Ofún Shé

nº 256 de 256 · también Ofun Oshe, Òfún Ọ̀ṣẹ́

El último Odù de Ifá, donde nace el Okín, la garza de la corona de los Reyes: se han perdido tres suertes — pero viene otra más grande.

21 patakíes 8 eewó 10 ebbós y obras 15 refranes

¿Primera vez con un odù? Aprende a leer un odù →

Rezo del Odù— el que abre el registro

Ofún Pakioshé Omó Pakioshé Efururú Lokukú Okuó Odé Kolé Bonatú.

SúyereEbbó Sheké Sheké Akukó Lebó / Ebbó Sheké Sheké Eyelé Lebó / Ebbó Sheké Sheké Adié Lebó / Ebbó Sheké Sheké Eyá Tuto Lebó...
Orden en Ifá
Odù 256 de 256
Composición
Ofun sobre Oshe
En el Diloggún
10-5 · Ofún tonti Oshé
Odù espejo
Oshé Fun
Santos que hablan
Obatalá · Oshún Ololodí · Azojuano · Shangó (Ogodó) · Oshumaré (el Arco Iris) · Yemayá · Oggún · Agenrón (el loro) · Eshu Atilú y Eshu Osiká

Nace · Ìbí LIBRE

  • El Okín: la garza.

    El pájaro de la corona de los Reyes: garza blanca con un collar de plumas rojas en el cuello; los pájaros la pusieron de Reina cuando Olobutú perdió el reinado por no sacrificar su manto rojo.

  • El Awán de Azojuano.

    La ceremonia de limpieza con la canasta rodeada de platos, que se realiza primero en toda ceremonia de Azojuano.

  • La oratoria.

    Del bastardo Ofún Shé, el único que entendía e interpretaba la palabra de Obatalá.

  • Los vestidos.

    Del camino del cuarto del misterio del recatado, que todo lo tenía forrado de blanco.

  • Los cuatro puntos cardinales del Oráculo de Ifá.

    Al dividir los 365 días del año entre los 256 Odù, el resto es 109; dividido entre los 21 anillos del arco iris, tocan a 5 y sobran 4: los 4 caminos del tablero de Shangó que dominan los signos de Ifá.

  • La pérdida de la memoria.

    De tanto andar y saber de memoria, a Obatalá la memoria le comenzó a fallar; el secreto: con pétalos de clavellina de río se ruega la cabeza, y en el gorro se pone una pluma de loro.

  • Que la Luna fue a casa de Obatalá.

    Sucede en este Odù.

  • Que las tripas se retuercen.

    Del manjar empolvado que los envidiosos dieron a Ofún Shé.

  • Que la rotación del mundo está representada por el arco iris.

    Oshumaré asoma la mitad de su cuerpo en el Cielo y la otra pasa por debajo de la tierra, dominada por Agbón Niregún, el Dios de Ifá, que es Irí (Elá), el Salvador.

  • Que se hace chinimá con granada, carbón y paloma.

    Obatalá rayó la granada en una jícara con carbón, dio la paloma e hizo chinimá, empezando por Ofún Pakishé, y todos sanaron.

  • La familia de los puercos jíbaros.

    La cochina rompió la cerca, el puerquito flaco la siguió, e hicieron cría en el monte con los jabalíes.

Ofún Shé es el Odù número 256 de 256 en el orden señorial de Ifá, de la familia de Ofun: nace de Ofun sobre Oshe. En los tratados aparece también como Ofun Oshe u Òfún Ọ̀ṣẹ́. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 21 patakíes (3 en texto íntegro), sus refranes, 10 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los ires y osogbos al detalle, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.

La lectura del signo

lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas

LIBRE

Ofún Shé — también llamado Ofún Pakioshé — es el último Odù de Ifá: cuando le sale a un Awó, se observa bien lo que dice, porque aquí se acabó el Ifá. Y como todo final, es umbral: aquí nacieron el Okín — la garza de la corona de los Reyes —, la oratoria, los vestidos y los cuatro puntos cardinales del Oráculo.

Su cuenta de fortuna es de tres y una: la mala suerte lo persigue y ha perdido tres suertes — se hacen tres ebboses seguidos — pero el decreto es luminoso: le ha de venir otra suerte más grande, y saldrá de todos sus apuros. Después de pasar trabajos y tener poca comida, le vendrá un bien: esta letra premia al que aguanta hasta el final.

