Patakíes · Los caminos del Odù
1La tierra infértil que Orunmila mandó a sembrar calabazas
Cuatro amigos se empecinaban en sembrar maíz en tierra que solo daba maloja; Orunmila mandó sembrar calabaza, los amigos no accedieron y la semilla tirada con rabia dio un hermoso calabazar: Oshún enseñó a sembrar el maíz, Shangó marcó el ñame, San Lázaro los frijoles y Oyá bendijo la tierra con abundancia.
Había cuatro amigos que sembraban un pequeño terreno y se pusieron de acuerdo en sembrar maíz, y así lo hicieron. Los cuatro trabajaron duro, pero pasó el tiempo y lo que dio el maíz fue maloja. Seguían empecinados en sembrar maíz, y el resultado fue el mismo; al tercer año pasó igual.
Hasta que uno de los cuatro, que tenía muchos hijos, se puso a implorar a Olofin y a todos los Santos para que ese terreno le diera una buena cosecha. Elegbara, que estaba cerca, oyó esa imploración, fue donde estaba el hombre, le preguntó qué le pasaba, y le dijo: «Vamos a donde está Orunmila».
Fueron a casa de Orunmila, y éste, después de oír al hombre, le dijo: «Bueno, no siembres más maíz: siembra calabaza, y coge esta semilla». El hombre se fue para donde estaban sus amigos, y éstos no accedieron a hacer lo que Orunmila había dicho. Y el hombre, molesto, tiró la semilla que Orunmila le había dado.
Al poco tiempo, un hermoso calabazar, con grandes y bellas calabazas, había en el lugar. Pasó Oshún y se quedó maravillada, y les dijo: «¿Ustedes venden esas calabazas?». Y ellos dijeron: «No las vendemos». «¿Y qué quieren por ellas?», preguntó Oshún. Y ellos dijeron: «Una gracia: que esta tierra produzca maíz». Entonces ella dijo: «Eso es fácil; lo que ustedes no saben es sembrarlo». Y les enseñó a sembrarlo.
Entonces vino Shangó y dijo: «Qué hermosas calabazas, ¿las venden?». Dijeron que no, que lo que querían era que se les diera el maíz. Shangó les dijo que esa tierra lo que daba era ñame, y lo sembraron igual que el maíz. Vino San Lázaro: «Qué calabazas más lindas, ¿las venden?». «Lo que queremos es que esta tierra produzca». Y San Lázaro les dijo: «Siembren frijoles». Y los sembraron.
Vino Oyá: «Qué hojas de calabaza más grandes, y yo que tengo tanto calor por el Sol». Y ellos le dijeron lo mismo, donde Oyá los mandó a sembrar árboles, les bendijo la tierra, y todo se dio en abundancia.
Nota: un pollo a Elegbara y dos gallinas para Oyá — limpiarse con ellas y después llevárselas a Oyá a su casa, por la parte de afuera.
2El colono que cultivaba caña y por orgullo todo lo perdió
Un colono de caña, creyéndose Rey, amenazó con tumbar las palmas del vecino humilde; la esposa de éste soñó que fuera donde Orula, que le marcó ebbó a la carrera botado en el cañaveral; dos indigentes que fumaban junto al ebbó prendieron fuego a la caña: la palma se salvó, el colono murió de pesar, y el obediente se salvó.
Ebbó: 16 pedazos de caña de azúcar, ikordié, mariwó, tierra del pie de una palma, un tabaco, abití, akofá, malaguidí meta, owó la meyo.
Por este camino, había un hombre que se dedicó a la siembra de caña en un lugar donde ese comercio nunca se había hecho. Como él conocía su resultado por lo que había visto en otros lugares, ya se creía Rey: pensaba que dentro de poco sería el más rico de aquel lugar, y tanto fue su orgullo que despreciaba a los hombres y los trataba con la mayor desconsideración.
Había otro que se dedicaba al cultivo de la palma, y con su producto —el palmiche, la escoba y el guano— vivía moderadamente con su familia.
