Patakíes · Los caminos del Odù
1El elefante y el cazador
Un cazador fue a mirarse con Orunmila, que le mandó ebbó para que no tuviera pérdida — pero no hizo nada. Cada vez que cazaba y tiraba su flecha, no veía la pieza: Eshu le hacía la maldad de desaparecerle lo cazado. Una vez pasó por esa tierra un elefante que iba a morir a la montaña. El cazador, viéndose tan mal, volvió donde Orunmila: «ahora te cuesta el doble». Hizo el ebbó — dos gallos, siete gajos de salvia, hacha y tela blanca. Al salir, encontró al elefante moribundo, le tiró con su flecha, y este se tambaleó y cruzó por un puente — que era de salvia. El cazador lo siguió: al otro lado de la montaña estaba toda la caza que le había desaparecido. Amarró los colmillos de los elefantes hasta que a los nueve ya no le cabían más, les cortó el rabo, y vino la gente a buscar la carne. Uno dio un hachazo en la cabeza del elefante y encontró un aweba con tapa: lo llevaron a Orunmila, que dijo: «no lo destapen — háganle una funda, adórenlo y pídanle lo que quieran; cuando tengan que darle de comer, quítenle la funda pero no lo destapen: denle la comida por fuera».
Había un cazador que fue a mirarse con Orunmila; este le hizo osode y le dijo que hiciera ebbó para que no tuviera ofo. Pero el cazador no hizo nada. Cada vez que iba de caza y tiraba con su flecha, no veía la pieza, pues Eshu le hacía la maldad de desaparecerle lo que cazaba. Una vez fue un elefante por esa tierra, pero dicho animal iba a morir a la montaña.
El cazador se vio tan mal que volvió a casa de Orunmila, y este le dijo que ahora le costaba el doble. Hizo el ebbó con dos gallos, siete gajos de salvia, jutía, pescado, maíz, corojo, un hacha y tela blanca. Y así lo hizo el cazador. Cuando salió a cazar, se encontró con el elefante que se iba a morir a la montaña; le tiró con su flecha y este se tambaleó, pero se fue por un puente, que era de salvia. El cazador lo siguió, encontrándose al otro lado de la montaña toda la caza que había desaparecido. Contento con ello, empezó a amarrar todos los colmillos de los elefantes y a echarlos en la alforja para llevárselos; pero al llegar a nueve, ya no cabían más. Entonces les cortó el rabo, y vino la gente a buscar la carne. Pero uno dio un hachazo en la cabeza del elefante y encontró un aweba con tapa. Lo cogió y se lo llevó a Orunmila, y este le dijo: «No lo destapen: háganle una funda, adórenlo y pídanle lo que quieran; y cuando tengan que darle de comer, quítenle la funda, pero no lo destapen — denle la comida por fuera». Nota: hay que hacer Elegba, y si lo tiene, hay que ver qué hay que hacerle o componerle. Marca desbarate o aplastamiento; hay uno que se quiere ir.
2Cuando en la tierra Bebe Oriaye no se conocía a Olofin
En la tierra Bebe Oriaye no se conocía a Olofin, y el Babalawo Funke — a quien los Awoses y los Orishas buscaban para hacer Ifá a sus hijos — se negaba, porque no existía Olofin, y ellos se ponían bravos. Un día se miró con Orunmila y salió Oggunda Ka: coger una jícara, poner dentro el signo, darle un carnero llamando a Shangó, enterrar la cabeza en la jícara al pie de la ceiba, y con la carne dar de comer a todos los Babalawos de su casa. Al matar el carnero llamó a Orí Baba Olorun, sintió una cosa grande en su cabeza, y con dos palomas le dio de comer a su cabeza junto a la cabeza del carnero, rezando hasta los 16 Meyi. Dormido, una voz le dijo: «yo me llamo Baba Oriye: te voy a decir tu gran secreto y dónde buscarlo — encontrarás al elefante y a Shangó». Despertó asustado, y Shangó le tocó la puerta con Egun: «dame un gallo para Egun, que tiene hambre; hay que ir a la tierra Belekun Ori Aye, donde hay un río muy grande al que van a morir los elefantes». Dieron carnero a Egun; se formó un viento que arrancó matas de salvia; Shangó puso un odu-ará y un gorro en la cabeza de Funke, tiraron la salvia al río y se formó un gran puente. Funke lo cruzó rezando; Shangó mandó truenos y rayos, todo se oscureció, y Funke cogió la jícara que tenía la cabeza del elefante. Shangó masticó coco con orí, efun, epó y un polvo, lo echó en la jícara con el odu-ará, y puso manteca de cacao en la cabeza de Funke. Egun tocó el agogó de Obatalá, cayó del cielo agua caliente y fría, y llegaron a casa de Orí, que les dijo: «yo te haré tu gran secreto, para que puedas hacer Ifá en la tierra». To Iban Eshu.
En este camino, en la tierra Bebe Oriaye no se conocía a Olofin, y había un Babalawo que se llamaba Funke, al que los Awoses iban a buscar para hacer Ifá. Los Orishas iban a esa tierra a buscar a ese Awó para que les hiciera Ifá a sus hijos, y él se negaba porque no existía Olofin, y ellos se ponían bravos. Un día, Awó Funke se miró con Orunmila y le salió este Odù, Oggunda Ka, e Ifá lo mandó a que cogiera una jícara, pusiera dentro de ella Oggunda Ka, le diera un carnero llamando a Shangó, pusiera la cabeza dentro de la jícara y la enterrara al pie de la ceiba; y que la carne la cocinara y les diera de comer a todos los Babalawos que había en su casa. Cuando fue a matar el carnero, fue llamando a Orí Baba Olorun y cantaba: «Ori layee ori layekun Baba lorun ori layee babayerun yemi Ifa Olofin layeni Orun». Y sintió una cosa grande en su cabeza; cogió dos palomas, y junto a la jícara que tenía la cabeza del carnero, le dio de comer a su cabeza junto con la cabeza del carnero, y decía: «Fori eye eye lekun fiba Ejiogbe Baba lekun ori eye» — y siguió rezando hasta los 16 Meyi. Se levantó y cocinó las palomas con cebollas, vino seco y manteca de cacao, y se las comió; puso los huesos en la jícara y la tapó, quedándose dormido.
Sintió una voz entre sueños que le decía: «Yo me llamo Baba Oriye: te voy a decir tu gran secreto y dónde tienes que ir a buscarlo para que lo encuentres. Vas a encontrar al elefante y te encontrarás con Shangó, que te dirá lo que tienes que hacer con la jícara». Entre sueños, Funke se despertó asustado; pero en eso Shangó le tocó la puerta, y venía con él Egun. Shangó le dijo: «Dame un gallo para dárselo a Egun, que tiene hambre». Egun se puso a comer el gallo, y Shangó se puso a hablar con Funke y le dijo: «Hay que hacer ebbó; tenemos que ir a la tierra Belekun Ori Aye, que no se puede pasar como quiera, porque hay un río muy grande donde van a morir los elefantes; pero hay que llamar al Egun que se llama Ori Onilogun Egun Maye Afefetekun». Le dieron de comer a Egun carnero, y cuando estaba comiendo se formó un viento que empezó a arrancar matas, trayendo al pie de Shangó y Funke salvia; y Shangó le puso un odu-ará a Funke en su cabeza y un gorro, y cargaron con aquella salvia y la tiraron al río, formándose un gran puente. Shangó le dijo a Funke: «Tú tienes que decir: Ogunda Ka Awo bayeni Awo Funke Baba yeku lelekun aguani eun Baba ori aye Olofin» — y según iba pasando por el puente, iba diciendo esto.
