Ofún Yeku tuvo un hijo llamado Obarí Bashé y lo mandó a la Tierra, con su mamá. La pobreza de ella era mucha, y Ofún andaba con ganas de levantarse: no hallaba sosiego y buscaba a quién unirse para que lo ayudara a salir adelante, pero ninguna de esas uniones le resultaba. Volvía a la casa con el ánimo caído, y a la madre le daba tristeza verlo así.
Ella acostumbraba sentarse a mediodía, y ahí la vencía el sueño. Ya dormida, en el sueño rompió a cantar: «Ofun Mowa Defun, Oyekun Mowa Defun». Algo la rozó entonces, y le habló: «Yo soy Oyeku y me llamo Obá Kolabá. Dile a tu hijo que vaya al oscurecer a la orilla del río y que me lleve una vela y bastante ekó».
Despertó sobresaltada. Mandó llamar al muchacho, le pasó la mano por la cabeza y le refirió el sueño con el encargo; él no hizo caso. Al comprobar que nada se había hecho, al otro día salió ella misma a cumplir la operación que tocaba al hijo. Obá Kolabá se le apareció con esta palabra: «Bueno, yo me voy a unir a tu hijo Ofún, para que se llame Obarí Bashé Ofún Yeku y tenga suerte y de todo, sin saber hacer nada». Mori Yeyé, la madre, rindió moforibale a Oyeku Obá Kolabá, y de ahí salió el canto: «Omo Digdeo Obba Igbaye Ala Kolaba».
Ofún oyó aquello y llegó corriendo. Rindió moforibale a su madre y quedó unido a Oyeku Obá Kolabá con esta promesa: «Más nunca me separaré de ti».
Nota: en la corte del Alafín de Oyó, Obá Kolabá es quien guarda a Shangó; se le nombra Ilarí de Shangó y tiene a su cargo los secretos. Ningún Rey de este mundo llega a sentarse en el trono de Alafín si Obá Kolabá no está.