Un babalawo, nacido de Oyá y Obatalá Ayaguna, vivía en la tierra Eyeni Aye. Por temor a sus padres, de niño huyó a la tierra Aye Bawa, que era el hogar de Eshu Gogoro. Su nombre era Iwori Tuanilara. Eshu salía a comer en las esquinas, y el awó le cantaba tocando una campanilla; Eshu le concedió con su bendición todos los poderes y le comentó que desde hacía tiempo no comía gallo.
Una noche, en sueños, Iwori Tuanilara recibió la orden de pedir tres gallos para Eshu a la primera persona que llegara. Al poco aparecieron una mujer y un hombre en busca de su hijo. El awó les dijo que debían conseguir tres gallos: el negro, el rojo y el blanco. Al mirarlos pensó que se parecían a sus padres.
Ellos llevaron los gallos y el awó se los ofreció a Eshu Gogoro. Después Oyá y Obatalá entonaron un canto, y Eshu, oculto, respondió con otro. Los padres no sabían de dónde salía esa voz, pero entendieron su mensaje: debían regresar a los siete días y encontrarían a su hijo en la casa del adivino que los había atendido.
Eshu se presentó ante Iwori Tuanilara: «Hijo, tienes a tu cargo un pueblo entero, los aleyos, pero te hacían falta tus padres. Los has hallado: son quienes vinieron aquí. Te visitarán dentro de siete días».
Cumplido el plazo, Oyá y Obatalá regresaron a Aye Bawa en busca del adivino. Iban sacudiendo cada uno su asheré, cargaban dos vasijas con agua y llamaban con un canto. Al llegar encontraron a Iwori Tuanilara bien arreglado y de gran porte, con el gorro cubierto de caracoles y el collar de Eshu, de negro y blanco y de negro y rojo. Vieron también la multitud de aleyos que lo esperaban para ser atendidos.
Obatalá y Oyá se dieron cuenta de que ese babalawo era su hijo y le dijeron: «Eshu Gogoro es tu padre igual que nosotros, pues gracias a él eres un gran babalawo con mucho poder».
Lo bendijeron Eshu Gogoro, Oyá y Obatalá, y organizaron una gran fiesta en la casa. Con la licencia de Eshu Gogoro, Obatalá Ayaguna le anunció que le entregarían un secreto, ya que tenía muchos enemigos. Oyá, Obatalá y Eshu le prepararon ese secreto en un güiro y le explicaron cómo usarlo y cómo alimentar a la mata que lo sostiene.
Quien atiende con respeto a quien le abre los caminos recibe bendición y poder. Padres e hijo se reencuentran cuando cada uno cumple su parte, aunque al principio no se reconozcan. El saber y la protección vienen también de quien ayudó a formar al hijo.
Tres gallos, uno negro, otro rojo y otro blanco, que se ofrecen a Eshu Gogoro.
Este camino tiene un secreto contra los enemigos, que los padres le dieron al hijo en un güiro; su carga y su uso están en el tratado completo.
MAFUN GUANOLODE ERITA MENI EYIWA EYIWA OMO IWORI TUANILARA EYENI WE LERI OYA.
ESHU GOGORO LORINI AYE OMA OMO EYI IFA AGBA OMO ENI IFA IWORI TUANILARA BABENI ESHU BABA ORI LAYEO OMO LAYE
ASHEBO ASHETO ONIRE AGBA ASHEGUN OTA
IFA NIWA MAYE KUNYE ORI AYE ORI NI IFA ORI BAWA
OMA LAYE NI OMA LAYE ENI IFA LAYE UNYEN ENI ESHU NI LAYE UNYEN NI IFA
OMA NI LAYEO OMO IFA ORI AYE, NI ESHU NI EYEWARA ONIRE ESHU OMO OMA AWO ORI AYE AYEKUN AYE ASHEGUN OTA ESHU