Iroso Ka es el Odù número 86 de 256 en el orden señorial de Ifá, de la familia de Iroso: nace de Iroso sobre Ika. En los tratados aparece también como Iroso Ika o Ìrosùn Ìká. Esta ficha reúne su rezo en yoruba, 13 patakíes (3 enteros a la vista, con su enseñanza, su ebbó y sus cantos), sus refranes, 11 ebbós y obras y las señales con las que se manifiesta en la consulta — con el eewó completo a la vista; los demás ires y osogbos, el resto de consejos y las recetas completas se abren con La Libreta.
La lectura del signo
lo que Ifá quiere decir, en palabras llanas
LIBREIroso Ka le habla a quien siente que le falta de todo, pero tiene detrás la mano de Oshún. En este signo Oshún bajó al mundo con el dinero y la riqueza, y aquí se alzaron los cuatro pilares de la tierra, que son Ogún, Eshu, Osain y Shangó. También nace aquí el gran engaño que sufre la mujer, cuando un hombre le jura casarse, comparte su casa y después se va. Su decreto es de esperanza: la escasez que usted vive es pasajera, y tendrá una casa suya y dinero, siempre que reciba Ifá.
En Iroso Ka, Orunmila le demostró a Ikú todo lo que sabe, y por eso solo Orunmila puede salvarlo a usted. En su familia la Muerte suele llevarse a gente antes de tiempo, pero si usted se mantiene cerca de Ifá, ella queda amarrada y no lo alcanza. Hay en su casa un hijo al que habrá que hacerle Ifá: cuídelo mucho, que ese muchacho será su suerte.
«Oshún bajó desnuda con bandera blanca y acabó la guerra — sus riquezas llegan a la casa que hace la paz.»El pulso de Iroso Ka
El osogbo de este signo es la traición y la violencia en el trato con los demás. Hay hermanos criados bajo el mismo techo que, al crecer, ya no querrán ni mirarse, como pasó entre Esin y Afon. No alimente ese pleito y no desee el mal a nadie, ni siquiera en el pensamiento. En el trabajo usted puede prosperar mucho, pero su éxito despierta envidia en compañeros, otros sacerdotes y su propia sangre, y alguno acude a la brujería contra sus planes. Comparta su mesa con los suyos y su fama crecerá. Antes de ir al campo haga ebbó, porque le preparan trampas, y tenga cuidado con el mar, donde puede llevarse un susto o perder lo suyo.
En el amor, en Iroso Ka se consagra el anillo de compromiso. A la mujer de este signo varios hombres le han pagado mal después de prometerle boda: pida hechos y no palabras. Al hombre, Ifá le pide no ser quien engaña. La hija de Oshún que no cumple con su santa no encuentra la felicidad en el matrimonio, y cuando la pareja tiene problemas se atiende a Oshún junto con Orunmila. Recuerde que Oshún acabó una guerra con una bandera blanca: la dulzura también reconcilia a los que pelean.
En la salud, usted tiene algo serio que le afecta la cabeza y el cuerpo: cúrese ahora, porque más adelante ya no habrá remedio. Si le duelen las manos, consulte al médico. No se altere por lo que le pase ni se lleve las manos a la cabeza. Con Orunmila a su lado y la dulzura de Oshún, la abundancia de este signo llega a su puerta.
El signo en una fraseCuide al hijo de su suerte, cúrese a tiempo y no prometa amor que no dará — que Iroso Ka tiene casa y dinero esperando, con Orunmila de guardián.
El diagnóstico
habla · prohíbe · recomienda
LIBRE LA LIBRETAHabla LIBRE
Traición, y violencia en las relaciones humanas (cañona).
Un hijo a quien debe hacérsele Ifá: atiéndalo con esmero, pues él será su buena suerte.
Hermanos que crecieron juntos y, aun así, se llevan mal; al ser mayores no podrán soportarse.
La persona sufre una dolencia grave en la cabeza, extendida al resto del cuerpo: procure atenderse ya, pues más tarde no habrá tiempo ni remedio.
Hay falta de todo, pero no se desespere: tendrá una vivienda y dinero, y habrá de recibir Ifá.
