Iroso Tura es el Odù número 88 de 256 en el orden señorial de Ifá, de la familia de Iroso: nace de Iroso sobre Otura. En los tratados aparece también como Iroso Tunialara, Iroso Otura, Ìrosùn Òtúrá o Iroso Tuarara. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 14 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 9 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREIroso Tura, que también se conoce como Iroso Tunialara, le habla a una persona que tiene prisa por llegar. Aquí nace Atonda, el hijo que brota y se hace grande antes de su hora, y nace también el ókpele de hierro que Ogún se forjó cuando quiso ser awó sin haber nacido para eso. Por eso su decreto es de paciencia: todo le llega a su tiempo; no fuerce lo que aún no ha madurado ni se empeñe en un camino que no es el suyo. Lo que se adelanta se seca sin dar fruto.
Si recibe su propio Ifá, este signo le promete prosperidad y nombre. Su saber puede salir a la luz, sanar a quienes otros no pudieron curar y ganarle un lugar de honor entre los suyos. Con Orunmila de su lado no hay quien pueda con usted, y Eshu confunde a quienes lo buscan para hacerle daño. Dele de comer a Eshu, agradezca a Ogún, a Orunmila y a Oshún, y atienda a Egun, que en este signo lo sostiene.
«Tu destino no es ser Awó, sino pelear: cada persona es grande en aquello para lo que vino al mundo.»El pulso de Iroso Tura
El osogbo viene por la envidia y la lengua ajena. Sus negocios andan mal porque hablan mal de usted, y evite los negocios con los negros bajitos, pues son enemigos suyos: comparta lo que gana, porque el negocio acaparado termina en ruina. Una guerra quiere entrar en su casa, y una persona mayor lo maldijo. Cuídese de los malos consejos que lo llevan a faltarles el respeto a los mayores que lo ayudaron, porque la soberbia y la ingratitud dejan sin sustento a quien las practica, como al río orgulloso que se secó. Evite sentarse en el umbral que da a la calle o en una esquina, tenga cuidado con las herramientas y las máquinas de hierro, y aléjese de las drogas y del volante.
En el amor, usted puede estar enamorado de quien no le corresponde, y no logra casarse con la persona que desea sin hacer ebbó. A veces el daño llega por la persona más cercana, y solo la consulta descubre la verdad. No maltrate a los niños. Desconfíe de la bebida, porque en este signo el trago es la trampa que le preparan sus enemigos: el que bebe se duerme y cae en sus manos. La mujer que bebe y se duerme queda expuesta a que abusen de ella: no acepte bebidas de nadie.
En la salud, Iroso Tura marca el vientre, que se inflama y le quita el aire, la nariz, la boca con piorrea y una frialdad en el cuerpo. Cuide el hígado y la vesícula, trate cualquier enfermedad venérea con la hierba quitasol, y no deje avanzar ninguna enfermedad, porque aquí hay males que llegan de golpe. Si vive con humildad, escucha el consejo y cumple con su ebbó, a su hora madurará y dará fruto.
El signo en una fraseHaga lo suyo sin apuro, arregle sus puertas y respete a los mayores — que a Iroso Tunialara la verdad le devuelve el negocio, y Ogún le cuida la fragua.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAHabla LIBRE
Infiltración en el vientre, dolencia de la nariz, ahogo y frialdad.
Enfermedad en la boca: piorrea.
Guerra que va a entrar en su casa.
Sus negocios van mal debido a las muchas calumnias que se dicen de usted.
Usted practicaba algo que ahora le resulta imposible.
El ogaron (la cotorra).
Se trata de una maldición de una persona anciana; para quitársela debe bañarse con ekuté (ratón) en el río.
De que en este lugar la puerta y la ventana están carcomidas por el comején y Ogún las arrancó a la fuerza; repare las puertas y ventanas deterioradas.
De que la persona, al escuchar consejos dañinos, falta al respeto a personas mayores a quienes debería honrar, tener en cuenta y agradecer.
De que usted no podrá casarse si antes no hace ebbó; ama a una mujer que no le corresponde.
De que la persona observó a sus padres mientras dormían.
De proteger con esmero el hígado y la vesícula biliar.
Eewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No maltrate a los niños.
No coma gallo, ni tome aguardiente ni otras bebidas.Las bebidas son de Ogún: se le ponen a él. Del líquido prohibido del Awó nació la desgracia del gallo que lo bebió.
