Una princesa y un hombre del pueblo llano se enamoraron, y ella se encontraba con él cada tarde a espaldas de sus padres. Pasado un tiempo quedó embarazada, y aunque hizo cuanto pudo para impedir el nacimiento, no lo consiguió. Al nacer el niño, quiso esconder su vergüenza: lo acostó en una canasta, la dejó junto a un río y declaró que aquel niño era un bastardo.
Oshún Ololodí tomó al niño y se encargó de criarlo.
En otro lugar había un pueblo cuyos habitantes solo creían en el espiritismo y no hacían caso a los Santos. Les ocurrían desgracias una tras otra. Acudieron a Orunmila, quien les explicó que lo que les faltaba era el Santo: debía llegar para que sus males terminaran. Orunmila mandó entonces a Obatalá al pueblo para que lo aclarara todo, y Obatalá fue.
Obatalá reunió a los vecinos, sacó un libro que traía bajo el brazo, y leyó. Al terminar la lectura y las explicaciones, dijo que probablemente no lo habían entendido. Del grupo salió un muchacho que dijo: «Sí, padre, comprendí tus palabras». Al oírlo, Obatalá lo confirmó y lo nombró su secretario.
Cuando Obatalá se fue, los demás, envidiosos del muchacho, empezaron a echarle polvos para dañarlo.
Obatalá volvió a comprobar cómo marchaban las cosas. Reunió de nuevo a los habitantes y buscó al muchacho, que estaba sentado aparte y se veía mareado por los polvos. Habló de nuevo a los vecinos y, al terminar, comentó con desaliento que allí nadie entendía.
Al volver la vista hacia el muchacho, Obatalá reparó en un granado cercano y en una paloma que picoteaba uno de sus frutos. Exclamó que allí estaba la solución y pidió que atraparan la paloma y le trajeran una granada. Reunió una jícara y un carbón, ralló la granada, se la dio a la paloma y practicó chinimá empezando por Ofún Pakishé. Este mejoró en seguida, y con él sanaron todos los habitantes del pueblo.
Así los salvó el Santo.
Nota: la persona debe hacer Santo.
Quien fue rechazado al nacer y criado con cariño puede entender lo que otros no logran comprender. La envidia ajena daña al que destaca, pero la solución a veces está cerca y es sencilla, aunque nadie la vea. Donde no hay Santo, los males no terminan.
Una paloma, una granada, una jícara y un carbón. Se ralla la granada, se ofrece a la paloma y se hace chinimá, empezando por Ofún Pakishé.
La persona debe hacer Santo.
IBORU, IBOYA, IBOCHICHE
OFUN SHE: ADIFAFUN CHINTOLO, TINCHOLO UNLARO, AKUKO LEBO