«Ofún Shé es el último Odù: aquí se acabó el Ifá — tres suertes se perdieron, y la que viene es más grande que todas.»El pulso de Ofún Shé

Su vocación está sellada: la persona no tiene que hacer Osha, sino Ifá — nace para interpretar los signos del Oráculo y tiende a ser profeta que transmite mensajes, como Obatalá en la ciudad de Aké. Pero sin atajos: los trabajos de Santo sin tenerlo coronado llevan a la prisión por falsante — y puede haber un muerto por su causa. La humildad es la puerta: usted piensa que sabe mucho — Dios y Orunmila son los que saben.

Sus afectos piden reparación: no abandone a su hijo — aunque haya que ocultar una deshonra — para que no pierda su suerte; el padre que se olvida de los hijos les deja una niñez sufrida; ni cuide hijos ajenos, que destruyen su tranquilidad. Y haga caso al anuncio de los menores: lo pueden salvar de tragedias y muerte, como el cochinito flaco.

Sus últimas guardias: collares y Guerreros se reciben, la madre lava su pecho antes de dar de mamar, los dolores de cabeza y el pecho se atienden — un sufrimiento puede ocasionar un infarto —, y el enemigo que quiere su puesto se vence cumpliendo. A Orunla le negaron la entrada a su propio homenaje — y siguió siendo Orunla: el último signo enseña la primera verdad: la corona del Okín es del que cumple hasta el final — y su suerte más grande viene en camino.

El signo en una frase

Haga sus tres ebboses, no abandone a su hijo y escuche el aviso de los menores — que al final del Ifá, Ofún Shé corona al que cumplió hasta el final.

El diagnóstico

habla · prohíbe · recomienda

LIBRE LA LIBRETA

Habla LIBRE

Es el último Odù de Ifá: cuando este signo le sale a un Awó, se observa bien lo que dice, pues aquí se acabó el Ifá.
La persona no tiene que hacer Osha, sino hacer Ifá: el hombre nace para ser interpretador de los signos en el Oráculo de Ifá.
La persona tiende a ser profeta y transmite los mensajes a la humanidad, como Obatalá en la ciudad de Aké.
Ifá de trampas y negación de derecho: a Orunla le negaron la entrada a su propio homenaje.
Ifá de robo, como los ladrones del corral de cochinos.
Ifá de separación matrimonial por las peleas con su okuní.
Existe contrariedad entre Santo y Espíritu: aquí la gente solo cree en el espiritismo, y el Santo tiene que llegar para que todo se acabe.
Habla el bastardo: la doncella trata de ocultar su deshonra y oculta la criatura; mas no abandone a su hijo, para que no pierda su suerte.
Se hacen trabajos de Santo sin tenerlo coronado: se puede ir preso por falsante, y puede haber un muerto por su causa, como Erebé.
Después de pasar trabajos y tener poca comida, le vendrá un bien.
Los hijos de este Odù son muy envidiados en todo el mundo, como los hijos de Shangó.
La mala suerte persigue a la persona: hay que hacer tres ebboses seguidos para contrarrestarla.
Ha perdido tres suertes y tiene que orugbó para salir adelante; pero le ha de venir otra más grande y saldrá de todos sus apuros.
Persona contraproducente: no sea envidioso ni orgulloso; usted piensa que sabe mucho, y Dios y Orunmila son los que saben.
Ponerse los collares y recibir Guerreros.
Al lactante se le enferma el estómago: la madre no se lava el pecho antes de amamantarlo, y el bebé se traga los microbios.
La obiní vive en el desenfreno: sus padres no supieron criarla de la mejor forma y, al quedar en estado de gravidez, la repudiaron.
En este Ifá surgen fuertes dolores de cabeza, e incluso se reciben golpes en ella; se puede padecer de tuberculosis y echar sangre por la boca.
La mujer tiene problemas para procrear.
No se debe cuidar hijos ajenos, porque destruyen su norma de tranquilidad, como la niña de Ofún Shé y Ananagú.
Un sufrimiento le puede ocasionar un infarto, como a la mujer de Ofún Shé.
Al anuncio de los menores hay que hacerle caso: pueden salvarlo de tragedias y de la muerte, como el cochinito flaco.
El hombre sostiene romances con una persona mayombera que trabaja una brujería muy fuerte y que después lo abandona, como Iyalashé.
El padre se olvida de sus hijos, que viven preocupados y pasan una niñez sufrida al faltarles su calor, como el hijo del Rey cazador.
Si no cumple y no hace las cosas como es debido, su posición peligra: el puesto se lo puede arrebatar un enemigo, como le pasó a Olobutú.
Los ewé del Odù son la granada y la clavellina de río.
Habla el Awán de Azojuano: la canasta con el papel grande, rodeada de platos que llevan menestras y viandas, carne, pescado, pan y hierbas; por orden jerárquico, cada persona da vueltas, se limpia y echa en la canasta, mientras el vonduncí toca la campana cantando Awán Awán Awán Nowayá Awá Eró Gasesé; se mata un pollo (o un chivo mamón), que se sazona con epó, ekú, eyá y awadó; se hace juján con aguardiente y vino seco; se da coco; los shakuanasís la bailan en la cabeza y el akerú la lleva al monte. Aun sin tener a Azojuano, los Awoses de Orunmila pueden realizar el Awán marcando la atena: Oshé Turá, que llama al ashé; Obara Turá, con la que Azojuano llega a la Tierra; Obeyonó, que es la vida de Azojuano; Okana Sá, el mensajero; Otura Shé, que lleva la ceremonia al Cielo; Ojuani Meyi, el ajará, e Irete Meyi, el espíritu de Azojuano resucitado: Eyelemeré.
Habla el Okín, la garza real: el tratado toma como base la garza real purpúrea, de cabeza negra y plumas pardo rojizas, que vive solitaria a orillas de ríos, lagos y pantanos, melancólica y espantadiza, y siempre vuelve a los mismos parajes al retorno de sus emigraciones.
Habla la profanación: Erebé, que se creyó el Dios de la adivinación sin título de Babalawo, y su consultante murió.
Habla el bastardo: el niño de la cesta del río que llegó a secretario y gobernador.
Habla el cuarto del misterio: la escalera blanca de 16 escalones y el busto tapado con paño blanco que nadie podía ver.
Habla Ogodó (Shangó), el Pastor de Ovejas, y el Abalashé, el Oráculo de Adivinación del que Orunmila no es dueño: Orunmila representa la vista, el cargo de adifá — lo ve todo y lo sabe todo: el pasado, el presente y el futuro.