El colono sembró en una inmensa cantidad de tierra mucha caña; copiosas palmas regaban su producto sobre las cañas, y el peso de éste quebraba la caña, motivo que dio lugar a que el colono se ofendiera y le formara pleito al dueño de las palmas, diciéndole que mandaría a tumbar todas las palmas que estuvieran dentro de su terreno con la mayor brevedad y sin consideración alguna.
Ante esta amenaza, el dueño de las palmas se entristeció de tal manera que fue preciso que su mujer lo alentara. No se cansaba de pedirle a Olofin que eso no sucediera. A tanto ruego, ella soñó una noche que le decían que fuera donde Orula, que hiciera lo que él le mandara, que así saldría bien de todo, que lo mandaba Eshu. El despertar de la mañana siguiente fue de mucha alegría para ellos, por tener un Santo en que apoyarse.
El hombre fue donde Orunmila, y a éste le salió este Odù, donde el hombre tenía que hacer ebbó a la carrera y botarlo en el cañaveral. Así lo hizo, y cuando iba a botar el ebbó, dos hombres que parecían indigentes lo siguieron; después que lo botó, fueron a ver lo que contenía y, como todo el contenido era conveniente, acordaron quedarse en ese lugar en espera de otro ebbó. Limpiaron bien el pie de la palma, y así pasaban los días, conversando y fumando.
Pero un día en que la caña florecía, empezó el viento. El dueño de la caña, contento, montó a caballo, diciendo a las gentes: «Ya pronto seré el más rico de esta comarca». Entonces el caballo se espantó y lo tumbó. Los que estaban dentro de la caña salieron huyendo y, como estaban fumando, prendieron fuego a la caña. La palma se salvó del fuego, y la caña se quemó toda. El colono, de pesar, murió. Y el dueño de las palmas se salvó, por ser obediente.
3El cosechero de caña y el de maní
El rico cosechero de caña humillaba al de maní; éste hizo ebbó y lo puso en el camino entre las dos plantaciones; el caballo del rico tropezó con el ebbó, el hombre encendió una llama para ver, la tiró sobre su propio cañaveral y quedó arruinado: tuvo que pedirle trabajo al cosechero de maní.
En este Ifá había dos hombres: uno se dedicaba a cosechar caña y el otro a cosechar maní. El cosechero de caña era muy rico y tenía una gran plantación. De vez en cuando pasaba por la puerta del cosechero de maní para humillarlo.
Pero un día el cosechero de maní fue a casa de Orula. Cuando llegó, Orula le vio este Ifá y le dijo que tenía que hacer ebbó y que, después de terminado, tenía que ponerlo en el camino que atravesaba las dos plantaciones.
El cosechero de maní así lo hizo, y un día, cuando el cosechero de caña iba pasando por la guardarraya, el caballo tropezó con el ebbó. El cosechero encendió una luz e hizo una llama para ver con qué había tropezado su caballo y, cuando se cercioró de lo que era, tiró la llama, la cual fue a caer en su cañaveral: éste cogió fuego y se destruyó toda la plantación del cosechero de caña, quien quedó arruinado y tuvo que pedirle trabajo al cosechero de maní. Y así éste vivió más tranquilo. Maferefún Orunla, Maferefún Orishaokó.
4El que no respetaba a su señora🔒 Babalawo
5Shofé, el adivino del Ewi, y «Se halló caminando a lo largo del camino» (el adivino de Ofá)🔒 Babalawo
6El papel y la candela🔒 Babalawo
7El algodón y la candela🔒 Babalawo
8No se debe recibir Olofin sin tener Odduduwa (la tierra Osha Gerere)🔒 Babalawo
9La falta de memoria y el desgaste de las neuronas (por qué se golpea a Orunmila para atefar)🔒 Babalawo
10En obiní se apagó el fogón🔒 Babalawo
11Shangó quemó azufre en las entrañas de la Tierra🔒 Babalawo
8 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →