1La Tierra Extraña
Orunmila llegó a una tierra donde los árboles no daban sombra y los pájaros tenían pelos. Hizo ebbó y, al cruzar un pueblo deshabitado, halló en la playa el camino y un bote que Iwori Otrupon, adivino de esa tierra, le había dejado marcado.
Orunmila llegó, en su caminar, a una tierra donde los árboles no daban sombra porque las hojas eran verticales, los pájaros tenían pelos en vez de plumas y la noche era larga y rara. Pasó trabajo buscando dónde cobijarse del sol. Por la mañana se hizo osode, vio este Ifá y le mandó seguir recorriendo esa tierra tras hacer ebbó. Caminó varios días por terrenos de montículos hasta un pueblo deshabitado, cuyos moradores habían huido. Lo atravesó y llegó a la playa, donde halló escrito «Iwori Otrupon» —el adivino de aquella tierra—, que le dejó marcado el camino a seguir y hasta un bote, por el cual pudo salir de la Tierra Extraña. Un Awó debe ayudar a otro necesitado; es Ifá de emigración.
2La epidemia sobre la Tierra
Una epidemia por sequía y polvo enfermó a la tierra y a los hermanos de Oduduwa. Shangó, con el ebbó de Orunmila, pidió agua a Yemayá y llovió; y con el Iyefá de Orunmila reclamó y obtuvo de Oduduwa el santísimo prometido.
En el tiempo en que Shangó solo andaba con la prenda, vino una gran epidemia por la sequía y el polvo, que enfermó a muchos de la garganta, la vista y la piel, entre ellos a siete hermanos de Oduduwa. Este mandó a buscar a Shangó, ofreciéndole parte de su ashé —el cáliz— si los salvaba. Shangó fue a Yemayá y le ofreció dos gallos blancos, dos guineos, dos cocos y dos velas, pero al enfermar otro hermano no le dio nada. Desesperado, fue a Orunmila, que le hizo ebbó con lo ofrecido y le dijo que se lo llevara todo a Yemayá al mar y le pidiera agua.
Yemayá dejó caer la lluvia, el polvo se aplacó, las plantas reverdecieron y la enfermedad se extinguió. Cuando Shangó fue a cobrar lo prometido, los hermanos de Oduduwa se lo negaron diciendo que era su herencia. Volvió a Orunmila, que le entregó un paquetico de Iyefá con túa túa, sensitiva y algarrobo: «reclama de nuevo, úntate un poco en la lengua, hazte una cruz en la frente y la nuca, y sopla el resto». Así lo hizo, y Oduduwa le entregó lo ofrecido. Desde entonces Shangó tiene el santísimo.
3La promesa de Eyade
Eyade, hijo de Yemayá, arrastrado por una tempestad a un cayo, prometió al Sol hacer el bien si lo salvaba. Salvado, olvidó la promesa y enfermó; se hizo Ifá, pero por rechazar a la gente cayó en la miseria hasta cumplir con Yemayá.
Eyade, hijo de Yemayá, amante de la pesca, fue arrastrado por una tempestad a un cayo lejano. Le rogó al Sol que lo salvara, prometiendo dedicarse a hacer el bien; Olorun lo oyó y unos pescadores lo sacaron. De vuelta a tierra, olvidó su promesa y enfermó. Orunmila le vio este Ifá y le dijo que estaba enfermo por no cumplir la promesa al Sol; le hizo obras y le hizo Ifá. La gente iba a su casa sabiendo que era Awó de Orunmila, pero él los rechazaba, y por eso cayó en la miseria. Tuvo que darle dos gallinas negras a su Ifá y dos gallos a Yemayá en el mar, y comenzó a trabajar Ifá para vivir.