1Las dos jutías
Dos jutías, la conga y la carabalí, se presentaron ante Orunmila para registrarse; el osode les marcó este Ifá intorí ikú lowó arayé. Palabra de Orunmila para las dos: «Tienen que cuidarse mucho de eyó — el majá — que se las quiere comer», y les indicó ebbó, con el que quedarían libres de él. Solo la carabalí volvió a casa de Orunmila, para que él le hiciera el ebbó. La conga nunca regresó, de modo que se quedó sin ebbó.
Poco después, mientras la conga roía las cáscaras de un palo, descubrió entre el follaje al majá, que la bajeaba con intención de comérsela. Se le fue de la memoria la advertencia que Orunmila le había hecho — hallándose ella arriba de un palo y apareciendo el majá, no debía tirarse —. Saltó desde el árbol, y en el aire, antes de tocar tierra, el majá la agarró y se la comió. Pasados unos días, ese mismo majá dio con la carabalí encaramada en un palo y aguardó a que saltara para agarrarla también; solo que ella, que sí había hecho ebbó y sí había atendido los consejos de Orunmila, permaneció acurrucada y alerta sin bajar del palo. El majá se abalanzó sobre la rama en que estaba, buscando atraparla, y fue a dar contra el suelo: ahí se reventó. De ese modo la obediencia libró a la jutía carabalí de su enemigo. Nota: quien saque este Odù debe guardarse de la gente alta y flaca, porque en ella tiene a sus enemigos.
2Cuando Oggunda Ko se apartó de Ifá
Ofoni Wayeun era tierra de Osha: ahí mandaban los Oshas, y ahí residía Awó Oluo Okana Ofo, que hacía su vida al margen de Ifá y solo con ellos andaba. Nadie pasaba hambre — se vivía más o menos bien —, pero sobre aquella tierra pesaba ofo, porque a Ifá no lo atendía nadie y sus secretos se estaban perdiendo.
A Oshanlá le quitaba el sueño ver a su hijo Awó Oluo Okana Ofo fuera del camino de Ifá. Un día resolvió: «Tengo que ir a la tierra Bayeleri Ifá», pues allá tenía a otro hijo, Oluo Oggunda Awó Ayé, y quería consultarle de qué manera podía él ayudarla a enderezar la vida del primero y a sacar ofo de Ofoni Wayeun, para que en esa tierra hubiera más iré. Salió al camino tocando agogó y con este canto: «Oshanla bioshe iya alagba sokun ori Awo Oluo Ogunda Awo umbo ofoni loshe unlo». Al oírla, Oluo Oggunda le salió al encuentro y le dio foribale. Habló entonces la madre: «Vengo para que veas qué pasa en la tierra Ofoni Wayeun, donde vive mi otro hijo Awó Oluo Okana Ofo, que empezando por él, junto con todos los demás Oshas, se han olvidado de Ifá».
Miró Ifá Oluo Oggunda Awó Ayé, salió este signo, y explicó: «Eso es porque todos los Oshas le habían dado mucho poder y facilidad a Awó Oluo Okana Ofo para resolver a la gente y vivir cómodo sin trabajar Ifá, y este ya no quería saber nada de Ifá ni de sus hermanos». Y agregó: «Tú misma, que eres mi madre y la de él, tienes que salvarlo; pero tenemos que ir a buscar a Osun, para que ustedes dos lo salven y vuelva esa tierra a ser lo que era antes: tierra de Osha y de Ifá».
Tomaron dos palomas blancas y salieron en busca de Osun, regando por el trayecto manteca de cacao y cascarilla mientras cantaban: «Iya dimu Baba dimu efun ori Osun moyubale Awo Aye Oshanla iyalagba Osun kaluku Osun dide». Osun descansaba apoyado en el palo moruro; se puso de pie, y en cuanto los dos llegaron dijo: «Vamos a la tierra Ofoni Wayeun a salvar a Awó Oluo Okana Ofo; pero antes coge de este palo». Se dirigió a un palo de carolina y añadió: «Este te servirá para salvarlo». Oshanlá le entregó a Osun una bandera blanca y echaron a andar hasta entrar en Ofoni Wayeun. Quien les salió al recibimiento fue Elegba, a quien Oluo Oggunda Awó Ayé dio de comer ekó y gallo; y Elegba les indicó: «Allí van a encontrar a Awó Oluo Okana Ofo, que está rodeado de todos los Oshas y Egun». En cuanto el hijo tuvo a Oshanlá delante le dio foribale y la abrazó, y ella le habló: «Mi hijo, hemos venido a esta tierra tuya para ayudarte, para que salgas de ofo; pues aunque Osha es un poder que Olofin le dio a la tierra, el mayor es el de Ifá, que te permite vivir con felicidad en la tierra».
