1Cuando Ogún se asustó por la bulla
Ogún proyectaba viajar a la tierra Ibue; antes fue donde Orunmila, que le vio Oggunda Masa: «haz ebbó para que emprendas bien tu viaje». No quiso, y partió. En el camino había un gran río donde se bautizaban los sapos en medio de una gran bulla, y Ogún se aterró al escucharlos vociferar: «¡vamos a matar a Ogún!». Lleno de miedo regresó a su casa; su mujer, irónica: «¡mi marido tan guerrero ha cogido miedo!». Abochornado, volvió donde Orunmila e hizo el ebbó — gallo y tijera. Al regreso, la mujer se ofreció a acompañarlo; él trató de disuadirla con el pretexto de que la guerra estaba brava, pero ella lo siguió hasta el río. Ogún tiró la rogación al agua, como le dijo Orunmila — y los sapos salieron huyendo. La mujer de Ogún dijo: «mira lo que te asustó». No se asuste: todo es bulla. Cuando piense hacer un viaje, haga ebbó para que sus cosas salgan bien.
Ogún tenía en proyecto ir a una tierra llamada Ibue. Antes de emprender camino fue donde estaba Orunmila, que le hizo osode y le vio este Odù, Oggunda Masa, y le dijo: «Haz ebbó, para que puedas emprender bien tu viaje». Pero Ogún no quiso hacerlo y comenzó su viaje. En el camino había un gran río donde se bautizaban los sapos en medio de una gran bulla; Ogún se aterró cuando escuchó a los sapos vociferar: «Vamos a matar a Ogún».
Lleno de miedo regresó a su casa y contó a la mujer lo sucedido, y ella, irónicamente, le contestó: «¡Mi marido tan guerrero ha cogido miedo!». Abochornado, regresó a la casa de Orunmila y se hizo el ebbó con lo marcado: gallo, tijera, jutía, pescado y corojo — el ebbó se bota en el río. Al regreso, la mujer se ofreció para acompañarlo a pasar el río; él trató de persuadirla con el pretexto de que la guerra estaba muy brava, pero ella, remisa, lo siguió hasta el río. Ogún tiró la rogación, tal como le había dicho Orunmila; cuando cayó en el agua, los sapos salieron huyendo. Al ver los sapos, la mujer de Ogún dijo: «Mira lo que te asustó». Nota: este Ifá dice que no se asuste, que todo es bulla. Cuando piense hacer un viaje, debe realizar ebbó para que sus cosas salgan bien y no tenga contratiempos.
2El nacimiento de Erubawao, las esclavas de Olokun
Obatalá parió a Ogún en el monte, y Elegba, que andaba cerca tocando agogó con garabatos, oyó el llanto del niño en la manigua, lo levantó y lo crió en plena libertad: Ogún creció poderoso, caprichoso, guerrero y trabajador incansable, amigo de discusiones. Se casó con Yemayá, también guerrera, y fue reconocido como el balogun más poderoso de aquellas tierras — guerreando sin descanso. Un día Yemayá le dijo: «ya la guerra debe acabarse»; pero él seguía como loco. Los Oshas se reunieron, y Yemayá dijo: «déjenme a mí». Cogió el machete y le fue arriba a Ogún: este primero corrió, después peleó — y Yemayá, viéndose perder, llamó a Olokun cantando. Olokun revolvió el fondo del océano, los mares se desbordaron, y todos los Oshas, incluido Ogún, huyeron a la loma. Obatalá los amparó y plantó su bandera blanca; Ogún se metió en el monte, abochornado de que su mujer lo hubiera hecho huir. Obanlá fue donde Orunmila: Oggunda Masa — coger arena de la orilla y los huesos que Olokun dejó regados, machacarlos y fabricar el secreto llamado Erubawao: dos esclavas amarradas con cadenas. Obanlá se las llevó a Olokun; este se calmó, las aguas volvieron a su lugar, y los Oshas bajaron de la loma. Pero Ogún se quedó viviendo en el monte, y Yemayá en el mar, junto con Olokun.
Obatalá parió a Ogún en el monte, y Elegba estaba cerca tocando agogó con garabatos de todos los palos y cantando: «Agogo laro agogo Laroye Elegba Ode Mata ago». En eso sintió el llanto de un niño dentro de la manigua; se acercó y vio a Ogún llorando, lo levantó y se lo llevó, y lo crió en medio del monte. Ogún creció poderoso y fuerte, y como Elegba lo crió en plena libertad, hacía lo que quería y vivía de caprichos; todo el mundo reconoció sus méritos como guerrero y trabajador incansable — además era muy amigo de las discusiones. Ogún conoció a Yemayá, que también era guerrera, y se casó con ella, donde fue reconocido como el balogun más poderoso de todas aquellas tierras, guerreando sin descanso.
