Los hijos de Olokun se quejaban de las aguemas, hijos de Obatalá, que los tenían intranquilos. Olokun, orgulloso de un monstruo a su servicio, fue a la tierra de Obatalá cantando. Obatalá, que pescaba, oyó su bravura y temió por sus hijos; las aguemas rezaban y él les respondía con Iré Ashegun Otá. Olokun lo amenazó: «acabaré no solo con tus hijos de esta tierra, sino con todos, y te quedarás solo». Obatalá, sabiéndose sin fuerzas contra el monstruo, se echó a llorar.
Con su agogó fue a casa de Osain, que le dio hierbas y lo mandó a Orunmila; este le vio Iwori Wode y le marcó ebbó, mandándolo regar su contenido —maíz— en Enifa. Por virtud de Osain, el maíz germinó y echó espigas al instante; las aguemas chocaban dentro del maizal haciendo gran ruido. Olokun, que tenía a su monstruo listo, se asomó a Onika, vio todo cubierto de maíz y lo creyó un gran ejército armado. Asustado, le dijo a su monstruo: «contra eso no podemos luchar; hay que hacer las paces con Obatalá». Así este Ifá se volvió Iré Ashegun Otá.