No debe sentarse en la puerta que da a la vía pública ni en las esquinas.Podrían lanzarle una piedra que le cause la muerte.
Iré y osogbo LIBRE
Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.
Si atiende a Egun y le da de comer, los Egun lo sostienen.
Si da gracias a Ogún, a Orunmila y a Oshún, y da de comer a Eshu, prospera.
La calumnia que arruinaba sus negocios se desmiente y el negocio vuelve a andar bien.
Tiene infiltración en el vientre.
Puede contraer una enfermedad venérea, y debe tratarla con la hierba quitasol.
Sufre enfermedad de la nariz, le falta la respiración y siente frialdad.
44 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.
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Tenga cuidado con los accidentes que causan las herramientas o las máquinas de hierro.
Póngale a Ogún aguardiente, anís, ginebra y un ókpele de hierro.
9 consejos y avisos más esperan tras el muro — lo que este Ifá manda hacer, cuidar y evitar.
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los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia
LIBRE LA LIBRETA1Ogún quiso ser awó y Obatalá se lo impidió
Orunmila vivía cerca de Ogún. Cada vez que Ogún pasaba lo veía limpio y bien vestido, sentado en su portal, y pensaba: «¿De qué trabajará Orunmila, que jamás lo veo sucio?». Un día, agotado de las faenas del monte, Ogún entró a consultarse con Orunmila. En la consulta salió un Ifá que le advirtió: «Hace usted algo para lo que no nació». Ogún respondió que trabajaba en el monte. Orunmila le recordó que era herrero y le preguntó si no trabajaba en la fragua. Ogún confesó: «Lo que quiero es hacer Ifá». Orunmila respondió que ya habría ocasión para eso.
Pasó el tiempo y Orunmila consagró a Ogún en Ifá sin consultar a Obatalá. Como buen herrero, Ogún se fabricó un ókpele y un tablero, ambos de hierro y muy grandes. Al terminar la ceremonia pensó que con Ifá viviría siempre limpio, y comenzó a lanzar el ókpele sobre el tablero con un estruendo desmedido. Obatalá, que vivía cerca, no soportaba aquel ruido y se preguntaba qué era. Por fin salió a averiguar y, cuando cruzó por la casa de Ogún, vio que se consultaba y le preguntó qué hacía. Ogún explicó que ya era babalawo, pues Orunmila le había entregado Ifá.
Obatalá visitó a Orunmila, recibió su moforibale y lo reprendió: «¿Por qué no me tuviste en cuenta para hacerle Ifá a Ogún? Ahora nadie fabricará armas para la guerra, y sin que Ogún trabaje no habrá progreso. Resuelve esto». Y se marchó.
Al día siguiente, Orunmila le pidió a Ogún que volviera con su Ifá, pues debía hacerle algo. Ogún obedeció, porque Orunmila era su Oluwo. Orunmila retiró de la batea la mano mayor y lo dejó como awofakan.
De regreso en su casa, Ogún vio que a su Ifá le faltaba la mano mayor y fue a reclamar a su padrino. Orunmila le explicó que Obatalá lo había dispuesto, porque, según él, Ogún no había nacido para ser awó. Al oírlo, Ogún tomó su machete y se dirigió a casa de Obatalá, segando cabezas en el trayecto.
Obatalá, que se había consultado de antemano, había colgado una bandera blanca en la entrada y dispuesto una jícara con agua fresca. Ogún llegó empapado en sangre, machete en mano, y le reclamó por lo que había dicho a Orunmila. Obatalá, sereno, sabía que una mala respuesta le costaría la cabeza. Le contestó: «Ogún, muy bien, pero sabes que al entrar en mi casa debes saludarme». Ogún se echó al suelo, la bandera blanca cayó sobre él y lo dejó sin fuerzas. Obatalá le dio agua y le habló: «Hijo, te daré lo que pidas, pero tu lugar está en la fragua haciendo armas, no en la consulta. Por eso hablé así». Ogún quedó conforme. Obatalá le entregó otra vez el ókpele. En la pata que habla había puesto un poder, una obra de Osain, y además lo sometió a un baño de ashibatá y oyú oro. Desde entonces Ogún siguió fabricando armas, sin ejercer de awó.
2La soberbia perdió a Obá Odo
En Iyekú, una tierra antigua, vivía un río enorme de agua clara, vanidoso y arrogante. Era Odo, el obá, es decir, el rey de esa región. Presumía de que ningún río alcanzaba su profundidad ni su caudal. Contaba que en las orillas nacían plantas intactas, que los peces más finos habitaban sus aguas, que su lecho era de arena delicada y que el mar lo acogía con gusto, porque él suavizaba su salinidad. Contaba también que las estrellas, la luna y el sol se reflejaban en su superficie luminosa.
Cuando le adjudicaron el reino, los sabios leyeron en la arena de su cauce el signo Iroso Timbelera y le advirtieron que la ingratitud nace de la soberbia.
Con la primavera llegó Oguero, y de repente el agua de Odo empezó a moverse. Asustado, se preguntó quién tenía la osadía de agitar su agua y el barro de su fondo, y quién lo estaba haciendo crecer hasta sacarlo de su cauce. Era tan altivo que olvidó el consejo de los ancianos, dado cuando se le vio el signo Iroso Tunialara. En lugar de consultar a Orunmila, fue a buscar al responsable. Encontró un arroyo hinchado por las lluvias, que se unía a él por una junta y traía agua amarillenta y turbia, con hojas y ramas a rastras. Odo lo encaró: ni el arroyo ni su familia podían traerle aguas sucias; solo venían a molestar y a quitarle la felicidad, así que debían irse lejos, hacia las ciénagas y los pantanos.
Hijos de Oshún Iyumu, los arroyos se sintieron agraviados por esa arrogancia ciega y fueron a quejarse con su madre. A Oshún le dolió mucho lo hecho por Iroso Tunialara, que así se llamaba Obá Odo en esa tierra, y ordenó a sus hijos los arroyos que se alimentaran en otras partes. Los manantiales, que eran hermanos de los arroyos, también se ofendieron con Obá Odo y se marcharon con ellos. Por eso Obá Odo quedó sin sustento, se fue empobreciendo y acabó convertido en un miserable hilo de agua.
En su lecho seco quedaron charcos sueltos donde las hojas y los peces se pudrían en montones. Los árboles de la ribera se secaron poco a poco y las aves que vivían en ellos se fueron. El sol, la luna e Iroko nunca más se reflejaron en el lecho seco de lo que fue Obá Odo, dejado por arroyos y manantiales.
Olokun se preguntó qué habría pasado con Obá Odo, quien antes le llevaba aguas dulces y limpias. Se presentó ante Orunmila y estaba ahí Oshún Iyumu, quien le explicó: «Olokun, la soberbia y la ingratitud arruinaron a Obá Odo, que olvidó que al nacer era Iroso Tunialara».
3La palma real que dejó de saludar a Olofin
Olofin creó para su descanso y su alegría un árbol: Ope, la palma real. De pequeña, Ope recibía la bendición de Olofin y le rendía su moforibale. Olofin se complacía en ella: era sana, crecía recta y esbelta, y lucía una corona verde y frondosa.
Ogún sintió celos y deseó para sí el ashé que Ope tenía. No podía destruirla, de modo que, para ponerla mal con Olofin, empezó a rondarla y a adularla: «Qué corona tan bella y qué cuerpo tan esbelto. Tienes todas las virtudes y toda la inteligencia del mundo, y por eso llegarás a superar a Olofin».
Poco a poco Ope se volvió vanidosa y soberbia. Un día, al verse alta, le declaró a Olofin que ya no le rendiría moforibale, porque sería mayor que él y lo dejaría atrás; que en adelante sería él quien viniera a saludarla, pues nadie en el mundo estaría por encima de ella. Olofin, al oír semejante arrogancia, se echó a llorar. Ope, cada vez más agresiva, no percibía su error: toda la adulación de Ogún era veneno.
Cierto día Shangó encontró a Olofin llorando frente a su casa y quiso saber la causa. Olofin le explicó lo que Ope hacía. Shangó le recordó que, al darle la corona, Orunmila había dicho que ella era Iroso Tunialara, y que Orunmila también le había dado consejos a Ope. Le pidió que dejara de llorar, porque él arreglaría el asunto. Sin embargo, al verla comprendió que ya no tenía remedio, y Ope se le enfrentó también a él. Entonces la alcanzó un rayo fulminante: en un instante las pencas perdieron su fuerza y quedaron lacias alrededor del tronco, y con ello desapareció la corona que forman cuando se levantan rectas y brillantes.
Por eso, por mucho que crezca, la palma jamás llegará al cielo.
La palabra no se pierde — se abre
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