Este Odù se especializó en el Cielo en adivinar para los que querían prosperar en la Tierra, y al ver partir a sus colegas decidió bajar también. Dios lo bendijo pero le advirtió completar la bendición con adivinación y sacrificio, por la influencia de Eshú en la Tierra; su Ángel de la Guarda le aconsejó al menos viajar con una bolsa de comida para dar a quienes se le acercaran. No escuchó y partió con las manos vacías. En el camino le negó comida a Emu, a Eshú (a quien prometió pagarle en el mundo), a Elenini —el Obstáculo— y al Loco.
En la Tierra su vida se embrolló: era crudo en su comportamiento, nadie lo tomaba en serio, y cada regalo que Dios le enviaba, Elenini se lo desviaba. El Obstáculo le mandó una esposa cuyo hijo enfermo le consumió el último dinero y murió. Decidió internarse en el bosque a suicidarse; pero Eshú le hizo caer en una aparición donde vio la vida próspera que habría disfrutado si hubiera pagado en el Cielo: siete días vivió esa utopía, hasta que Eshú le prendió fuego y lo despertó en medio del monte. Corrió sin rumbo; Eshú le pidió un chivo, que su Ángel de la Guarda le facilitó, y le señaló el camino hacia Orunmila. En casa, Elenini pidió una chiva y ñame molido; dio el festín, los Awoses le prepararon Ifá en siete días, se casó con una segunda esposa que le dio muchos hijos, el Obstáculo lo abandonó y vivió modestamente próspero hasta la vejez. Cuando este Ifá sale en Igbodun, es probable que la persona haya vagado por la cristiandad antes de recibir Ifá; sirva a Elenini con una chiva para que su primera esposa lo abandone, pues ella es el agente del Obstáculo.