Las deidades mandaron al Ángel de la Guarda a llevarse a las personas. Al bajar, las agarró y se las fue llevando a rastras por detrás de la casa de Ogún; ellas gritaban: «¡Ogún, ayúdame, el Ángel de la Guarda me arrastra por los pies!». Ogún quiso saber qué pasaba, pero el guardián no se detuvo, y de esa forma fueron pasando por la casa de cada una de las deidades de la tierra.
Ya reunidas todas, el guardián del alma les contó lo sucedido. Orunmila lo examinó, le vio este Odù —Iroso She— y le propuso que él se encargaría de colectar y que las personas sacrificarían para el guardián del alma. Soltó entonces el guardián a la gente, y desde aquel día Orunmila recoge cada año lo que la cabeza de cada quien pide como sacrificio y se lo entrega — y el guardián, a cambio, le entrega a él su parte. Desde entonces la gente también le entrega algo a Orunmila para que sea su intermediario y hable bien de ellos ante las deidades y sus guardianes ancestrales: por eso se dice que Orunmila es el intermediario del alma. Por este Odù hay que hacer Santo o Ifá para no perderse, rogarse la cabeza y dar de comer a los Orishas: la persona está mal con su Ángel de la Guarda.