Dos hombres de gran sabiduría vivían en un mismo pueblo, y cada uno se tuvo por rey. Cada cual daba órdenes según su gusto. Los vecinos se fueron separando, y cada uno siguió al soberano que prefería. Un grupo se llamó descendiente del Sol y se puso ropa amarilla; el otro, descendiente de la Luna, se vistió de azul. Las familias se rompieron y los parientes llegaron a guerrear entre sí.
Los del Sol se volvieron egoístas, pues se consideraban superiores: el Sol tiene más fuerza que la Luna. Convivir allí resultaba casi imposible sin alguna riña. Entonces las personas que no se sumaron a ningún bando acudieron a Olofin a explicarle el desorden.
Olofin hizo venir a los dos reyes. Les anunció que guardaba en un cofre dos palabras, que ambos tendrían que acatar, ya que el Rey Mayor era él. Quiso saber si lo aceptaban, y los dos dijeron que sí.
A la mañana siguiente, la gente de los dos grupos llenó la plaza. Olofin esperaba allí con un rey a cada lado. Los invitó a sacar lo que había en el cofre y a obedecerlo, para que terminaran los enfrentamientos de aquella tierra. Cada rey introdujo la mano, tomó un papel y lo leyó en voz alta. Decía «Olofin Rey». Con vergüenza, bajaron la frente y declararon: «A partir de hoy habrá un solo rey, y es usted».
Olofin los envió al río a echar su ropa; después podían vestir el color que quisieran. También les encargó traer comida fina para festejar que todos volvían a estar juntos.
Si dos personas se tienen por reyes, la comunidad se parte y de ahí nace la guerra. La paz regresa al reconocer una sola autoridad y al abandonar las señas que separan.
Iwori Koso Oluesueye Aye Ori Ologu Mayepese Asere Lafakon Eyerun Orunmila Eure Lebo Aikordie Meta Lebo Aikordie Orufina.