De que quizá a la mujer le hayan hecho daño mediante brujería.
De un susto en el mar: no vaya, para que no sufra pérdidas.
De realizar un ebbó previo a viajar al campo, a fin de eludir trampas y conservar la vida.
De que alguien quiere hacer algo que le resulta imposible.
De la mujer, hija de Oshún Ololodi, que tiene este signo en el Ikofá: para ser feliz en el matrimonio debe ofrendar una chiva a Oshún y a Orunmila a la vez; la mujer se unirá a un Awó, y el hombre a una hija de Oshún.
Eewó · prohibiciones LIBRE
El eewó completo va libre: es información de cuidado, y quien salió con este signo la necesita hoy.
No vaya al campo sin antes hacer ebbó.Quieren tenderle una celada capaz de costarle la vida.
No se altere ante lo que le ocurra, ni se agarre la cabeza con las manos.
No vaya al mar.Puede pasar un susto o sufrir pérdidas.
No piense ni haga daño a nadie.Como Esin con Afon: el daño entre amigas se paga con no poder mirarse jamás.
Iré y osogbo LIBRE
Tres iré —lo bueno que el signo trae— y tres osogbo —lo adverso que avisa— de muestra.
El dinero y las riquezas llegan a su vida, como los trajo Oshún a la tierra.
Aunque hoy escasee todo, llega a tener casa y dinero.
Un hijo suyo, si se le hace Ifá y se le cuida mucho, será su suerte.
Le prometen casarse, viven con la mujer y luego la dejan sola.
Sufre traición y violencia en el trato con otras personas.
Si es mujer, alguien pudo perjudicarla por medio de la brujería.
41 ires y osogbos más esperan tras el muro — todo lo bueno que este Odù trae y todo lo adverso que avisa.
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Ruéguese la cabeza: hay trampas que pueden costarle la vida.
Reciba Ifá y rinda agradecimiento a Obatalá, Elegba, Oshosi y Ogún.
7 consejos y avisos más esperan tras el muro — lo que este Ifá manda hacer, cuidar y evitar.
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los caminos del Odù — la historia detrás de cada sentencia
LIBRE LA LIBRETA1Oshún bajó a acabar la guerra
Olofin vivía angustiado porque en la tierra solo había guerras. Ya había enviado a varios santos a ponerles fin, sin resultado.
Cierto día, Oshún lo encontró pensativo y le preguntó la causa. Olofin explicó que los santos enviados no habían logrado nada. Ella dijo: «Padre, déjeme terminar con esa guerra», y él accedió.
En la tierra, Oshún se desnudó y avanzó con una bandera blanca frente a los combatientes. Al verla, tan bella y erguida entre ellos, reclamando paz, los soldados detuvieron la lucha. Entonces ella pasó un tiempo con un bando y luego con el otro, y gracias a eso los dos se reconciliaron y la guerra acabó. Cansada, Oshún se echó sobre la hierba junto a un río.
Orunmila, que había visto todo, llegaba por ese río llevando dos gallinas y una chiva. Oshún sospechó que él quería aprovecharse. Él le aseguró que no tenía malas intenciones y, para demostrarlo, se quitó de la mano el anillo y se lo entregó. También le dejó cuanto llevaba, y los dos comieron juntos.
Según este Ifá, cuando consulta este odu una mujer, suele haber vivido con varios hombres que la trataron mal y la engañaron: le prometían matrimonio y después la dejaban.
2La canasta de bollos que llegó hasta Olofin
Cuenta Ifá que llegó una época de escasez general. Las mujeres no prosperaban, el ganado no tenía crías, las plantas se marchitaban, los cauces de los ríos estaban secos y todos pasaban hambre. El mundo parecía perdido, sin paz ni vida. Los hijos de la tierra, afligidos aun dentro de sus casas, acudieron a Orunmila para averiguar el motivo de tantas desgracias.
Orunmila hizo la consulta y salió este odu. Ifá declaró que solo Oshún podía remediar aquello, porque Olofin estaba molesto con sus hijos y únicamente ella lograría que los perdonara. La buscaron entre todos, y Oshún preparó su ebbó con ese fin.