Oluo Oggunda Awó Ayé colocó el apotí encima de erururu (ceniza), donde traía marcado Oggunda Ofo, y sentó ahí a Awó Okana Ofo; Osun y Oshanlá se le pusieron a los lados; la madre lo tapó de pies a cabeza con tela blanca y Osun le entregó la bandera blanca. Tomó luego la gallina blanca, le cargó la cabeza con ashé, orí, oyé, erú, obí y kolá, y rezó: «Ori etie agbani boshe ori oye niboshe eri awado ori ire enifa Awo ori aye ire umbo ofo alaguao». Con este canto, «Oshanla adie lafishe ori unsoro ofo Awo Oluo Okana Ofo ori ladide», entregó las gallinas a Oshanlá y a orí; abrió el ave por el pecho y la fue pasando por el cuerpo del Awó, untándolo de sangre. La sombra de ofo empezaba a retirarse. Vinieron después las palomas — y a Oshanlá le entraron convulsiones — para el sarayeye, cantando: «Sarayeye bakuno ofo Osha latigua»; con ellas limpió a Awó Oluo Okana Ofo y también a cuantos Oshas presenciaban aquello, y otra vez la sombra de ofo cedió terreno. Las palomas fueron para Osun, con este canto: «Baba Osun ladide ni Awo Oluo Okana Ofo kayewo eninifa», mientras le regaba la sangre por el cuerpo.
Enseguida agarró una de las palomas, le puso jutía, pescado, maíz, orí, efun, miel y aguardiente, la introdujo dentro de la gallina y encargó a Elegba: «Coge esto, llévalo al monte, ponlo al pie de la ceiba y llama a todos los Egun: Adie Egun baoshe warawara araba ayio warawara adie Egun baoshe». Sobre la paloma restante echó lo que traía la cabeza, le armó un erupin chico de tela blanca y se lo entregó a Awó Oluo Okana Ofo; así lo levantó, envuelto en la tela, con la bandera y el erupin, cantando: «Awo ire gbogbo Osha ladide Awo Oluo Okana Ofo Awo ire leni Ifa».
Al escucharlo, los Oshas alzaron la cabeza y presenciaron la salida de la sombra de ofo: iba por delante de Oshanlá y de Osun, y estos por delante de Awó Oluo Okana Ofo, cargando ellos el Ifá del Awó. Marcharon rumbo a la salida de Ofoni Wayeun, y por el camino Awó Oggunda Awó Ayé cantaba: «Oshanla Ifa iya alagba Orishaoko iya alagba akatioke morunla yeo, Awo irere Awo Ifa abeni Osha». Ante grandeza semejante, los Oshas doblaron la rodilla y le dieron foribale a Orunmila. Ya en la entrada de aquella tierra dejaron el erupin colgando y sembraron la bandera bien alta, con este canto: «Baba Olofin dide ire omo Awo Oluo Okana Ofo Baba Olofin oda falashemi». Ahí mismo, Awó Oluo Oggunda Awó Ayé y Awó Oluo Okana Ofo le dieron gallinas a su Ifá junto con Osun, cubierto de hoja de carolina. Los Oshas acudieron todos, pues era evidente que ofo había abandonado la tierra; Awó Oluo Okana Ofo quedó consagrado con todos ellos en aquel secreto nuevo, y el iré regresó. Fue entonces cuando Oshanlá sentenció: «Osha es muy grande y te resuelve muchas cosas: no te puedes apartar de él; pero tampoco te puedes apartar nunca de tu secreto mayor, que es Ifá, y de Osun, que son los únicos que pueden vencer a ofo. Este secreto que te hemos dado te servirá para alejar la sombra de ofo de arriba de cada omo de esta tierra, cada vez que ofo quiera entrar; pues por virtud de la fuerza que aquí le dieron, siempre va a querer regresar a gobernar esta tierra». Y con su bendición cubrió al hijo y a la tierra de Ofoni Wayeun.