Eewó · prohibiciones LIBRE

El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.

No preste sus prendas a nadie.Regla de este Ifá.
No discuta en el matrimonio.Puede haber separación matrimonial por las peleas con su okuní.
No sea envidioso ni orgulloso.Olobutú perdió el reinado por no desprenderse de su manto rojo.
No cuide hijos ajenos.Destruyen su norma de tranquilidad, y puede terminar en tragedia, como con Ananagú.
No abandone a su hijo.Para que no pierda su suerte: el bastardo abandonado fue la salvación del pueblo.
No haga trabajos de Santo sin tenerlo coronado.Erebé fue preso por no tener título de Babalawo, y su cliente murió.
No se crea que sabe mucho.Dios y Orunmila son los que saben; la naturaleza es tan extensa que no hay quien sepa su secreto.
La madre no debe dar el pecho sin lavárselo.El lactante se enferma del estómago tragando los microbios.

Recomendaciones LA LIBRETA

Haga tres ebboses seguidos para contrarrestar la mala suerte.
Cumpla con la promesa que ha hecho.

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Los patakíes

la historia primero — los caminos del Odù

LIBRE LA LIBRETA
1Oshún Ololodí salva al bastardo, secretario de Obatalá

Una princesa se enamoró de un plebeyo y cada tarde, sin que sus padres lo supieran, se citaba con él. Con el correr del tiempo dio un mal paso, y aunque intentó de todo para interrumpir el embarazo, no lo consiguió. Ya nacido el niño, para tapar su deshonra lo acomodó en una cesta, la dejó a la orilla de un río y sentenció: «Este niño es un bastardo».

Oshún Ololodí recogió a la criatura y se hizo cargo de criarla. Existía por ahí un pueblo donde nadie creía en otra cosa que en el espiritismo y a los Santos no les hacían caso; a esa gente, cuando le faltaba un mal, le sobraba otro. Resolvieron ir a mirarse con Orunla, y su respuesta fue que el problema estaba en que ahí no había Santo: tenía que entrar el Santo para que aquello se acabara. Dispuso, pues, que Obatalá se presentara en el pueblo y les aclarara bien las cosas, y Obatalá así lo cumplió.

Al llegar juntó a los vecinos, sacó de debajo del brazo un libro que traía y se puso a leer. Terminada la lectura y la explicación, dijo: «Yo creo que ustedes no me han entendido». De entre la gente se adelantó un muchacho y respondió: «Sí, padre, yo sí lo entendí». Oírlo hablar le bastó a Obatalá: «Sí, es verdad, tú me entendiste, y por ello te nombro mi secretario».

Obatalá se marchó, y desde ese mismo instante la envidia hizo que en el pueblo le empezaran a echar polvos al muchacho.

