Un gran osainista, a cuya casa iban muchos a resolver sus problemas, quedó enamorado de una mujer hermosa de otra tribu y se la presentó a su Osain, pero este la rechazó porque no le servía a su hijo. Aun así, el osainista la enamoró, y ella no lo aceptó. Entonces le prometió enseñarle cómo funcionaba su Osain a cambio de su amor, y la mujer, picada por la curiosidad, aceptó; el osainista la llevó a casa y le enseñó cómo trabajaba con la cazuela.
Desde ese instante la mujer se sintió muy mal del vientre, y aunque el osainista estaba desesperado por estar con ella, no sentía ningún interés: Osain la había convertido de mujer en hombre, retirándole la menstruación, y empezó a interesarse por otras mujeres. Osain castigó a su hijo dejándolo impotente y, más tarde, sordo y ciego, y la mujer asumió el mando de la casa. Por eso los secretos de Osain no se le enseñan a las mujeres, y la mujer sin menstruo puede tener una guía de Osain.