En una casa convivían Shangó, Oshún, Ogún y Orunmila. Oshún era mujer de Shangó, pero al mismo tiempo vivía con Ogún, y todavía fuera de aquella casa mantenía otros tres amantes. A Orunmila las piernas lo tenían baldado y apenas lograba andar. Una mañana, al abrir el día, se vio este Ifá y tuvo que hacer ebbó: de todos, solo Oshún se ocupó de conseguirle lo necesario. El registro anunció fuego en la casa.
Shangó supo de la traición de Oshún y esperó un descuido de la casa para prenderle candela por los cuatro costados, en venganza. Salieron todos corriendo; pero Oshún, acordándose de que Orunmila no podía caminar, volvió a entrar para sacarlo. Adentro no lo halló — el susto lo había echado por la puerta trasera — y por ahí mismo salió ella y se lo encontró. «Entré a salvarlo, pero no lo encontré», le dijo. Y Orunmila respondió: «Siempre te estaré agradecido por este gesto. Tú, que eres la pecadora, fuiste la única que se acordó de mí: desde este momento tus pecados son perdonados, y desde hoy tú eres la única que tiene potestad para comer junto conmigo». De ahí viene que Oshún coma al lado de Orunmila chiva, gallina y cuanto él coma.