3Donde Orunmila se marchó para su tierra
Odulañeke era la tierra de Maki Awó, hijo de Orunmila y hombre de mucha soberbia. Regía en ella un gran poder de Egun y Omologu, y no eran pocas las veces en que Maki Awó, ante un problema, confiaba más en ese poder que en registrarse con su propio Ifá. Okamaya se llamaba el espíritu que regía aquel Omologu: prenda de mucha fuerza, que dominaba a Maki Awó a su antojo. Él la mantenía comiendo gallos y la llamaba con este canto: «Okamaya Omologu ke teteku aye akuko wenilo wenilo». El poder acudía, lo envolvía, y de Ifá el Awó ya no se acordaba para nada en aquella tierra.
Le llegó la noticia a Orunmila, que decidió visitar a su hijo y ver con sus ojos si era cierto. Lo encontró alimentando la prenda, metido en la ceremonia con tal concentración que ni advirtió su llegada. Al entrar reparó en el Ifá del muchacho: cubierto de telarañas y de polvo, señal de que llevaba mucho sin usarlo ni darle de comer. Rompió Orunmila a llorar y, entre lágrimas, llamó a Olofin con este canto: «Orunmila soku soku laye Oludañeke inle suale mokio Ifa walemare Awo awa inle mokio Ifa mere alado odun koye kofidenu». Regresó a su tierra y retiró de su hijo todo apoyo. Odu puso entonces a Orun al frente de aquella tierra, Okamaya se quedó sin el poder que tenía y a Maki Awó le vinieron los trabajos.
Un hermano suyo, Awó Benide, vivía cerca de la tierra Orodokun. Supo de la caída y fue a buscarlo: «Mi abure, esto te ha pasado porque tú has relegado a un segundo plano a Ifá, y no supiste reconocer que, a pesar de todo el poder de tu prenda, lo mayor que tenías es Ifá». Lloró Maki Awó y cayó de rodillas frente a su Ifá; se le hizo osode y asomó este signo, Oggunda Ko, con el que Ifá le decía que su reino era la oscuridad. Le habló su hermano: «Todo tiene remedio, pues Ifá es grande y misericordioso: tienes que darle un gallo a Eshu para que él lleve el mensaje a Orunmila a su tierra». Cumplió con ello, y aun así Orunmila no quiso venir. Hubo que ir más lejos: darle de comer a su Ifá y sonarle Aran Akaran, el gran tambor de Ifá. Convocó para eso a 16 Awoses de otras tierras que, acompañados de Osun, bailaron para Ifá y lo llamaron con este súyere: «Balimo ilemi balimo ilemi Ifa wakini Orunmila kankan Ifa». Prendieron la lámpara de Osun, y el escándalo y las luces en la tierra de la oscuridad llegaron hasta Orunmila, que entonces dijo: «Déjame ver qué pasa en la tierra, pues parece que están trabajando Ifá».
De vuelta en aquella tierra, Orunmila vio a su hijo dándole de comer a su Ifá y también al Sol, a la Luna y a la Tierra, mientras cantaba: «Olorun inle Awo inle oguere la oshura ire Awo»; y terminada la comida, el hijo se ponía de rodillas y le cantaba: «Orunmila odara Barabaniregun enimi maya la kunfele Ifa». Se le ablandó el corazón al padre, le puso la mano sobre la cabeza y le dijo: «Orunmila kobao odun koye kofidenu aye ilemi odun ire aye Awo odara»; y otra vez se quedó a vivir en casa de su omo. Los Awoses allí reunidos cantaron: «Ire ire Orunmila yoba ire ire». Así regresó la fuerza de Ifá a la casa de Oggunda Ko, y con ella la lección: por muchos poderes que reúna un Awó fuera de Orunmila, ninguno lo supera. Nota: de aquí sale el secreto del Awó de este Odù — el gallo a Eshu cada dos semanas, el Osun de su tamaño con las 16 lámparas consagradas con palomas blancas, las dos gallinas a Orunmila que van al río, los dos ñames delante de Ifá y el collar de Orunmila que nunca debe faltar.