Tiempo después Obatalá regresó a ver cómo iba todo. Reunió otra vez a los vecinos y buscó con la vista al muchacho: estaba sentado aparte, y se le notaba mareado por los polvos que le habían echado. Habló de nuevo a la gente y, al cerrar, soltó: «¡Qué va, aquí nadie entiende!».

Fue entonces, girando la vista hacia donde el muchacho estaba, cuando se fijó en otro punto: una mata de granada, y encima una paloma picoteando una fruta. Obatalá alzó la voz: «¡Ésa es la solución! Cojan la paloma y traigan una granada». Consiguió una jícara y un carbón, rayó la granada, le dio la paloma e hizo chinimá, y empezó por Ofún Pakishé, que quedó bien de inmediato, y con él se compusieron todos los habitantes de aquel pueblo.

Así fue como el Santo lo salvó. Iború, Iboyá, Iboshishé.

Nota: la persona tiene que hacer Santo.

2El bastardo, Maferefún el loro: la envidia, la oratoria y la pérdida de la memoria

A una muchacha su familia la maltrataba a diario. Tenía de novio a Okana Lobé, aunque también se veía con otros dos hombres. Cuando quedó embarazada no supo de cuál de ellos era el hijo y, como no se atrevía a presentarse ante los suyos, acudió a casa de Orunla, quien le advirtió: «¡No te puedes sacar ese hijo!».

Nació la criatura y la muchacha la metió en una canasta y la echó al río para que se ahogara; la corriente arrastró la canasta con el niño adentro.

Río abajo, en un pueblo llamado Ofún Shé, una mujer lavaba su ropa en la orilla y, al golpearla contra una roca, se topó con la canasta y el niño dentro de ella. Sus gritos nerviosos de «¡Ofún Shé, Ofún Shé!» juntaron a todo el pueblo, que vino a ver aquel hallazgo del río. Se llevaron al niño y entre todos se hicieron cargo de él.

Ofún Shé era un pueblo de una espiritualidad extrema; con eso creían alcanzar a Olofin, quien al notarlo mandó a Obatalá para que les hablara y para que tumbaran las murallas que habían levantado en torno al lugar.

Para entonces, aquel niño rescatado del río ya era mayor de edad y vivía apartado de los demás. Como no se conocía su procedencia, y por lo triste del caso, por esa misma razón le habían puesto de nombre Ofún Shé.

Obatalá llegó con el encargo de Olofin. Ofún Shé andaba vestido con mucha elegancia, con plumas de loro adornándole la cabeza, y para cuando Obatalá se presentó en el pueblo ya se sabía de memoria el primero de los 3 legados que dio Olofin. Obatalá juntó a todos y les habló de su fanatismo y de las creencias que tenían. Al cerrar soltó: «Parece mentira que, entre tantos hombres maduros, ninguno haya interpretado mi conversación, y el muchacho es el único que lo hizo». Dicho eso, se marchó.

Al cabo de un tiempo volvió al pueblo y los reunió de nuevo. Cuando acabó de hablar preguntó: «¿Me ha entendido alguien?». Ocurrió igual que la vez anterior: el único que contestó fue Ofún Shé. Molesto, Obatalá resolvió: «Como solo Ofún Shé puede interpretar lo que yo digo, lo tomo como secretario desde el día de hoy». Desde ahí trabajaron juntos, y alrededor de Ofún Shé creció la envidia.

Cerca ya del día de explicar el tercero y último de los 3 legados, Obatalá notó que la memoria le fallaba y le mandó un mensaje a Ofún Shé con una paloma. La paloma, sin embargo, se quedó en el camino comiendo y picando una mata de granadas. En eso, a Obatalá lo atacaron a bolazos de fango que le mancharon la vestimenta, y él se refugió detrás de una mata de algodón. A la paloma la sancionó a pagar con su cabeza la desobediencia. Tomó tres granadas, un melón y una jícara, machacó todo, se pintó una cruz en la frente y siguió rumbo al pueblo.

Allá, la gente quería acabar con Ofún Shé y le preparó un manjar empolvado. Él comió con gula y le cayó mal del estómago. Doblado del dolor alcanzó a Obatalá, que llevaba en el hombro a su loro gris; el animal, al verlo así, se engrifó y sus plumas se pusieron rojas. Obatalá se quitó el manto y se lo echó encima a Ofún Shé, que se enderezó y se le acercó apoyado en su bastón, el pauyé, y le fue dictando al oído el legado de Olofin, mientras Obatalá lo explicaba.

Al terminar le dio a beber agua del río. Ofún Shé devolvió en forma de bolsa el daño que había tragado, y Obatalá lo nombró gobernador de ese pueblo; le entregó la bolsa y le dijo: «Toma: con esto tus enemigos quisieron matarte. Sopla esto a los cuatro vientos, para que los gobiernes con su mismo afoshé». Y de ese día en adelante la gente del pueblo sigue sufriendo una transformación, mientras Ofún Shé gobernaba con toda tranquilidad.