Un día Yemayá le dijo a Ogún: «Ya la guerra debe acabarse»; pero este estaba como loco y seguía peleando. Todos los Oshas se reunieron para ver cómo se acababa la guerra, y entonces Yemayá les dijo: «Déjenme a mí, que yo lo acabaré». Y cogió el machete y le fue para arriba a Ogún; este al principio se asustó y corrió, pero después se puso a pelear con Yemayá, y esta, al ver que estaba perdiendo, empezó a llamar a Olokun y le cantaba: «Olokuoo iya wawa waoo kamemebao, Olokuoo obake bawaoo namemelodo». Entonces Olokun, que oyó el canto, revolvió el fondo del océano y los mares se desbordaron, y todos los Oshas, incluyendo a Ogún, tuvieron que huir a la loma. Obatalá los amparó y puso en la tierra su bandera blanca, y Ogún se metió en el monte, abochornado por su derrota — porque su mujer lo hubiese hecho huir.
Obanlá fue a casa de Orunmila, y este le hizo osode y le vio este Ifá, Oggunda Masa, y le mandó coger arena de la orilla y huesos de los que Olokun había dejado regados; los machacó, y con eso fabricó un secreto que se llama Erubawao. Las amarró con cadenas y mandó a Obanlá a ver a Olokun; y cuando llegó, le puso las cadenas con el secreto — que eran esclavas — y Olokun se calmó, y las aguas volvieron a su lugar, y todos los Oshas bajaron de la loma a vivir de nuevo en la tierra. Pero Ogún se quedó viviendo en el monte, y Yemayá en el mar, junto con Olokun. Nota: nacimiento de las Erubawao, las esclavas de Olokun, que son dos y se fabrican con arena de la orilla, huesos de Egun, cabeza de pescado, la basura que el mar bota en la costa (palos, hierbas, vidrios, etc.), erú, obí, kolá, osun, obi motiwao, jutía, pescado y tela de Orunmila.
3El águila, vigilante de Ifá
El águila era iworo — santero — y era el rey de las aves: les hizo Santo al alakoso y a la tojosa y los puso de ayudantes. Un día cayó enfermo de cuidado y llamó al alakoso para que lo registrara: no pudo hacer nada; llamó a la tojosa: tampoco. Entonces llamó a Orunmila, que le vio este Ifá: «hay que hacerte Ifá para salvarte de Ikú», dándole ebbó a Olokun. De la frente de un elefante pequeño se hizo el até, y con los huesos de las patas se hicieron las manos de Ifá, que se llamaron ikines — y se le hizo la ceremonia. Ya consagrado, el águila no fue más iworo, sino Awó: solo vigilante de Ifá. Por eso al águila se le consagró Ifá — porque no duerme nunca — y por eso también se pone en Osain.
El águila era iworo y le hizo Santo al alakoso y a la tojosa; el águila era el rey de las aves, y ya estando coronados el alakoso y la tojosita, los puso como ayudantes. Un día el águila cayó enferma y de cuidado, y llamó al alakoso para que la registrara, pero este no pudo hacer nada por ella. Entonces llamó a la tojosa con el mismo propósito, pero esta tampoco pudo hacer nada.
El águila llamó a Orunmila, quien le hizo osode y le vio este Ifá y le dijo: «Hay que hacerte Ifá para salvarte de Ikú, dándole ebbó a Olokun». De la frente de un elefante pequeño se le hizo el até, y con los huesos de las patas se hicieron las manos de Ifá, que se llamaron ikines. Y se le hizo la ceremonia. Ya el águila tenía consagrado a Ifá, pero no fue más iworo, sino Awó: solo vigilante de Ifá. Nota: por eso fue que al águila se le consagró Ifá — para que fuera vigilante de Ifá, porque no duerme nunca; y por eso también se pone en Osain.
4Obatalá, el portero de Olofin🔒 Babalawo
5Cuando el gallo se reía del hurón🔒 Babalawo
6La tiñosa y el gavilán🔒 Babalawo
7El traficante de puercos🔒 Babalawo
8La unión de Ogún y Oshosi🔒 Babalawo
9Cuando Oggunda Masa fue a pedirle ashé a Olordumare🔒 Babalawo