Shangó le dijo: «Te espero aquí para ir a casa de Ori Aye». Y se puso a pasar el río; Shangó mandó truenos y rayos, se puso oscuro todo aquello, y Awó Funke cogió una jícara que tenía la cabeza del elefante y viró para atrás. Shangó cogió un coco que llevaba, lo partió, lo masticó y le echó manteca de cacao, cascarilla, corojo y un polvo que llevaba, y lo echó en la jícara que cogió de Ayebelekun; le quitó el odu-ará que tenía en la cabeza y lo echó en la jícara, y le puso manteca de cacao en la cabeza de Funke. Salieron a camino Shangó y Funke, que volvieron a cargar con Egun, y le dijeron: «Vete y dile a Elegba que me mande el agogó de Obatalá». Y en ese momento empezó a caer agua caliente y fría del cielo, y Shangó siguió caminando. Obatalá le entregó el agogó a Elegba para que se le diera a Egun, y este empezó a tocarlo y a cantar: «Baba Olofin Ifa ni leyekun agogo layele». Y llegaron a casa de Orí, quien los mandó a pasar y les dijo: «Yo te haré tu gran secreto, para que puedas hacer Ifá en la tierra». To Iban Eshu. Nota: aquí nació que para hacer Ifá hay que tener Olofin; y al Babalawo que se le entrega Olofin hay que hacerle los tres paraldos a la orilla del río — con gallina jabada, negra y blanca — cada uno con un gajo de salvia, tirándolos al río.
3Los dos cazadores: la duda de la moral
Dos cazadores se internaron en el bosque tras los elefantes: cada vez que herían uno, se les escapaba cruzando un caudaloso río cuyo vado solo los animales conocían, y quedaban desorientados ante la arena movediza. Un día hirieron a un elefante y le siguieron el rastro; el animal vadeó por lo firme, y ellos se internaron en el arenal, resbalando por el fango del terreno elevado. En ese trance, el cazador joven se subió a las espaldas del viejo para alcanzar tierra firme — y allí, amenazándolo con su lanza, abusó de él: el viejo prefirió perder la honra antes que perder la vida. Tiempo después, el joven, entre doncellas y tragos, contó lo sucedido en el bosque. El comentario llegó a oídos del viejo: en el pueblo empezaron a dudar de su moral, y tuvo que marcharse a vivir a otra parte. Por eso este Ifá sentencia: es preferible perder la vida antes que perder la honra — y prohíbe la bebida, que hace revelar los secretos.
Eran dos cazadores que se internaron en el bosque. Cada vez que herían a un animal nunca podían capturarlo, pues se les perdía en la espesura. Así estuvieron mucho tiempo, dedicados a cazar elefantes: cuando lograban acertar a alguno con sus armas, se escapaba a través de un caudaloso río cuyo vado los animales conocían. Los dos cazadores quedaban desorientados ante la arena movediza del río y se preguntaban: «¿Cómo es posible que, teniéndolos a mano, desaparecieran?». Uno de esos días volvieron a herir a un elefante y le siguieron el rastro. El elefante vadeó el río y pudo cruzarlo por el sitio más firme de la arena movediza. Los cazadores se habían internado en el arenal tratando de seguir el rastro del elefante; alcanzarlo les costó mucho, pues el terreno era elevado y resbalaban por el fango.
Ante tan difícil situación, el cazador más joven dijo al más viejo: «Voy a treparme en tus espaldas para alcanzar la tierra firme; después te alzo a ti con una cuerda». Y en aquel trance, el joven, alterado, amenazó al hombre más viejo con su lanza y abusó de él: el viejo prefirió perder la honra antes que perder la vida. Tiempo después, estaba el cazador más joven acompañado de varias doncellas cuando vio al más viejo. Una de las doncellas le preguntó: «¿Por qué ese señor, que es tu amigo y compañero de caza, no ha venido a saludarte? ¿Qué problema hay entre ustedes?». El cazador más joven calló; pero tanta fue la insistencia de la doncella, y el efecto de los tragos, que contó lo sucedido entre ellos en el bosque. El comentario llegó a oídos del viejo: en el pueblo se empezó a dudar de su moral, y tuvo que marcharse a vivir a otra parte. Nota: de aquí la sentencia de este Ifá — es preferible perder la vida antes que perder la honra, pues el que la pierde vive desmoralizado el resto de su vida; y la prohibición de las bebidas alcohólicas, porque con ellas se revelan secretos íntimos que perjudican la vida social.
4El sabio violento🔒 Babalawo
5El éxito de Eyenifa🔒 Babalawo
6La tumba de Ayanaku🔒 Babalawo
7Cuando Oduduwa le dio poder y suerte a Awó Abaye🔒 Babalawo
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