En este camino, Iño era el coral y era hijo de Obatalá. Su padre le repartió por fortuna la riqueza entera: dinero y casa. Un día Iño se llegó donde Orunmila, que le hizo osode y le vio Oggunda Tetura. Allí Orunmila le mandó ebbó con 16 palomas: ocho debía dárselas a Obatalá, y para las restantes tenía que preguntar a quién iban dirigidas, de modo que pudiera disfrutar lo que su padre le había entregado.
Ya con todo en la mano, Iño no quiso hacer el ebbó. Obatalá supo lo que había hecho su hijo, y al ver la desobediencia lo maldijo y lo convirtió en piedra, diciéndole: «Serás cimiento de la tierra». Iño quiso saber por qué había quedado hecho piedra y por qué lo había perdido todo, y la respuesta de Obatalá fue: «Todo te lo he quitado, porque eres muy faltón, ya que no cumpliste con lo que Orunmila te mandó; y por eso todo lo que te di, te lo quito, y te dejo en la miseria». De ahí viene que en África las piedras se conviertan en coral, como memoria de aquella desobediencia de Iño contra el padre que se lo había dado todo.