camino de Ilé Loya en busca de los ingredientes, y se encontró por el camino con Adan Kolaye, que le dijo: «Te voy a ayudar: todo lo que pasó fue que tu hermano quiso ser más que Obatalá. Ahora tienes que hacerle ceremonia al cuchillo, para que no tengas más problemas; pero antes tienes que darle gallina a Egun Iyaniwa», y le cantó: «Adie mafun obe iyamiwa layere iyanla wa Ifa obe layere». Entonces le dio un pescado fresco y le dijo: «Mete la agadá dentro de la boca y le echas carne de res, corojo, orí, jutía, pescado, maíz y dos ataré; coge paloma oscura y das de comer junto con el secreto de tu padre», y le cantó: «Eyele ni kuani kuani bi oye agada obe kokoyo kukunda». Entonces le dijo: «Ahora sácalo, y con él le das gallo a Eshu». Y Adan Kolaye le dijo: «Coge y córtale con lo que tú trabajas la punta al cuchillo», y le cantó: «Iku kuini kuini obe alaguede shegun». Entonces cogió la punta del cuchillo, las aletas del pescado fresco, erú, obí, kolá, airá, obi motiwao, ejá oro, jutía, pescado, maíz y siete ataré, y lo forró con piel de leopardo: «Este inshé lo llevarás siempre encima para que no tengas problemas». Y le dijo: «Coge la cabeza de la gallina, la del gallo y la paloma, échale todo lo del inshé y llévaselo a Obatalá con el cuchillo, que él te dará un secreto». Y se pusieron en camino cantando: «Oshangriñan Baba oluguere omo obe boroniwa Adan Kolaye moforibale kuade Baba layeo ori ni Ifa».
Obatalá, que se iba a lavar los ojos con ewe dundun (o ewe tetendaye), los recibió y les lavó los ojos a todos con eso. Y ellos se hincaron ante Obatalá, y este le puso las manos en la cabeza a Awó Obekukako y le echó su bendición y le dijo: «Con esto que me trajiste y esto que te doy» — sacó 16 ikodie — «carga el mango del cuchillo y lo forras con esto» — y le dio cuentas blancas y de Orunmila — «y lo pones un tiempo al lado de tu Ifá, y otro tiempo me lo traes a mí, para yo guardártelo». Y Adan Kolaye lo envolvió en algodón y manteca de cacao y se lo entregó a Obekukako, y le dijo: «Con esto nunca matarás a nada». Y le dijo: «Y ahora también coge estos tres agadás de madera: dejas uno en el secreto de tu padre, otro detrás de la puerta, y el otro lo pones dentro de tu Ifá. Con eso nunca habrá problemas en tu vida; pero antes tienes que respetar mucho a Obatalá y a Orunmila, para no tener tragedia en el mundo». To Iban Eshu. Nota: aquí nace la carga del cabo del cuchillo del kuanaldo.
3Ikú y Emere, la Abikú
Ikú vivía en una tierra donde nunca comía: por mucho que buscaba, no encontraba comida. Se consultó con Orunmila: Oggunda Trupon — ebbó, irse de esa tierra y comer solo frutas maduras. Siguió el consejo y se fue a una tierra donde todos nacían enfermos, y ella se los comía: comida abundante. En esa tierra, una mujer embarazada fue a consultarse: Orunmila le mandó ebbó, pero no tenía dinero — hizo una colecta entre sus parientes, hizo el ebbó y lo llevó al cementerio sin mirar atrás. Orunmila mandó a Oniborí a acompañarla y proteger a la criatura para que Ikú no se la comiera. Nació Emere; los parientes, al enterarse del sentido de la colecta, protestaron, y Elegba, que lo oyó todo, se disgustó y se fue. Una tarde la fiebre se apoderó de Emere: sudaba, su cuerpo se llenó de agua, no podía mirar; la madre lloró, reunió a sus parientes para rogar al cielo, y Oniborí dijo: «esto está muy bien» — y se llevó a la niña. Emere era una doncella Abikú: cuando pensaba le dolía la cabeza, tenía la vista corta de cerca y buena a distancia. A los 15 años, Oniborí dijo: «voy a llevarte donde tu madre, pero antes iremos a casa de Obatalá». Al salir de casa de Obatalá, Oniborí llevó a Emere a casa de su madre — e Ikú no se la pudo comer.
Ikú vivía en una tierra donde nunca comía: por mucho que buscaba, no encontraba la comida. Viéndose así, fue a consultarse con Orunmila, quien le hizo osode y le vio este Ifá, Oggunda Trupon, e Ifá dijo: «Tienes que hacer ebbó», y que se tenía que ir de esa tierra o pueblo, y que solo comiera frutas maduras. Ikú siguió los consejos de Ifá, y así se fue para una tierra donde todos nacían enfermos, y ella se los comía. Así Ikú estaba contenta al tener comida abundante.
En esa tierra había un matrimonio cuya mujer estaba embarazada, y cuando se dio cuenta de su estado de gestación se puso a pensar y dijo: «Voy a consultarme con Ifá». En el registro, Orunmila le mandó hacer ebbó. La mujer salió decidida de la casa de Orunmila, pero no tenía dinero para hacer el ebbó. Cuando llegó, hizo una colecta entre sus parientes y familiares y fue a hacer el ebbó. Cuando terminó, Orunmila la mandó a llevar el ebbó al cementerio y que no mirara para atrás; al regreso, Orunmila le dijo a Oniborí que la acompañara y que estuviera a su lado, y que cuando naciera la criatura la protegiera para que Ikú no se la comiera. Cuando nació Emere, Oniborí esperaba para que no muriera y librarla de Ikú. Al enterarse los parientes del sentido de la colecta, empezaron a protestar, y Elegba, que lo había oído todo, se disgustó y se fue. En eso la madre dijo: «¿Qué será de Emere sin mí?».
Un día, al caer la tarde, la fiebre se apoderó de Emere: empezó a sudar y su cuerpo se llenó de agua, no podía mirar; su madre lloró y lloró al verla en las condiciones en que estaba. La madre se decidió y buscó a sus parientes para rogar al cielo. Oniborí dijo: «Esto está muy bien», y se llevó a la niña. La niña era una doncella, era Abikú: cuando pensaba le dolía la cabeza, tenía la vista corta, pero veía bien a larga distancia. Cuando cumplió los 15 años, Oniborí dijo: «Voy a llevarte donde está tu madre, pero antes iremos a casa de Obatalá». Al salir de la casa de Obatalá, Oniborí llevó a Emere a casa de su madre — e Ikú no se la pudo comer. Nota: por eso, cuando este Ifá se le ve a una embarazada, se le hace ebbó y se le entrega un Eshu que proteja al niño durante el embarazo y después del parto — es muy posible que sea Abikú; y al niño de este signo hay que revisarle la vista y entregarle guerreros.
4Donde Olofin bendijo al pato🔒 Babalawo
5El caballo del lunar en la frente🔒 Babalawo
6La guerra de los dos hermanos🔒 Babalawo
7Cuando Ogún envió la buena fortuna a Otrupon🔒 Babalawo
8Se adivinó para que Ogún y Otrupon estuvieran bien🔒 Babalawo
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