Patakíes · Los caminos del Odù
1El Rey mata al hijo a través del mendigo
El Rey despiadado regaló al mendigo una bolsa con una serpiente venenosa; su propio hijo, al meter piedras en la alforja del mendigo, fue mordido y murió: el Rey no pudo tomar represalias, pues tenía doble culpa — la bolsa envenenada y la mala educación de su hijo.
Existía en una comarca un Rey que, tanto él como su hijo, eran personas despiadadas.
Una vez, un mendigo fue al palacio en busca de limosna, y el Rey le entregó una bolsa que contenía una serpiente venenosa. El mendigo, muy contento, salió sin mirar el contenido. En el camino se encontró con el hijo del Rey, quien trató de convencer a los demás jóvenes que con él iban de ponerle piedras en las alforjas al mendigo, lo que no fue aceptado por el resto. Solo él cogió un puñado de piedras y lo depositó en el bolso que el Rey había obsequiado al mendigo. Pero la mala suerte hizo que la serpiente lo mordiera, y murió al poco tiempo.
El Rey no pudo tomar ninguna represalia, por tener doble culpa: la de ofrecer la bolsa envenenada y la de educar mal a su hijo. El mendigo, al saber la noticia de la muerte del hijo del Rey, le llevó la misma bolsa con que fue obsequiado, pensando que de esa forma se salvaría el príncipe.
Nota: cuidado dónde mete sus manos. El padre mata al hijo.
2El camino del aguilita
Orunmila puso el letrero «El que tiene dinero hace lo que le da la gana», y el Rey lo desafió con su hija encerrada en el octavo piso; la limosnera mandó a hacer el águila del foro y un violín: dentro del águila, Orunmila llegó hasta la princesa, y a los nueve meses el Rey reconoció el letrero y le dio a su hija.
A un pueblo llegó un hombre y en la puerta de su casa puso un letrero que decía: «El que tiene dinero, hace lo que le da la gana». El Rey se enteró y lo mandó a buscar: «No creo que usted haya puesto ese letrero, pero quiero comprobar su osadía». Orunmila respondió: «Yo se lo voy a demostrar». El Rey repostó que tenía una hija de 18 años, y que él debía entregarla, pasados 12 o 13 meses, con familia.
Orunmila partió para su casa y en la puerta se puso a pensar cómo resolver el problema tan grande que le habían impuesto. En eso llegó una limosnera, a la que Orunmila le daba todos los días algo; pero al verla le dijo: «Vete, que no estoy para darle nada a nadie». La limosnera, al ver su preocupación, insistió: «Hijo, ¿qué te pasa?». Orunmila se repetía: «¡Cómo esta limosnera me va a resolver este problema!». Pero tanto insistió, que le explicó la situación, y ella respondió: «No te aflijas, que eso está resuelto». Le pidió $1.000, que Orunmila le dio, pues tenía dinero de sobra.
La limosnera fue a casa de un herrero y mandó a hacer un aguilita (un águila del foro) y compró un violín. Con ambas cosas fue donde Orunmila y le dijo: «Mira, ésta es la llave del aguilita, que usarás para cuando entres en palacio, metido dentro de ella tocando el violín». La limosnera pasaba todos los días con su aguilita frente al palacio, con Orunmila dentro tocando. La hija del Rey estaba encerrada en un octavo piso, sin distracción alguna, y oía el aguilita que tocaba. Al tercer día le pidió a su padre que le comprara el aguilita para entretenerse. El Rey quiso comprarla, pero la limosnera dijo: «Yo se la presto a su hija, pero no se la vendo». Y así subieron al octavo piso el aguilita y Orunmila dentro, que seguía tocando.
