Patakíes · Los caminos del Odù
1El médico de Ularin
Iroso Ojuani curó la epidemia de tumores de garganta de Ularin, pero el pueblo se negó al último sorbo de la medicina, y Eshú declaró el sacrificio incompleto: la plaga volvió. Le pagaron un saco de dinero por cada paso para que regresara; completó el ritual y sanaron. Elenini, la divinidad de los obstáculos, le cobró la fama.
Antes de bajar a la Tierra, Iroso Ojuani agasajó a su Ángel de la Guarda con un carnero y a Eshú con chivo, saco de dinero y cesta de kolá, y prometió volver pronto al Cielo si triunfaba como sacerdote. En la ciudad de Ularin se dedicó al comercio y a Ifá, y tras su partida se desató allí una epidemia de tumores en la garganta que ningún médico resolvía. Lo llamaron; recomendó chiva y gallina a Ifá y chivo a Eshú, preparó la medicina con hojas, sangre de la chiva y el iyerosun de su Ifá, y todos sanaron antes de la mañana. Pero cuando pidió que tomaran el último sorbo con kolá, respondieron que ya estaban curados. Al llegar a casa, Eshú preguntó por esa ceremonia final y proclamó el sacrificio no aceptado: la enfermedad volvió al día siguiente.
Le imploraron que regresara; él exigió un saco de dinero por cada paso desde su casa hasta Ularin, y se lo pagaron. Repitió el sacrificio, todos bebieron —esta vez hasta el ritual final— y la plaga desapareció. Su éxito lo decidió a practicar Ifá a tiempo completo; pero Elenini, la divinidad de los obstáculos, reclamó ante su Ángel de la Guarda la promesa de regresar al Cielo. Elenini provocó un conflicto en un poblado vecino; él lo pacificó con el sacrificio de los 201, y Elenini le envenenó la comida: le brotó el tumor en la garganta. Sus Awoses le dijeron que era su hora, pero que podía prolongar la vida con un carnero padre; mientras rezaba, el carnero saltó, le atravesó la garganta con el tarro, el pus salió a chorros y despertó del coma. Sanó, abandonó la práctica de Ifá, volvió al comercio y a la agricultura, y vivió hasta edad avanzada. Cuando este Ifá sale en Igbodun, se aconseja no practicar la medicina ni el ifismo, si se quiere vivir mucho tiempo.
2Nació la bombilla eléctrica
Alabueli, discípulo de Shangó, quemó 200 casas, y los pueblos repudiaron a Shangó negándole a sus hijos. Shangó hizo ebbó, dio un convite al que nadie quiso ir —querían matarlo—, y bailando dio una patada en el suelo y echó candela por la boca: una luz como de día alumbró todo, y lo hicieron Obá.
Shangó tenía un ayudante llamado Alabueli, que aprendía con él a dominar el fuego y la luz. Un día, de visita en el pueblo Lese Oyó Inle, Alabueli quemó 200 casas, y todo el mundo le cogió miedo; como era discípulo de Shangó, la gente decía: «Yo no le doy mis hijos a Shangó para que los enseñe, porque todo lo desbarata y quema».
Shangó, que se llamaba Oba Leyé, fue a Orunmila, que le vio este Ifá y le hizo ebbó con carnero, dos guineas, dos gallos y derecho, y le mandó dar un convite. Nadie quería venir: lo que querían era matar a Shangó. Pero él empezó a cantar y a bailar, y cuando menos lo esperaba la gente, dio una patada en el suelo y empezó a echar candela por la boca, y se incendió todo aquello con una luz que parecía de día. Todos quedaron azorados de miedo y lo pusieron de Obá de la tierra Lese Oyó, y esa luz sirvió para alumbrar al pueblo. Así nació la bombilla eléctrica.
3Shangó y Ogún se dividieron a la mujer
Sin saberlo, Ogún y Shangó cortejaban a la misma mujer, y al descubrirlo pelearon. Orunmila les recordó que los tres habían fallado en sacrificar; Eshú aconsejó dividirla en dos mitades: Ogún cubrió la suya con tierra (Ijarenyin) y Shangó extrajo agua de la suya, a la que llamó Oya.
Desconocido para ambos, Ogún y Shangó hacían amistad con la misma mujer. Cuando surgió la pelea entre ellos, llamaron a Orunmila para que resolviera el problema, y él les recordó que los tres —incluida la mujer— habían fallado anteriormente en hacer sacrificio.
Más tarde intervino Eshú y les aconsejó dividir a la mujer en dos mitades iguales. Ogún tomó su mitad y la cubrió de tierra en el suelo; interrogado sobre qué había cubierto, dijo que era Ijarenyin, su esposa. Por su parte, Shangó tomó la suya y comenzó a extraerle agua, a la cual llamó Oya. Cuando este Odù sale para un hombre, se le advierte no interesarse en la mujer o amante de otro; cuando sale para una solterona, sus padres deben sacrificar —un chivo y su tocado— para evitar que un día su marido la machetee por infidelidad.
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5La riqueza del herrero🔒 Babalawo
6El hijo del rey mató a su propio padre🔒 Babalawo
7La guerra de los Awoses: Omo Odo y la hija de Olofin🔒 Babalawo
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