1El omó de Orula, el hijo de la muerte y la Luna
El hijo de Orula porfió con la muerte que la Luna no salía ese día; Orula hizo ebbó enseguida con ekó y manteca de corojo y lo puso en una loma: un perro se recostó en el ekó y ensució toda la Luna, que disgustada no quiso salir en tres noches. La jactancia pierde a la persona: no porfíe.
El hijo de Orula se puso a porfiar con la muerte que la Luna no salía ese día. Orula, cuando se enteró, hizo ebbó enseguida con ekó y manteca de corojo, y lo puso en una loma.
Cuando la Luna estaba preparada para salir, llegó un perro antes, se recostó en el ekó y ensució toda la Luna, que se disgustó de tal manera que no quiso salir más en tres noches.
Para que la muerte no lo reconozca, tiene que tener Idefá. Si es mujer, tiene retención en su regla.
Notas: la jactancia pierde a la persona; las promesas se vuelven huecas; no porfíe. Si un animal le ensucia la ropa, no salga: límpiese con ekó y epó y llévelo a una loma. Todo está en el aire.
2Ebbó, Ikú y el juego de Ayó
Ikú desafió a Ebbó, hijo de Orunmila, al juego de Ayó, con la apuesta final de la Luna Nueva: si salía al día siguiente, se lo llevaría al Cielo; si no, dejaría de llevarse a los humanos. Eshu, tras comer el macho cabrío, hizo que los niños del Cielo pisaran el vestido blanco de la Luna: no salió hasta el día 31, y la Muerte, derrotada, prometió no venir más — aunque proclamó que la carne humana sería su alimento, valiéndose desde entonces de las deidades feroces.
En cuanto el hombre llegó a la Tierra, la Muerte vino para llevarse a los hombres por millares y diariamente. Orunmila evitó esto cuando Ikú vino a llevarse a su hijo Ebbó (el sacrificio), pues ayudaba a la gente de la embestida de la muerte.
Eso lo descubrió Ikú en el Cielo —que Ebbó ayudaba a la gente para prevenirla de la Muerte— y vino personalmente. Ebbó era famoso por jugar el juego de Ayó. La Muerte decidió ir a la Tierra a desafiarlo, con la advertencia de que, si le ganaba, se lo llevaría al Cielo (lo que significaría el final de toda forma de sacrificio en la Tierra); si Ebbó salía victorioso, la Muerte se abstendría para siempre de venir al mundo.
El juego empezó de buena fe y, en varios torneos, la Muerte salió victoriosa. Hacia el anochecer, mientras los concursantes se retiraban para proseguir a la mañana siguiente, la Muerte hizo notar que al próximo día se completaría un mes desde que había estado derrotando a Ebbó. Ebbó, en su ignorancia, replicó indagando cómo era posible que reclamara un mes entero, cuando habían jugado únicamente un día. La Muerte le recordó que la Luna Nueva iba a aparecer al día siguiente. Ebbó replicó que, lejos de eso, la Luna aparecería al tercer día. El debate se resolvió cuando la Muerte declaró que no importaba ya el juego de Ayó: si, como ella proclamaba, la Luna Nueva aparecía al día siguiente, no solo se llevaría a Ebbó al Cielo, sino que continuaría regresando al mundo a llevarse a los seres humanos; si se cumplía lo de Ebbó, no solo lo dejaría tranquilo, sino que dejaría de llevarse a nadie más. Y bajo esa apuesta se retiraron por causa de la noche.
Después, Ebbó corrió a su padre Orunmila y le contó lo sucedido. Orunmila revisó su calendario y confirmó que la Luna aparecería al día siguiente, como dijo Ikú. Consultó a Okpele, que le dijo: macho cabrío a Eshu inmediatamente, rogándole que evitara que la Muerte venciera a Ebbó, pues su victoria tendría gran repercusión en la Tierra.
Después de comerse el macho cabrío, Eshu fue al Cielo a visitar a la Luna. La Luna solamente tiene un vestido para ponerse cuando viene al mundo; aquella mañana lo había lavado y extendido sobre el césped de su patio, para ponérselo por la noche. Cuando Eshu llegó, le preguntó cuándo haría su viaje mensual al mundo, y la Luna le replicó que iba esa noche. Con eso, Eshu partió. El Sol estaba empezando a retirarse de su diario viaje. Eshu reunió a los niñitos del Cielo para que jugaran y pisaran el vestido blanco de la Luna, que ya estaba seco: lo estropearon totalmente, dejándolo en tal estado de suciedad que la Luna hubiera sido apenas visible de aparecer con él.
Cuando la Luna se levantó y se dio cuenta de lo que los niños hicieron, se movía para golpearlos. Dios intervino para averiguar, y la Luna le contó lo sucedido. Dios amonestó a la Luna por pretender castigar a niños inocentes por causa de un simple error, y le dijo si no habían sido los mismos niñitos los que la aclamaban cuando hacía su aparición mensual, con sus canciones de alabanza. La Luna pidió disculpas por haber sido tan olvidadiza, perdonó a los niños y dijo que lavaría su vestido al día siguiente y lo extendería sobre una tendedera, en vez del suelo, y que así aparecería en la Tierra al día siguiente.
De regreso en la Tierra, la Muerte y todos los demás esperaron en vano a que la Luna saliera aquella noche. No fue hasta la noche del día siguiente que apareció finalmente. Antes de eso, la Luna aparecía cada 30 días; fue a partir de esa noche que apareció cada 31. La Muerte admitió ante Ebbó que los acontecimientos le habían dado la razón y prometió no venir nunca más a la Tierra. Así, Orula y su hijo Ebbó desterraron a la Muerte de la faz de la Tierra.
Sin embargo, puesto que la Muerte había proclamado que la carne humana sería su alimento principal, tuvo que improvisar una nueva medida para procurarse su comida: apeló a las deidades feroces que la ayudaron a buscar alimento en la Tierra. Éstas son: Oggún, deidad de la contienda, el accidente y la guerra; Shangó, deidad del trueno, el relámpago y la electricidad; Olokun, deidad del agua, la hechicería y el sortilegio; Shapaná, que mata mediante todo tipo de epidemias. Hasta cuando los ancianos de la noche matan a seres humanos, son llevados a la Muerte al Cielo por sus mensajeros. Por su parte, la Enfermedad, la esposa de la Muerte, es lenta para llevarse a sus víctimas, especialmente si buscan consuelo con el sacrificio o con Ozain, deidad de la medicina.
Cuando Orula descubrió esto, recordó a las otras deidades el mandato hecho por Dios en el Cielo de que no debían matar en la Tierra: Dios solamente autorizaba a la Muerte a alimentarse de aquellos que hacían el mal o de los condenados en la corte semanal del consejo divino. ¿Por qué entonces la Muerte se llevaba tanto al inocente como al culpable?
Aquí fue cuando Orunmila pronunció su famoso tratado, al decir a las otras deidades que, cuando Dios creó al hombre para que las sirviera, esperaba que los hombres no solamente fueran buenos como ellas, sino que también vivieran para siempre. Añadió que el bien pudo haber tenido una mejor oportunidad de triunfar sobre el mal si Dios hubiera diferenciado entre los que hacían el bien y el mal al autorizar la intervención de la Muerte: si hubiera ordenado que los que hacían el bien vivieran para siempre, mientras la Muerte se llevaba a los que practicaban la maldad, las generaciones habrían descubierto que solo morían los malos, y éstos habrían sido persuadidos a hacer el bien y aborrecer el mal. Dada una opción, nadie quiere morir. Y aquí Orula se refiere al error básico cometido en la creación, pues generalmente los bienhechores mueren más prematuramente que los malhechores.
3Kabarán Ikú (el Poder de la Muerte) y Guiña Guiña
Guiña Guiña, hijo de Alete, habló lo que podía y lo que no podía con Kabarán Ikú, comprometiéndose en el secreto de Oshukpuá: porfió que ella no vendría a la reunión. Hizo orugbó con un ounko y opolopo epó para Oké; al desenvolver el cuero, el epó se regó por el camino, y Oshukpuá, vestida de blanco, se ensució la ropa y no pudo salir: así Guiña Guiña ganó la porfía y salvó la vida.
Rezo: Ofún Sá Aleté Omá Ikú Guiña Guiña Omá Orunmila Orugbó.
Ebbó: akukó, adié, eyelé meyi, obí meyi, ekú, eyá...
Alete es el padre de Guiña Guiña, y estaba hablando y tratando un asunto muy profundo con Kabarán Ikú, que es el Poder de la Muerte. Guiña Guiña lo oyó todo. Un día, estando Alete ausente, se presentó Kabarán Ikú. Guiña Guiña le dijo que Alete no estaba, pero que no importaba, que él sabía del asunto a tratar y, sin darse cuenta, habló lo que podía y lo que no podía, porfiándole a Ikú.
Éste se fue, y al poco rato vino Alete, y Guiña Guiña le contó todo lo que habían hablado. Alete le dijo que eso estaba muy mal hecho, y le preguntó si sabía con quién había hablado. Le dijo que no. «Pues ése es Kabarán Ikú, el Poder de la Muerte, y te has comprometido en el secreto de Oshukpuá. Ahora tienes que hacer ebbó, para que no te suceda nada malo, ni a ti ni a tu familia. Tú sabes que Oshukpuá está comprometida a hablar conmigo un asunto de importancia sobre los secretos de los Oshas, y tiene que venir blanca y reluciente como de costumbre».
Ella tenía que pasar primero por casa de Oké, donde Guiña Guiña le había porfiado a Kabarán Ikú que Oshukpuá no vendría. Y Kabarán Ikú se puso bravo y dijo: «Si no sucede así, a pesar de ser hijo de Alete, mi amigo, te cuesta la vida».
Guiña Guiña se miró y se vio este Ifá, donde Oshukpuá tenía que venir por el camino de Obatalá, que era Oké. Entonces hizo orugbó con un ounko y opolopo epó para Oké. Todo lo llevó en el cuero lleno de epó. Cuando Oké desenvolvió el cuero junto con Elegbá para comer el ounko, el epó se regó todo por el camino.
Y al llegar Oshukpuá, que venía apurada y vestida de blanco, se ensució su ropa. Al no tener más ninguna, no pudo salir de casa de Oké ni ir a la reunión, y así Guiña Guiña le pudo ganar la porfía a Kabarán Ikú.
4El mono denunció a Obatalá de tomar otí🔒 Babalawo
5El mono viola la confianza de Obatalá🔒 Babalawo
6Obatalá adivino y Oggún guerrero🔒 Babalawo
7Shangó acusa a Orunmila ante Olofin🔒 Babalawo
8El mono, confianza de Obatalá, añora su cargo🔒 Babalawo
9El tigre se volvió enemigo de Orunmila🔒 Babalawo
10El pájaro cardenal y su Ozain (Domingo de Ramos)🔒 Babalawo
11Obiní erú eburú (Aremón y los espíritus malignos)🔒 Babalawo
12Awó Oyé Dokún, omó Ozain, y el vicio de Fola Obó🔒 Babalawo
13El llamado de los Orun Imolé y el poder de Ifá🔒 Babalawo
14Las 7 virtudes y los 7 pecados capitales (el Arca de Noé)🔒 Babalawo