Cuando llegó la noche y la muchacha dormía, Orunmila salió de su escondite, y con dulzura le dijo: «No grites, que yo no le hago daño a nadie». Y la enamoró, y estuvieron juntos toda la noche. A la mañana se metió en su aguilita, y al segundo día sucedió lo mismo. La limosnera fue a buscar su aguilita, y la hija suplicó al Rey que se la dejara un día más, pues era lo único que tenía para entretenerse. Al otro día vino la limosnera y el Rey le entregó su aguilita, con Orunmila dentro. Al llegar a casa, Orunmila le regaló $1.000 más.
A los nueve meses, el Rey mandó a buscar al hombre del letrero y le dijo que era verdad que con dinero se tenía lo que uno quería, y le pidió que se casara con su hija. Y recibió una fortuna más grande que la del Rey, pues recibió la fortuna de un hijo.
Nota: Orunmila se viste de tela iridiscente. Entregue limosna en la puerta.
3Con dinero se hace de todo (las dos vainitas de Olofin)
Olofin le dio al Awó cazador dos vainitas: con el polvito de una en los rincones se volvió el hombre más famoso y acaudalado; pero faltó a su promesa, contó el secreto a su amigo y le regaló la otra vainita: el amigo prosperó, él volvió a la miseria, y Olofin sentenció: «El causante de tu desgracia eres tú mismo».
Ebbó: akukó, dos eyelé (para Obatalá), 16 itaná, iyefá dentro de las dos vainitas, trampa, flecha, un tiraflechas (que se pone en Oshósi), ekú, eyá, epó, awadó, malaguidí según el caso, opolopo owó.
Éste era un Awó que estaba pasando trabajos y muchas necesidades, y cazaba para solventar sus problemas, que eran tantos que no lograba resolverlos todos.
Un día se encontró con Olofin, que le preguntó qué le pasaba, y él contestó que estaba pasando trabajos y que, por más que luchaba, no lograba resolverlos. Entonces Olofin le dijo que cogiera dos vainitas que él tenía: que en una estaba la virtud, que cogiera de ésa y que, al llegar a su casa, echara todos los días un poquito en los rincones; y que la otra la guardara y no le dijera a nadie su secreto.
Así lo hizo, y al poco tiempo se volvió el hombre más famoso y acaudalado de la comarca. Tenía un amigo del mismo negocio que, al verlo prosperar, le preguntó qué había hecho para progresar tanto en tan poco tiempo. Y él, faltando a su promesa con Olofin, le contó lo que había pasado. Como su amigo se hacía el que no le creía, para demostrarle que era verdad le dijo que todavía le quedaba una vainita guardada, y se la dio.
Al poco tiempo, el negocio del amigo empezó a prosperar; pero el negocio de Ofún Gándo iba cada día peor, hasta que tuvo que volver a cazar, porque otra vez empezó a pasar dificultades.
Olofin, que un día estaba por el monte, al verlo le preguntó asombrado: «¿Eh? ¿Y tú cazando otra vez?». El cazador le dijo: «Las cosas no me fueron muy bien». Olofin repostó: «Usa la otra vainita que te queda». Y él respondió: «Se la di a un amigo». Entonces Olofin le dijo: «El causante de tu desgracia eres tú mismo, ya que me desobedeciste diciendo tu secreto, y hasta que no diste la vaina no habías tenido problemas. Pero como hiciste lo que yo te dije que no hicieras, seguirás cazando y pasando trabajos». To Iban Eshu.
Obra: póngale ikordié a Obatalá y hágale tres pelotas con ñame, ekrú, orí y efún.
4El encantamiento de las manos🔒 Babalawo
5Igando, la tierra estéril🔒 Babalawo
6Kañiké, el machete🔒 Babalawo
7El adá hizo ebbó, por eso corta🔒 Babalawo
8El ciego que recogía melones🔒 Babalawo
9Shangó se llama Ewegbemí y es yerbero🔒 Babalawo
10Cuando los jefes no tenían servidores🔒 Babalawo
11La jerarquía (Orunmila, Ekun y Amokisitekun)🔒 Babalawo
12El pájaro blanco🔒 Babalawo
9 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →