Patakíes · Los caminos del Odù
1La vagancia, la porfía y la desobediencia
Obá vivía pobre y triste en la tierra Obayokoye — nombre que ella misma le puso —, adonde llegó tras la maldición de Shangó, a quien había hecho pasar un bochorno. Su gente, raquítica, no quería trabajar y vivía de lo que ella buscaba: «nosotros estamos contentos así». Obá rezó a Olofin a la orilla de un río y caminó a la tierra de Obaaye, donde vivían Shangó y Elegba: Shangó se escondió — «vete con ella, que yo llegaré antes: al que no me haga caso, se lo entrego a Ogún» — y cuando Obá y Elegba llegaron, todos trabajaban y producían. Elegba le mostró las seis otás que dejó Shangó: «atiéndelas y dales guinea». Elegba enamoró a Obá y tuvieron un hijo, Obayokoye — que tampoco quería trabajar: Elegba, cansado de las quejas, lo puso en un camino. Shangó lo encontró: «esto te pasó por tu desobediencia — vivirás del destino». Eshu Obayokoye es esclavo de Obá.
En la tierra Obayokoye vivía Obá, quien estaba muy pobre, triste y decepcionada de ver su tierra sin prosperar, a causa de que a la gente que allí vivía no le gustaba trabajar y vivía de lo que ella buscaba. Esto le había pasado a Obá por una maldición de Shangó, pues ella, con su poder, se creía muy fuerte y le había hecho pasar un bochorno; después se fue a vivir a esa tierra, cuyo nombre se lo había puesto ella misma: era una tierra raquítica que no estaba reconocida. Cuando Obá llegó allí cantó: «Obayokoye lodeo mamawo iba soreo», y empezó a salir la gente de allí, raquítica y mal de salud, pero que a su manera vivía bien. Obá les dijo: «Yo los voy a ayudar para que vivan mejor», y ellos le contestaron: «Nosotros estamos contentos así». Obá empezó a luchar con toda esta gente, pero no le veía el progreso a la tierra Obayokoye. Un día se paró a la orilla de un río y empezó a rezar y a pedirle a Olofin que la ayudara; después se puso a caminar y llegó a la tierra de Obaaye, donde vivía Shangó junto con Elegba. Shangó, que la vio, se escondió y le dijo a Elegba: «Mira, allí está Obá: vete con ella para que la ayudes, que yo voy a llegar antes que ustedes y le voy a hablar a esa gente de la tierra Obayokoye — y al que no me haga caso, se lo voy a entregar a Ogún». Y así lo hizo: todo el mundo empezó a trabajar y a producir antes de que llegaran Obá y Elegba.
Cuando Obá y Elegba llegaron, al ver ella lo que había pasado se puso muy contenta y le dijo a Elegba: «Parece que Olofin me oyó». Elegba le contestó cantando: «Obanile onire Shangó, obanile baba guaye Shangó». Obá empezó a llorar de emoción por lo que Shangó había hecho; entonces Elegba le dijo: «Mira lo que ha dejado Shangó». Obá miró y vio seis otás, y Elegba le dijo: «Esto tú tienes que atenderlo y darle de comer guinea». Elegba, después de esto, se puso a enamorar a Obá, y tuvieron un hijo, al que le pusieron el nombre de aquella tierra: Obayokoye. Este hijo fue creciendo, pero tampoco le gustaba trabajar, y Obá siempre se le estaba quejando a Elegba — hasta que un día se incomodó, cogió a Obayokoye y lo puso en un camino. Un día Shangó pasó por allí y se encontró con el omó Obayokoye, que le dijo: «Mira cómo estoy, Shangó». Y este le contestó: «Esto te ha pasado por tu desobediencia: así que tú vivirás del destino». Nota: Eshu Obayokoye es esclavo de Obá.
2Sokoti Ladé: el poder de Ogún y Osain
Al comienzo del mundo, Ogún se llamaba Sokoti Ladé: un pedazo de hierro sin cabeza con trono de piedra, primer herrero del mundo, que usaba en el mal el gran poder que Olofin le dio en la creación. Su tierra vivía azotada por guerras y brujería, implorando a Olofin — que mandó de emisarios a Orunmila y Obá. Fueron donde Awó Arolotaye, conocedor de todos los secretos de hierbas y palos; Arolotaye y Obá partieron a la tierra de Sokoti Ladé, donde Ikú hacía estragos con Ogún: Obá, encolerizada, mató con machete y puñal a los hijos de Sokoti Ladé, y Arolotaye la redujo a la obediencia con tela blanca. Llegó Ogún — y al ver a Arolotaye con las joyas de la sabiduría, reconoció al mensajero de Olofin y pidió perdón. El osode dio Oggunda Lenin: consagrarse en Osain. Arolotaye lo consagró con su comida preferida — la jutía —: «con esta piel te bañarás tú y tus hijos, contra la brujería y la justicia». Sokoti Ladé pasó a llamarse Ogún Arere, y desde entonces vive acompañado de Osain. En agradecimiento, Ogún les dio a Oggunda Lenin y a Obá el yunque (iwele): el poder de resolver todas las situaciones de la vida.
Al comienzo del mundo, Ogún tenía otro nombre y era un hombre muy poderoso: se llamaba Sokoti Ladé. Tenía su trono de piedra y no tenía cabeza — solo era un pedazo de hierro uniforme. Siempre se encontraba trabajando brujería mala y forjando armas en su casa, que era una herrería. Había recibido ese gran poder de manos de Olofin cuando repartió los cargos en la creación del mundo; pero resultó que Ogún lo empleaba solo en el mal. Aquella tierra se encontraba siempre azotada por las guerras y por el poder nefasto de la brujería, y todos sus habitantes, desesperados, solo atinaban a implorar a Olofin con este suyere: «Olofin bofun, Olofin mitiyoro omo sokun, omo belekun Olofin oguaobe». Un día, Olofin decidió mandar a sus emisarios a esa tierra: Orunmila y Obá. Cuando llegaron, fueron a casa de un Awó muy afamado que se llamaba Arolotaye, conocedor de todos los secretos de todas las hierbas y palos de esa tierra y las circundantes. Estuvieron hablando de la actitud de Sokoti Ladé y de cuál era la mejor manera de salvarlo, y a su vez salvar a todos los hijos de esa tierra. Entonces Arolotaye y Obá partieron para la tierra de Sokoti Ladé: cuando llegaron, vieron que Ikú estaba haciendo estragos junto con Ogún entre los omó de esa tierra. Fue cuando Obá se encolerizó y, cogiendo su machete y su puñal, comenzó a matar a todos los hijos de Sokoti Ladé; Arolotaye le tiró tela blanca a Obá y la redujo a la obediencia — y en eso llegaba Ogún, para ver quiénes eran aquellos intrusos que habían matado a sus guerreros.
Cuando Ogún vio a Obá y a Arolotaye Awó — al cual hacía mucho tiempo conocía —, y lo vio con las joyas de la sabiduría, se le tiró y le pidió perdón, pues reconoció en él a un mensajero de Olofin. Arolotaye Awó le dijo: «Vamos a mirarte, para ver qué podemos hacer por ti y tu tierra». Cuando le hizo osode le vio el Odù Oggunda Lenin, donde le dijo que para su bien tenía que consagrarse en Osain. Entonces Awó Arolotaye lo consagró en Osain, dándole de comer su comida preferida en la tierra, que era la jutía (awasa); con ella se le consagró su secreto, y le dijo: «Con esta piel de jutía, tanto tú como tus hijos se podrán bañar para evitar la tragedia de la brujería y de la justicia». Entonces Sokoti Ladé dejó de llamarse así para llamarse Ogún Arere — todo gracias a Awó Arolotaye, que lo consagró con los secretos del monte: desde entonces Ogún vive acompañado de Osain, que le refuerza su poder. Entonces fue cuando Ogún les dijo a Oggunda Lenin — que era el Odù de Arolotaye Awó — y a Obá que, para demostrarles su agradecimiento por el bien que le habían hecho a él y a su tierra, les daría el poder de realizar todas las cosas: eyi erí iwele — el yunque —, y con él tendrían siempre el poder de resolver todas las situaciones de la vida. Le dio un yunque a Oggunda Lenin y otro a Obá, siendo esto desde entonces el secreto de Orunmila y de Obá en este Ifá. Nota: Oggunda Lenin, para tener el poder de la resolución, debe tener un yunque de metal dentro de la mano mayor de Ifá; además, tener a Arolotaye — el Osain que acompaña a Ogún — y la pieza de Sokoti Ladé, y recibir Obá.
