Patakíes · Los caminos del Odù
1Oshún bajó a acabar la guerra
Olofin había mandado varios santos a controlar la guerra de la tierra, sin resultado. Oshún pidió permiso, bajó, se quitó la ropa y pasó con una bandera blanca entre los soldados: ante aquella hermosura hicieron tregua, y ella reconcilió a los dos bandos. Orunmila, que lo vio todo, le dio su anillo como prueba de respeto y comieron juntos.
Olofin estaba preocupado porque en la tierra no había más que guerra; había mandado a algunos santos a controlarla y todo seguía igual. Un día llegó Oshún, lo vio pensativo y le preguntó qué le pasaba. «¿Me permite, mi padre, acabarle esa guerra?», le dijo, y Olofin aceptó enviarla.
Oshún llegó a la tierra, se quitó la ropa, y con una bandera blanca pasó por delante de los soldados. Al ver aquella hermosura de mujer alzándose majestuosa entre ellos pidiendo tregua, hicieron un alto; y ella, aprovechando, hizo vida con uno de los grupos y después con el otro. Así vino la reconciliación entre los dos bandos y se dio por terminada la guerra. Jadeante, Oshún se tiró en la hierba a la orilla de un río. Orunmila, que lo había visto todo, venía por el río con una chiva y dos gallinas; cuando ella pensó que venía a aprovecharse, él le dijo que venía con buenas intenciones, y como prueba de su palabra se quitó el anillo y se lo dio. Le dio todo lo que llevaba, y comieron juntos. Por este Ifá, a la mujer le han pagado mal y la han engañado: le prometen casarse y la dejan — por eso se trabaja el anillo de compromiso.
2La canasta de bollos que llegó hasta Olofin
El mundo escaseaba de todo y Olofin, bravo, no recibía a nadie. Ifá dijo: solo Oshún puede sacar el perdón. Con su canasta de bollos venció con dulzura cada guardia del camino — Eshú, Obatalá, Oshosi, Shangó — y repartió bollos y miel a los muchachos de la puerta. Olofin se asomó al oír el canto, y le dio la potestad de amarrar y desamarrar.
Hubo un tiempo en que empezó a escasear todo: las mujeres no progresaban, los animales no parían, las plantas se secaban, los ríos sin cauce, el hambre general. Los hijos de la tierra fueron a Orunmila, y salió este Odù: «La única llamada a arreglar esta situación es Oshún, pues Olofin está bravo con sus hijos y ella es quien le puede sacar el perdón». Oshún hizo su ebbó — la canasta de bollos, los huevos, el gallo blanco, la miel, la flecha, las guineas y las palomas — se puso la canasta en la cabeza y salió al camino.
A las cinco leguas encontró a Eshú, cansado de guardar el camino: le dio agua, aguardiente y miel, y él la dejó pasar y la aconsejó. Luego, a la señora de pelo blanco le dio dos huevos y le cosió la ropa, y ella le dio el ashé y el aviso de Shangó. A Oshosi, el cazador de ropas rotas, se las cosió mientras él comía guineas y palomas, y él le regaló la flecha de la justicia: «Si el tigre la ataca, defiéndase con ella». A Shangó le dio el gallo, los plátanos y la miel, y él la acompañó hasta los muchachos que cuidaban la puerta de Olofin. Oshún repartió los bollos, y cuando se acabaron, sacó su tinaja de miel y se la echaba en la boca a los muchachos cantando «Oñí abe yeyeo». Olofin se asomó a la ventana atraído por la gritería y el canto, y al verla dijo: «To Iban Eshu. Mientras el mundo sea mundo, habrá agua abundante del cielo para regar los cimientos. Tú serás la dueña de amarrar y desamarrar, la que vuelve dulce lo agrio y agrio lo dulce; tu risa será llanto y tu llanto risa — dulce y bondadosa con todo el que te quiera a ti y a tus hijos».
3Cuando los jóvenes se morían
En la tierra de Inkan Osun los jóvenes morían: Omoye Ni Saraen, con su prenda Morala, pudría la tierra y la sangre de los niños. Oshún y Osun, guiados por Eshú y los Awoses, le robaron el secreto; Ikú, sacudida por la gallina de Oshún, juró de rodillas respetar a los niños del mundo mientras Olofin no ordenara otra cosa.
En la tierra de Inkan Osun todos los hijos morían jóvenes: Omoye Ni Saraen, que tenía gran poder sobre Osanyin e Ikú, no quería que los niños vivieran, y su prenda Morala pudría la tierra; los niños se enfermaban de la sangre y se les podría la carne. Cada año le daba un chivo y llamaba a Ikú, que venía y mataba a todos, y la fetidez de aquella tierra no se podía soportar. Oshún quería llegar a salvarla, pero cada vez enfermaba de calambres, temblores y fiebre, y arrepentida no salía del río.
Eshú fue a casa de Osun; comieron un gallo cocinado con eweriyeye, orozuz, moruro, pimienta y jengibre al pie del gran secreto de Osun, y una voz mandó llevar dos gallinas a Oshún al río. Oshún salió contenta, y todos se reunieron con los Awoses Ñañaré Ifá y Bebenifa: «Primero hay que robarle el secreto a Omoye Ni Saraen». Osun fue con cuatro piedras chiquitas, cuatro ikines, su agogó y un bastón, y Oshún con él, con cuatro muñecos. Al oír el canto, la Muerte se asustó; Omoye Ni Saraen quiso huir con su secreto, pero Oshún cantó y llovió a cántaros, y tuvo que soltarlo. Osun lo privó de un golpe de agogó; Oshún sacudió a Ikú con la gallina, e Ikú se hincó y juró respetar a todos los niños de la tierra mientras no recibiera órdenes de Olofin. La lluvia limpió la pudrición; a Omoye Ni Saraen, Oshún lo maldijo y quedó vuelto piedra, enterrado. Osun plantó su bastón de moruro y sus cuatro muñecos: «Estas serán las cuatro columnas del mundo: Eshú, Ogún, Shangó y Osanyin».
4Esin y Afon🔒 Babalawo
5Ogún se hizo rey de Ire🔒 Babalawo
6Eziza, el que se hizo indispensable🔒 Babalawo
7Los dos amigos malhechores🔒 Babalawo
4 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →