Los hijos de Obatalá, llamados aguemas, vivían en paz y con alegría en la tierra de Aborini Ifá. En otra tierra, Iwori Woyobo, vivían los hijos de Olokun, que se quejaban sin parar ante su padre: según ellos, las aguemas los inquietaban y no los dejaban en paz.
Olokun los ignoraba. Se sentía muy fuerte porque tenía a su servicio un monstruo, y el poder de esa criatura lo llenaba de orgullo. Pero una vez quiso comprobar por sí mismo las quejas y emprendió el viaje a Aborini Ifá, cantando mientras avanzaba.
Obatalá estaba pescando cerca. Oyó el canto de Olokun y dedujo que venía furioso y con mucha fuerza; temió que viniera a destruir a sus hijos. Las aguemas, por su lado, empezaron a brincar y a rezar. Obatalá las escuchó con alegría y les contestó con un rezo que cerraba con las palabras Ire Ashegun Ota.
Al oírlo, Olokun se llenó de ira. Se presentó ante Obatalá y lo amenazó: acabaría con las aguemas de esa tierra y también con los demás hijos de Obatalá, que quedaría solo en el mundo.
Obatalá comprendió que estaba perdido, pues nada podía hacer contra la fuerza del monstruo. Lloró de angustia ante la idea de perder a sus hijos.
Luego tomó su agogó y echó a andar por los caminos, mientras tocaba y entonaba llamados. Llegó a la casa de Osain, quien, al enterarse del problema, ofreció su ayuda. Le entregó unas hierbas y lo mandó con Orunmila, pues él también apoyaría con su poder para superar la dificultad.
Obatalá relató a Orunmila todo lo sucedido, incluida la amenaza de Olokun. Orunmila consultó el oráculo y salió el odu Iwori Wode. Le prescribió un ebbó y le aseguró que Olokun se calmaría. Al terminarlo, le ordenó llevar el ebbó a Enifa y esparcir allí lo que contenía; entre sus elementos había maíz.
El maíz brotó enseguida, gracias al poder de Osain, y pronto se llenó de espigas. Las aguemas corrían por el maizal y se golpeaban entre sí, haciendo un ruido enorme.
Olokun ya tenía preparado a su monstruo para combatir. Al asomarse hacia Onika, descubrió que todo estaba lleno de maíz y pensó que se trataba de un enorme ejército con sus armas. Atemorizado, llamó a su monstruo y le explicó que no podían pelear contra aquello y que debían hacer las paces con Obatalá, para que sus hijos siguieran viviendo en el mundo como antes.
Así fue como el odu llegó a ser Ire Ashegun Ota.
Una fuerza muy superior puede detenerse sin combate si se busca ayuda a tiempo y se cumple el ebbó. El apoyo de Osain y el consejo de Orunmila convirtieron el miedo en paz. Por esta victoria el odu terminó llamándose Ire Ashegun Ota.
Ewefá y miel de abejas, con manteca de corojo. Además, 1 gallo y 4 palomas, maíz de tres formas (crudo, tostado y en mazorcas), jutía y pescado ahumado, y telas de colores. Yemayá recibe el gallo, pero su cabeza se reserva para el ebbó. Ogún y Shangó reciben las palomas. Al terminar, el contenido del ebbó, con el maíz, se esparce como hizo Obatalá en Enifa.
Para vencer las dificultades de la vida se aconseja recibir a Osain. Además, el odu señala una guerra fuerte con un palero que guarda enterrada una prenda poderosa; al sacarla, trabaja duro con sus envíos, y pueden emplearse los shesherekú.
Iwori Wode Iwori Ifa Iwori Omo Yebe Gongo Layebe Oshanla Abere Ni Ifa Olokun Nore Bore Ifa Walode Fi Alaguema Beyere Ifa Oshanla Lorugbo.
Iwori Wode Ifa Leyele Iwori Wode Ifa Leyele Iwori Wode Belokun
Iwori Wode Omo Oshanla Oba Orisha Abayekun Awa Yerbi Ni Olorun Iwori Wode Abeyebi Owa Omo Oshanla Omo Odara.
OMI ILE OBANI OSHANLA OKO NI ODARA OBATALA OMO YEBI ORUN YERI ABOYE BE OLORUN IRE ASHEGUN OTA.
Iwori Mefa Obayedi Olorun, Iwori Wode Waye Barelogun Oshanla Ifa