Antes de descender a la tierra, Orunmila recibió una adivinación del awó Efun fun lere. Este le recomendó que no se dedicara a ejercer Ifá, sino al comercio. Para su Ángel de la Guarda debía sacrificar una chiva, dieciséis palomas, un trozo de tela blanca y doscientos un cauries, y entregar a Eshu maíz, ñame, plátano y un chivo. Orunmila lo cumplió todo antes de descender.
Ya en la tierra empezó a practicar el Ifismo. Como sacerdote daba muy buenos resultados, pero su vida era inestable y no progresaba. Más adelante, una adivinación le reveló que se había salido del camino de su destino, que era el comercio. Le mandaron adornar su trono de Ifá con un paño y tiza, ambos blancos; atender a Olokun con tiza, dinero, una paloma y una bolsa de cauries; y dar a Eshu maíz, ñame, plátano y un chivo. Orunmila cumplió con todo.
Al recibir esas ofrendas, Olokun se acordó del sacrificio que Orunmila había hecho en el cielo y de la promesa de ayudarlo. Mandó a su hermosa hija, vestida completamente de blanco, al mercado de Oja Ajiabomekon para que lo encontrara. A Orunmila le habían indicado, además, que fuera de blanco al mercado. La hija de Olokun atrajo todas las miradas al llegar, pero no habló con nadie, porque solo buscaba al hombre de blanco descrito por su padre.
Al rato, Orunmila, también de blanco, la encontró y ambos se enamoraron en el acto. Él se presentó y ella resolvió acompañarlo a su casa. Allí, al ver tanto adorno blanco, comentó que el ambiente le gustaba tanto que deseaba quedarse. Él no tardó en notar que ella solo comía tiza blanca, y así adivinó quién era.
Ella le recomendó vestir siempre de blanco e ir con ella al mercado. Los días de mercado, los criados de ella bajaban mercancías del cielo para venderlas aquí y luego le entregaban lo recaudado. Al día siguiente trajeron cuentas, colmillos de elefante y joyas, que fueron enviados a casa de Orunmila. Casi todo aquello nunca se había visto en este mundo. El Obá de la ciudad, interesado, le compró a Orunmila varias piezas por el valor de doscientos hombres y doscientas mujeres. Al ver los adornos del Obá, los demás obases acudieron también a comprar los mismos artículos. Así, siguiendo el camino de su destino, Orunmila llegó a ser inmensamente rico. Cabe añadir que la hija de Olokun no le dio hijos.
Apartarse del destino impide prosperar, aunque se trabaje bien en otra cosa. Al volver a ese camino y dar lo debido a Olokun y a Eshu, la riqueza llega por donde no se esperaba.
Ángel de la Guarda: doscientos un cauries, una chiva, dieciséis palomas y un trozo de tela blanca. Eshu: plátano, maíz, ñame y un chivo.
Trono de Ifá adornado con un paño blanco y tiza blanca. Para Olokun: una bolsa de cauries, una paloma, tiza y dinero. Para Eshu: ñame, maíz, plátano y un chivo.
La persona debe preparar el trono de Olokun junto a su Ifá y atender a Eshu con un chivo. Además, siempre debe usar ropa de colores claros.
Es difícil que prospere o tenga larga vida, salvo que halle un awó capaz de hacerle los sacrificios especiales que se requieren, el Ono Ifá de Odife. Se casaría con una mujer blanca que le dará prosperidad, y es seguro que comerciará con extranjeros.