Notas: aquí las tripas se retuercen. Se han perdido tres suertes; para contrarrestarlo, se hacen 3 ebboses seguidos. Obra para la salud: se muelen un coral, un azabache e iyefá del signo; a eso se le pone agua del río y se toma. Otra para tomar: iyefá con neblina de rocío y jugo de cepa de plátano, más bicarbonato de sodio, todas las mañanas.

3Nace la pérdida de la memoria (Obatalá y Agenrón)

En este camino, Obatalá vivía en la ciudad de Aké; era profeta y andaba de pueblo en pueblo llevando mensajes de sabiduría. De tanto caminar y de tanto guardarlo todo en la memoria, ésta empezó a fallarle.

Se fue entonces con Agenrón, el loro, que era su ayudante, a mirarse con Orunmila, y le salió Ofún Shé. Ifá le advirtió que se cuidara, porque de tanto saber iba a perder la memoria y con ella su ashé, y le marcó rogación con flor de ewaró odó (clavellina de río), para que la cargara bajo el gorro cada vez que saliera a dar mensajes.

Cumplió con eso; pero un día le tocaba dar un mensaje en Adowá y la clavellina se le quedó olvidada en la casa. Sus enemigos, que sabían de esa falla de memoria, se habían juntado en Adowá esperando el momento en que el mensaje se le fuera, para acusarlo delante de Olofin y prenderlo, y quitarle así su cargo.

Como el secreto se había quedado en la casa, al dar el mensaje de Adowá no lograba recordarlo bien, y los enemigos ya se preparaban para apresarlo. Fue Agenrón quien, al ver aquel secreto olvidado en la casa, lo tomó y salió corriendo rumbo a Adowá, y alcanzó a llegar a tiempo para entregárselo. Con él Obatalá recordó el mensaje, que nada menos lo enviaba Olofin a los habitantes de esa ciudad, y ellos prendieron a los arayé enemigos de Obatalá.

En agradecimiento a Agenrón, dispuso que sus colores —las plumas— figuraran en su corona.

Secreto del Odù: para la memoria se ruega la cabeza con pétalos de clavellina de río, y se lleva una pluma de loro en el lerí, es decir, en el gorro o el sombrero.

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Refranes de Ofún Shé · Òwe

la sentencia y lo que te está diciendo

LIBRE LA LIBRETA

Vivir con una persona humilde refresca la mente.

La humildad del compañero es medicina para la cabeza.

El que da el pan al perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro.

No críe hijos ajenos ni gaste en lo que no le pertenece: destruye su tranquilidad.

Si los Orishas no me dan nada, yo no puedo hacer nada por ellos.

El servicio religioso es un pacto de correspondencia mutua.

Su cabeza lo lleva donde termina su destino.

Cuando Shangó lanza su palabra, no hay quien la detenga.

La naturaleza es tan extensa que no hay quien sepa su secreto.

Los espíritus le quitan todo lo que usted descuida de su religión.

La herencia de sangre es la única que no se pierde.

Obatalá es el único capaz de crear un ser humano de dos gotas de sangre.

Todo el que practica el bien goza las dádivas de Olorun.

Hay verdades que causan oprobio, pero son verdades.

En un juicio no todos los testigos son interrogados.

El pez grande se come al chiquito.

Los iracundos no tienen lugar en la comunidad de los justos.

El que busca en yaguas viejas encuentra cucarachas.

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Preguntas frecuentes

sobre Ofún Shé

LIBRE

¿Qué significa el Odù Ofún Shé en Ifá?

El último Odù de Ifá, donde nace el Okín, la garza de la corona de los Reyes: se han perdido tres suertes — pero viene otra más grande.

¿Qué número es Ofún Shé entre los 256 Odù de Ifá?

Ofún Shé es el Odù número 256 de los 256 de Ifá, de la familia de Ofun: nace de Ofun sobre Oshe.

¿Qué orishas hablan en Ofún Shé?

En el Odù Ofún Shé hablan Obatalá, Oshún Ololodí, Azojuano, Shangó (Ogodó), Oshumaré (el Arco Iris), Yemayá, Oggún, Agenrón (el loro) y Eshu Atilú y Eshu Osiká.

¿Cuál es un refrán del Odù Ofún Shé?

Uno de los refranes de Ofún Shé dice: «Vivir con una persona humilde refresca la mente».

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La familia de Ofun

los 16 caminos

Este es 1 de 256

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