Patakíes · Los caminos del Odù
1Aquí botaron Ifá al río
Awó Mayerifa recibió el mando de una tierra y no cumplía los reglamentos: nunca dio de comer a Eshú ni a las cuatro esquinas. Todo empeoró, y desesperado echó su Ifá en dos jícaras, se las amarró a la cintura y se tiró al río. Awó Aguatara Ifá presentó dos gallinas al río y, canto a canto, comida a comida, fue sacando los dieciséis ikines — y con ellos volvió la prosperidad.
Awó Aguatara Ifá le entregó a Awó Mayerifa todo el mando de su tierra, con una sola advertencia: cada vez que le diera de comer a Ifá, debía darle de comer a Eshú y a las cuatro esquinas. Pero Awó Mayerifa no sabía hacer nada y nada hizo; los trastornos iban de mal en peor, y él se pasaba la vida triste. Un día, viendo los caminos cerrados, cogió su Ifá, lo echó en dos jícaras, se las amarró a la cintura y se tiró al río.
El pueblo se echó a llorar, a cantar y a tocar la campana. Awó Aguatara Ifá acudió corriendo, presentó dos gallinas al río y les dio su sangre al agua; mandó a la Apetebí a cocinarlas, puso al pueblo de rodillas, y comenzó el canto de Mari Ebó: dio de comer la cabeza — y salió del río el primer ikin; los corazones — y salió el segundo; las mollejas, el pescuezo, el hígado, la pechuga, las alas, el lomo, la huevera, la pelota de ñame, el eko, el oshinshín, el arroz, la harina… y uno a uno fueron subiendo los ikines hasta sostener entre los dedos el dieciséis. Así vino la prosperidad total de la tierra de Awó Aguatara Ifá. Por nada que le suceda en la vida bote a Ifá: lo que la desesperación tira al río, solo la fe y el ebbó lo hacen subir a flote.
2El Awó que no esperó la lluvia
Okpini debía tostar un ñame a Eshú cada día antes de adivinar. El séptimo día, Olofin lo llamó de urgencia y salió sin pagar el último ñame. Predijo que los cazadores traerían boa, ciervo, búfalo y elefante — y Eshú detuvo a todos los cazadores en la puerta del pueblo veinticuatro horas. Llamado mentiroso, fue a tirar su Ifá al río Oshún… justo antes de que todo se cumpliera.
A Okpini se le dijo mantener ñames pequeños en casa y tostar uno para Eshú antes de cada adivinación. Al séptimo día le quedaba uno, y Olofin lo mandó llamar con urgencia: partió prometiendo tostarlo al regresar. En palacio adivinó que ese mismo día los cazadores reportarían haber matado una boa, un ciervo, un búfalo y un elefante, y Olofin hizo sacrificio. Pero Eshú, cobrando su ñame, se plantó en la puerta del pueblo y advirtió a todos los cazadores que quien reportara una pieza ese día sería usado para el sacrificio: todos pasaron la noche detenidos a la entrada.
A la mañana, Olofin llamó a Okpini mentiroso y embustero. Deshonrado, Okpini fue al río Oshún y tiró allí su Ifá. Entonces pagó al fin el ñame tostado — y Eshú levantó la alarma: todos los cazadores entraron al palacio a la vez con sus piezas. Olofin comprendió que las predicciones se habían cumplido con veinticuatro horas de demora, se disculpó con el saludo «Urukere jenti jenti», y le dio una escobilla adornada de cuentas y una chiva. Okpini volvió al río a recobrar sus ikines: encontró quince, y el último se lo había tragado un pez; tomó una piedra del río como semilla dieciséis y sirvió su Ifá con la chiva de Olofin. Así ganó este Odù el nombre de Irosun Okpini: la deuda de un solo ñame demora la palabra un día entero — y la impaciencia casi le cuesta el fundamento.
3Ariku y el pájaro del Cielo
Ariku, pobre, pidió prestado para recibir Ifá; le prometieron prosperidad a los tres años. Acosado por los acreedores, a quince días de la fecha se le agotó la paciencia: empacó su Ifá para tirarlo. Su Ángel de la Guarda bajó vuelto pájaro, lo golpeó con las alas cantando «Ariku, no botes tu Ifá, que la riqueza, la esposa y los hijos vienen detrás». Esperó — y a los tres meses era rico.
Ariku era muy pobre cuando se le dijo que recibiera su propio Ifá; pidió prestado para la ceremonia, y se le prometió que comenzaría a prosperar dentro de tres años. Los que le prestaron empezaron a reclamarle; a tres meses de la fecha ya estaba frustrado, y su Awó le aconsejó paciencia. A quince días del tercer aniversario, la paciencia se le agotó del todo: recogió su Ifá, lo empacó, y salió a tirarlo.
En el Cielo, su Ángel de la Guarda pidió permiso a Dios, se convirtió en pájaro y voló a buscarlo. Lo encontró en el camino y comenzó a golpearle el cuerpo con las alas, cantando: «Ariku, no botes tu Ifá: la riqueza que te sigue viene detrás; la esposa que te sigue viene detrás; los hijos que te siguen vienen detrás; toda tu fortuna viene detrás». Reafirmado, Ariku volvió a casa con su Ifá. Al decimoquinto día llegó gente a su casa por adivinación y todas sus predicciones pasaron; la hija de Ajé — la riqueza — condujo un grupo hasta él y se declaró su esposa. En tres meses se hizo muy rico; antes del siguiente aniversario ya había construido casa y tenido un hijo. La prosperidad tiene fecha: el que la bota a quince días de cobrarla, se lo pierde todo.
4La corona que se cayó en la puerta de Orunmila🔒 Babalawo
5Orunmila y la divinidad del Obstáculo🔒 Babalawo
6Los guardianes de Iroso Unkuemi🔒 Babalawo
7El nacimiento de Aboni🔒 Babalawo
8La trampa de la batea🔒 Babalawo
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