Con la canasta sobre la cabeza, Oshún emprendió el camino. Cinco leguas más adelante halló a Eshu y le comentó que debía de estar agotado de tanto trabajar. Él admitió que estaba harto de vigilar aquel paso, pues tenía la orden estricta de no permitir el avance a nadie: más allá se encontraba Oshanlá, que guardaba la llave de la morada de Olofin. Oshún le dijo que hiciera su deber, pero que bebiera algo, y le ofreció agua, aguardiente y miel. Eshu tomó la bebida y, agradecido por su buen corazón, la dejó seguir. Le advirtió que más adelante encontraría a una señora de cabello blanco, a quien debía regalar dos huevos y ofrecerle coserle la ropa.
Oshún continuó y, al llegar donde estaba la señora, hizo lo que Eshu le había aconsejado. La señora se lo agradeció, le dio su ashé y le aseguró que conseguiría lo que buscaba. Cuando Oshún dijo que seguiría adelante, la señora le explicó que hasta ese punto podía llegar. Oshún preguntó la razón, fingiendo no saberla. La señora le contó que en el siguiente tramo estaba Shangó, con la orden de impedir el paso a todos. Le recomendó llevarle plátanos y decirle que debía repartir los bollos entre los muchachos que montaban guardia ante la puerta de Olofin, para que nadie lo molestara durante los doce meses que debía durar la paralización.
Tras caminar un poco, Oshún se cruzó con un hombre que perseguía a un venado con su flecha y que le cortó el paso, diciéndole que él custodiaba aquel camino. Ella le preguntó cómo un cazador de aspecto tan guerrero, atrevido y veloz, podía andar sin vergüenza con la ropa rota y sin tiempo para remendarla. Él contestó que sí tenía los materiales. Entonces Oshún se ofreció a coserla, y mientras lo hacía él podía comer guineas y palomas y beber aguardiente y miel. El hombre se presentó como Oshosi, le entregó una flecha con la que él hacía justicia y le recordó que era compañero de Ogún y de Eshu. Le dijo que siguiera adelante, que en el camino había un tigre y que, si la atacaba, se defendiera con aquella flecha.
Poco después apareció Shangó, que iba cantando. Quiso saber a dónde se dirigía la bella joven y le recordó que nadie podía pasar, porque él guardaba la puerta de Olofin, quien no quería ser molestado. Le preguntó cómo había llegado hasta ahí. Oshún respondió que una anciana le había encargado darle a él el gallo, junto con plátanos y miel, y repartir los bollos entre los muchachos. Shangó la llevó hasta ellos, y Oshún les fue dando los bollos. Cuando no quedó ninguno, los muchachos empezaron a gritar.
Entonces Oshún tomó una tinaja llena de miel y vertió su contenido en la boca de los muchachos mientras cantaba. El griterío y el canto atrajeron a Olofin, que se asomó por la ventana. Al verla, pronunció unas palabras en lengua y luego le habló: mientras existiera el mundo, desde el cielo caería abundante lluvia que regaría los cimientos y haría nacer las buenas obras de la vida que estaban detenidas. Oshún sería dueña de atar y desatar, y dueña de la esclavitud. Convertiría en agrio lo dulce y en dulce lo agrio; su risa sería llanto y su llanto, risa, y nadie lograría conocerla, porque incluso sonriendo estaría castigando a quien ella juzgara merecedor. Pero sería dulce y generosa con quienes quisieran bien a Oshún y a sus hijos, siempre que nunca los maltrataran. Olofin terminó repitiendo las palabras en lengua con que había empezado.
3Cuando los jóvenes se morían
Inkan Osun era una tierra donde los hijos morían siendo jóvenes. La causa era Omoye Ni Saraen, dueño de un gran poder sobre Osain y sobre Ikú, que no quería ver crecer a los niños. Poseía una prenda llamada Morala: con ella la tierra se corrompía, la sangre de los niños se enfermaba y su carne se descomponía. Todos los años ofrecía un chivo a Ikú y la llamaba cantando. Ella acudía, mataba a todos, y el hedor de aquel lugar era insoportable. Todo ese daño venía de Omoye Ni Saraen.
Oshún deseaba llegar hasta esa tierra para rescatarla, pero cada intento le provocaba calambres, temblores y fiebre, que eran justamente lo que mataba allá. Con el tiempo se arrepintió y ya no salía del río.
Eshu notó que pasaba el tiempo sin que Oshún se moviera, y fue hacia el hogar de Osun. Allí el awó Moyen Ni Ifá tenía un gallo. Lo sacrificaron y lo comieron guisado, con unas hierbas y especias, junto al gran secreto de Osun. Mientras comían, llamaron a Osun con un canto. La planta donde estaba el secreto crujió y Eshu se asustó. Entonces el awó Mayere Ni Ifá escuchó una voz que le ordenaba viajar a Inkan Osun con dos gallinas, entregárselas a Oshún en el río y llevarla hasta el secreto.
Eshu y el awó cumplieron la orden. Caminaban con un agogó semejante al de Obatalá y cantaban el nombre de Iroso. Oshún se agitaba como en un baile, revolvió el río, salió, limpió la tierra con arena y respondió con otro canto. Alegre, saludó a Eshu y al awó con moforibale y declaró: «Los acompañaré hasta ese secreto».
Al llegar encontraron a Osun con el awó Ñañaré Ifá, y todos se juntaron. Ñañaré Ifá propuso: «Antes que nada hay que cumplir lo que dijo Orunmila: quitarle el secreto a Omoye Ni Saraen, en la tierra de Inle». La tarea era ardua, porque Omoye Ni Saraen tenía mucha fuerza y mantenía dominado ese lugar con ayuda de Ikú. Osun se ofreció: «Iré yo». Ñañaré Ifá le entregó unos elementos para la tarea; Osun se fabricó un agogó y tomó un bastón. Oshún dijo: «Yo voy también con Osun». El awó Baberi le dio unos muñecos, los agboranes, con esta indicación: «Cuando Osun se apodere del secreto, vayan dejándolos a lo largo del camino». Osun cargaba un pollo blanco y Oshún una gallina negra joven; Osun entonaba un canto.
Ikú oyó el canto y se asustó, y llamó a Omoye Ni Saraen. Este intentó escapar llevándose su secreto, pero Oshún comenzó a cantar y cayó un aguacero enorme, de modo que tuvo que dejarlo. Osun le pegó con el agogó en la cabeza y lo dejó inconsciente. Oshún continuó cantando mientras sacudía a Ikú con la gallina. Ante eso, Ikú se arrodilló frente a Oshún y prometió bajo juramento que respetaría a todos los niños del mundo hasta que Olofin le mandara otra cosa. Al oírlo, Osun hizo que Ikú le diera la espalda, vertió sangre del pollo sobre su sombra y la cubrió de plumas. Oshún hizo lo mismo con la gallina negra joven.
La lluvia lavó la podredumbre de la tierra. Osun colocó los muñecos en el sitio del secreto, y todo quedó sepultado junto al río. Omoye Ni Saraen lo había presenciado escondido tras su secreto, pero Oshún lo descubrió y lo maldijo: se transformó en piedra y ella la sepultó. Entonces Osun plantó bajo tierra su bastón y así surgió un secreto en el lugar de Osun. Allí quedó asentado, y se declaró: «Los cuatro pilares del mundo serán Osain, Shangó, Ogún y Eshu».
Después los awós Bebenifa y Ñañaré Ifá celebraron su ceremonia de matrimonio y mandaron buscar a Obatalá; reunieron además a Eshu, a Oshún y a Osun. Fundaron la tierra de Inle Idili, donde empezaron a vivir niños y ancianos. Obatalá y Osun sellaron un gran pacto. Oshún le contó a Obatalá que había hecho todo, junto con Osun, para salvar a los niños; que ella y Osun habían tenido esos hijos gracias a él, pero que en aquel lugar ella sería la apetebí de los awós Ñañaré Ifá y Bebenifa. Luego tomó a Ñañaré Ifá y los objetos necesarios, y se hizo la ceremonia.
La palabra no se pierde — se abre
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