3Cuando Ogún y Osain le pidieron perdón a Olokun
Olokun bajó a la tierra con Yewá por mandato de Olofin, viviendo en lo profundo del mar; un día, cansado de la monotonía, se volteó sobre sí mismo y revolvió el fondo: salieron monstruos — y entre ellos un ser hermosísimo de bella cabellera, con escudo de oro, que viajaba sobre las olas. Ogún la vio y se enamoró; ella no deseaba hombre, y Ogún recurrió a la magia de Osain — pero Osain también se enamoró, y al no poder tenerla tampoco, le lanzó un hechizo para que no fuera de ninguno: al contacto, se convirtió en una serpiente de dos cuerpos. Aterrada, llamó a su padre Olokun, que se lanzó sobre la tierra con remolinos hirvientes de furia. Osain y Ogún, aterrorizados, fueron a Orunmila: Oggunda Lenin — «tienen que arreglar lo malo que han hecho». Ante Olokun rugiente, Orunmila llamó a Orona, la mandó a arrodillarse sin aterrarse, y aplicando sus poderes la cubrió con la piel del carnero: Orona se convirtió en espuma de mar. Ogún y Osain pidieron perdón, y Olokun se apaciguó y no arrasó la tierra. Por eso Olokun lleva la cadena con 21 piezas de Ogún y una serpiente.
Cuando Olokun bajó a la tierra, lo hizo acompañado de Yewá por mandato de Olofin; vivían en lo profundo del mar. Pero un día, cansado de la monotonía de su medio ambiente, comenzó a voltearse por sí mismo en el fondo del mar, donde también estaba Yewá. Este fenómeno revolvió el fondo del mar, y una serie de monstruos comenzaron a salir a la superficie; entre ellos surgió un ser muy extraño, muy hermoso, de bella cabellera, que llevaba siempre un escudo de oro y viajaba por encima de las olas. Un día Ogún la vio y se enamoró de ella; pero ella no deseaba hombre, y Ogún, para tenerla, recurrió a los poderes de la magia de Osain. Resultó que este también se enamoró de ella, y al no poderla tener tampoco, le lanzó un hechizo para que no fuera ni de él ni de Ogún: este bello ser, al hacer contacto con el hechizo, se convirtió en una serpiente de dos cuerpos. Ella, aterrada, llamó a su padre Olokun; este, al ver aquello, se lanzó sobre la tierra con remolinos hirvientes de furia y sed de venganza.
Osain y Ogún, aterrorizados, fueron a casa de Orunmila, quien les hizo osode y les vio este Ifá, Oggunda Lenin, y les dijo: «Ustedes tienen que arreglar lo malo que han hecho: vamos a casa de Olokun». Cuando llegaron, este rugía de rabia por lo sucedido a su hija Orona. Orunmila habló con Olokun y le dijo que su hija sería un ser aceptable para el mundo: llamó a Orona y, sin aterrarse, la mandó a arrodillarse, y aplicándole sus poderes — el baño con la sangre del carnero — la cubrió con la piel, y Orona se convirtió en espuma de mar. Ogún y Osain le pidieron perdón, y Olokun se apaciguó y no arrasó la tierra. Nota: hombre o mujer que se le vea este Ifá tiene que recibir Olokun de Babalawo rápido, y además recibir Orona. Este camino explica por qué Olokun lleva alrededor una cadena con 21 piezas de Ogún y una serpiente, y un güiro de Osain vestido con cuentas de Olokun y Ogún.
4La bijirita: el Awó que perdía la memoria🔒 Babalawo
5El zorro y Orun Aro🔒 Babalawo
6Cuando abandonó los Santos e Ifá por las hierbas🔒 Babalawo
7Los tres consejos de Orunmila🔒 Babalawo
8Mejor ser que aparentar🔒 Babalawo
9Cuando Olofin le quitó el habla al palomo🔒 Babalawo
10El traficante de aguardiente🔒 Babalawo
11Cuando no consideraban a Oggunda Lenin🔒 Babalawo
12El camino de Oshún y la esclavitud🔒 Babalawo
13El rey Fodé y el palo de aroma🔒 Babalawo
14El holgazán y el labrador🔒 Babalawo
15La invocación de la lucha🔒 Babalawo
12 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →