Patakíes · Los caminos del Odù
1Los falsos amigos de Iroso Batuto
La madre, intranquila porque su hijo iba a gobernar tierra extraña, hizo el ebbó que Orunmila marcó. Los «mejores amigos» del hijo, envidiosos del cargo, lo encerraron en una cueva con una gran piedra para que muriera de hambre. El mar se embraveció, las aguas removieron la piedra, y escapó — gracias a Orunmila por el ebbó y a Yemayá por sus aguas.
Una madre estaba triste porque su hijo iba a gobernar una tierra extraña, y presintiendo que le pasara algo por la magnitud del cargo, fue a ver a Orunmila. Salió este Ifá: su hijo estaba rodeado de enemigos que lo querían destruir, y había que hacer ebbó. La madre, preocupada, lo hizo enseguida. Cuando se lo contó a su hijo, él le dijo que no temiera: en el viaje lo acompañarían sus mejores amigos, que él mismo había escogido.
Al pasar la comitiva por una cueva, a Iroso Batrupon le tocó entrar primero — y los falsos amigos, que le tenían envidia y mala voluntad por la posición que ellos querían, le taparon la entrada con una gran piedra que ya tenían preparada. No lo mataron: creyeron que encerrado moriría de inanición. Poco después, el mar se embraveció de tal manera que se formó un ras de mar; las aguas invadieron la cueva y con su ímpetu removieron la piedra, y por ahí escapó Iroso Batrupon — gracias a Orunmila, por el ebbó de su madre, y a Yemayá, por haber ayudado con sus aguas.
2La maldición de Oshún a Iroso Batuto
Oshún Ibú Lare, enamorada del Awó de la tierra Malee, bajó al río desnuda, untada de miel y brillante de oro, y se abrazó a él. Después del amor, él la ofendió: «Tú no sabes, me has dejado insatisfecho». Ella lo maldijo: «Solo encontrarás mujeres de mal vivir». Ninguna le duró más de seis meses, hasta que la desagravió.
Ojika Awó era el sacerdote de Ifá de la tierra Malee y su signo era Iroso Batuto. Oshún Ibú Lare, que vivía en los espacios siderales, estaba enamorada de él y no sabía cómo conquistarlo, así que decidió provocarlo: se desnudó, se llenó el cuerpo de miel, y mientras el Awó hacía ceremonia en el río, bajó desnuda y brillante de oro y se abrazó a él; y a él no le quedó más remedio que estar con ella.
Cuando terminaron, él le dijo: «Tú no sabes hacer el amor y me has dejado insatisfecho». Ofendida, ella le echó una maldición: «Tú en tu vida solo encontrarás mujeres de mal vivir». La maldición lo persiguió: mantenía inestabilidad con todas las mujeres y no le duraban más que seis meses. Cansado, fue a ver a Orunmila, su padre, quien le dijo que tenía que desagraviar a Oshún para lograr el perdón. Iroso Batuto le pidió perdón y le ofreció las gallinas amarillas, la miel y la calabaza, y con ello se le hizo el inshé de la estabilidad: la palabra dicha después del placer también hace herida — y la herida de una mujer despechada dura años.
3El hijo ingrato de Yemayá y Shangó
Odara Ni Awó nació desangrando a su madre; Yemayá y Shangó lo criaron, le dieron secretos y lo hicieron grande. Olofin lo advirtió: sería malagradecido. Engrandecido, dejó de pedirles la bendición — Elegba se reía: «Es hijo de Iroso Tuto, nada más». Yemayá llamó a los Egun, se volvió remolino, y aquella tierra se perdió con su Awó dentro.
En la tierra de Oguala Yebela gobernaban Shangó y Yemayá. Al nacer Odara Ni Awó, su madre murió desangrada por el intestino; su padre, al saberlo, cayó muerto de repente. Elegba entregó al niño en brazos de Yemayá y Shangó, y Olofin les dijo: «Este muchacho tiene una gran suerte y será un gran Babalawo, pero será malagradecido y desobediente». Lo criaron, y a los siete años tanto insistió Yemayá que Orunmila le hizo Ifá — con una condición: «Para que no te pierdas, nunca podrás visitarme; yo iré a verte».
Cada mañana y cada noche, Odara Ni Awó pedía la bendición a Yemayá y a Shangó, y cada bendición traía un secreto nuevo. Elegba no le daba ninguno; se reía y decía: «Este es hijo de Iroso Tuto, nada más». Le entregaron el mando de la población, y su fama creció — gracias a ellos. Pero Elegba madrugaba a sacarlo a pasear, le buscó una mujer de la tierra de los Egun, y el Awó, entre la gente que lo esperaba y la mujer que lo entretenía, dejó de pedir la bendición. Yemayá y Shangó, abochornados, fueron a Orunmila: «Déjenlo solo», dijo. Pero Yemayá, soberbia, salió del mar, se hincó, llamó a los Egun del padre y de la madre, y se levantó un viento; ella se volvió remolino y el mar cubrió aquella tierra entera, con Odara Ni Awó dentro. Cuando Shangó y Elegba quisieron hablar con ella, ya era tarde. El que olvida a quien lo hizo grande, pierde la tierra que pisaba.
4El venéreo de Orunmila🔒 Babalawo
5El dinero de Obatalá🔒 Babalawo
6Kinrindin, el gato y la rata🔒 Babalawo
7Awó Alará, el hijo de Ogue🔒 Babalawo
4 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →