Antes de venir a la Tierra, Iroso Ojuani se consultó con un awó, Akira Ijo Mu Ro Gbam Gbam, que le indicó hacer un sacrificio a causa de las dificultades que lo esperaban aquí. Debía ofrecer a Eshu nueces de kola en una cesta, un chivo y un saco con dinero; y un carnero padre, destinado a un banquete, para su ángel de la guarda. Iroso cumplió. Aun así, antes de partir le prometió a su ángel que, si en la Tierra tenía éxito como sacerdote de Ifá, regresaría rápido al Cielo; y que, si fracasaba, se demoraría mucho en volver.
Al llegar a la ciudad de Ularin, se dedicó allí al comercio y a Ifá. Poco más tarde se trasladó a otra ciudad, donde sus negocios prosperaron. Cuando ya no estaba en Ularin, brotó en ella una epidemia que causaba tumores en la garganta, llamada oligbegbe. Acudieron sacerdotes y médicos de todos los alrededores, sin ningún resultado. Alguien recordó entonces que Iroso practicaba bien Ifá, y mandaron a buscarlo. Él lo consultó, y Ifá le ordenó volver a Ularin para auxiliar a la gente.
Ya en Ularin hizo la adivinación y dispuso que Ifá recibiera una chiva y una gallina, y Eshu un chivo. Salió al bosque y preparó la medicina. Todos los habitantes la bebieron. Al amanecer del día siguiente nadie seguía enfermo.
Antes de volver a casa, pidió que bebieran un último sorbo de medicina con kola, pero le contestaron que no hacía falta, porque se sentían sanos.
Al entrar en su nueva casa, Eshu quiso saber del obitayin, ogoro tayin, la última parte del sacrificio, con medicina y kola. Iroso le contó que los habitantes de Ularin no la habían aceptado. Enseguida Eshu anunció que el sacrificio de Ularin no era válido, y antes de la jornada siguiente la enfermedad de la garganta regresó a la ciudad. Los adivinos de Ularin consultaron y supieron que el sacrificio había sido rechazado porque quedó incompleto; la única salida era que el sacerdote volviera a terminarlo. El mensajero llevó la invitación a casa de Iroso, pero este se negó con dureza: en Ularin no habían atendido su última orden de beber otra vez la medicina y de recibir las nueces de kola.
Tras mucho insistirle, él puso condiciones: esta vez le pagarían, por cada paso entre su casa y Ularin, un saco con dinero. Aceptaron, y así reunió una gran suma.
De regreso en la ciudad, pidió lo mismo que había usado en el primer sacrificio, hizo la medicina y todos la bebieron. Otra vez, antes del día siguiente, la enfermedad se había ido del todo. Pidió luego vino y nueces de kola para cerrar la ceremonia, y se los llevaron sin demora; hizo el rito final y se despidió. Al volver a su casa, Eshu confirmó que el sacrificio sí había sido aceptado.
Con la fama que ganó en Ularin, Iroso decidió dedicarse por completo a Ifá, porque ningún negocio le dejaba tanto como el oficio de sacerdote. En ese tiempo Elenini, divinidad de los obstáculos (llamada Idoboo en Benín), se presentó ante el ángel de la guarda de Iroso para quejarse de lo eficaz que era como sacerdote en este mundo. El ángel le aseguró que, dado que su protegido había prometido volver pronto al Cielo si triunfaba en Ifá, ya estaba por regresar.
Iroso, entretanto, ganó fama y riqueza. Elenini buscaba cómo adelantar su vuelta al Cielo. Para ello creó un conflicto en un pueblo cercano al de Iroso, donde los habitantes se agredían y se mataban, seguro de que lo llamarían. Así ocurrió: el obá, el rey del pueblo, lo invitó. Iroso adivinó y ordenó un sacrificio con 201 caracoles o babosas, 201 pedazos de tela blanca, 201 paquetes de eko, 201 bolsas de sal, 201 jícaras con aceite de palma, 201 bolsas de dinero y 201 jícaras de vino de palma. Cumplió el sacrificio y elaboró una medicina para rociar en el pueblo entero. La paz volvió antes de que amaneciera otro día.
Tiempo después, la gente le sirvió una comida, pero Elenini la envenenó. En cuanto la probó, se le formó un tumor en la garganta. Con el dolor no pudo terminar su labor en ese pueblo y volvió deprisa a su casa. Allí reunió a sus awoses, quienes le dijeron que era el momento de volver al Cielo, como estaba dispuesto desde el principio. También le dijeron que, para alargar su vida en la Tierra, podía sacrificar con una jícara con aceite de palma, un paquete de sal y un carnero padre. Iroso consiguió todo. Mientras oraba con el carnero entre las manos, el animal dio un salto y con el cuerno le atravesó la garganta. El pus brotó a chorros y Iroso perdió el conocimiento. Estando en coma, se vio de repente en el Cielo, ante su ángel guardián.
Entonces el ángel le pidió que llevara otro carnero para Elenini. Iroso contestó que ya tenía uno amarrado en la Tierra para sacrificarlo. Entonces el ángel le mandó volver a la Tierra y terminar el sacrificio. En ese instante despertó, y el carnero se sacrificó sin esperar más.
En cuanto se repuso, dejó la práctica de Ifá y regresó al comercio y al cultivo de la tierra. Gracias a eso llegó a viejo.
En consecuencia, cuando este Ifá sale en el Igbodu, al consultado se le recomienda no ejercer jamás la medicina ni el sacerdocio de Ifá si desea una vida larga.
Lo que se deja a medias no queda cerrado: el rito hay que completarlo hasta el final, aunque parezca innecesario. La fama y la riqueza atraen a quien las quiere cobrar. A quien le salga este signo le conviene otro oficio si desea vivir muchos años.
Un carnero padre para el banquete del ángel de la guarda. A Eshu se le ofrece un saco de dinero, un chivo y nueces de kola en una cesta.
Ifá recibe una chiva y una gallina, y Eshu un chivo. Toda la gente debe beber la medicina. Al final se toma un último sorbo de medicina junto con vino y nueces de kola, como cierre de la ceremonia. Si ese último paso se omite, el sacrificio no es aceptado. Lo que lleva la medicina está en el tratado completo.
201 caracoles o babosas, 201 pedazos de tela blanca, 201 paquetes de eko, 201 bolsas de sal, 201 jícaras con aceite de palma, 201 bolsas de dinero y 201 jícaras de vino de palma. Con la medicina preparada se rocía todo el poblado.
Una jícara con aceite de palma, un paquete de sal y un carnero padre. Además, otro carnero para Elenini.
Al consultado se le recomienda evitar la medicina y el sacerdocio de Ifá, si busca una vida larga.
Obitayin, ogoro tayin (el último sacrificio de medicina y kolá)