Cuatro amigos tenían entre todos un terreno chico y decidieron sembrarlo de maíz. Trabajaron los cuatro con empeño, pero cuando pasó el tiempo las plantas solo dieron tallos y hojas secas. Aun así volvieron a sembrar maíz, y salió igual. El tercer año repitió la misma suerte.
Uno de los cuatro, padre de muchos hijos, se puso a suplicar a Olofin y a los santos todos que aquella tierra le diera por fin una buena cosecha. Elegba andaba por allí, escuchó sus ruegos, se le acercó para saber qué le pasaba. Cuando el hombre se lo explicó, Elegba lo invitó a ir con él a ver a Orunmila.
En casa de Orunmila, este oyó el caso y aconsejó dejar el maíz y plantar calabazas; además le entregó una semilla. Al volver, el hombre habló con sus compañeros, pero ninguno quiso aceptar el consejo. Disgustado, tiró la semilla de Orunmila.
Poco después, en ese mismo sitio crecía un hermoso campo de calabazas grandes y lindas. Oshún pasó por allí y se quedó admirada. Preguntó si las vendían, y los amigos dijeron que no. Entonces ella quiso saber qué querían, y le pidieron un favor: que esa tierra diera maíz. Oshún les respondió que eso era sencillo, pues lo único que les faltaba era saber cómo sembrarlo, y se lo enseñó.
Más tarde se presentó Shangó, también encantado con las calabazas, y preguntó lo mismo. Le contestaron igual: no vendían, solo querían maíz. Shangó les advirtió que esa tierra servía para el ñame, y ellos lo plantaron como habían aprendido a plantar el maíz. Después llegó San Lázaro, que alabó la belleza de las calabazas y también preguntó si estaban a la venta. Respondieron que solo querían que la tierra produjera, y él les dijo que plantaran frijoles; así lo hicieron.
Al final apareció Oyá. Comentó que las hojas de aquellas calabazas eran enormes y que ella sentía un calor terrible por el sol. Los amigos le hicieron la misma petición. Oyá les mandó plantar árboles y bendijo el terreno, y desde ese momento todo creció en abundancia.
Obstinarse en una siembra que no rinde solo gasta los años. Lo que indica Orunmila da fruto aunque se acepte con disgusto, y la tierra bendecida por los orishas rinde de todo.
Un pollo para Elegba y dos gallinas para Oyá. Con las gallinas se limpia la persona, y después las lleva a casa de Oyá y las deja afuera.