Una mujer tuvo cuatro hijos distintos: el pollo, el chivo, el carnero y la hiena. De adulta, a la hiena le desagradó comer hierba como sus hermanos y empezó a comerse las crías de los demás. Acusada, ella lo negó, y el chivo y el carnero fueron a Olofin, que dispuso reunirse en tres días para matarla.
La hiena fue a ver a Orunmila, que le vio Iwori Meyi y le mandó ebbó: ir al monte, levantar tres montones de arena, plantar un ñame en cada uno y darles un pollo; de los tres solo nacerían dos, y entonces debía acusar al chivo y al carnero de haberle desenterrado el ñame. Así lo hizo; Olofin mandó averiguar y, al faltar un ñame, falló a favor de la hiena.
Olofin la autorizó a comerse las crías del chivo y del carnero si se las encontraba, pero desde entonces viviría en el monte. Triunfante, la hiena gritó: «Iwori Meyi ko de mo numi» —«Iwori Meyi habló por mí»—, y ese es su grito hasta hoy.