Patakíes · Los caminos del Odù
1El nacimiento de Baba Iroso Meyi
Iroso rehusó el sacrificio antes de bajar a la tierra y vivió en la miseria. Volvió al cielo a pedir sus deseos, burló a la madre de los obstáculos, y ella lo marcó: por eso olvidamos al nacer lo que pedimos en el cielo.
Antes de partir del cielo, los sacerdotes de Ifá le aconsejaron a Iroso Meyi sacrificar a la divinidad del infortunio y dar un chivo a Eshú. Rehusó hacerlo, y en la tierra fue tan pobre que no podía casarse ni tener hijos; por frustración quiso tirar sus semillas de Ifá. En un sueño, su ángel guardián le reveló que la causa era el sacrificio desoído.
Hizo entonces el sacrificio y viajó de regreso al cielo a renovar sus deseos. En el palacio divino lo recibió Yeyé Muwo, la madre de los obstáculos, que con tácticas de dilación le pedía leña, agua, aceite, pimienta, sal, quimbombó, tabaco y un gallo — pero Iroso venía preparado y lo sacó todo de su bolsa. Pidió sus deseos arrodillado sobre la tortuga que traía, Oloddumare lo bendijo con su maza divina, y Eshú le hizo señas para escapar de inmediato.
La madre de los obstáculos salió tras él y, al no alcanzarlo, estiró su pulgar y le laceró la espalda: esa es la hendidura que corre a lo largo de la columna vertebral hasta hoy. Con esa marca proclamó que nadie recordará sus deseos celestiales al llegar a la tierra, y que antes de verlos cumplidos andará a tientas en la oscuridad. El dolor hizo a Iroso perder el conocimiento; despertó en su cama, en la tierra, sin memoria de nada. Después se dedicó a su negocio y con el tiempo prosperó.
2El hombre que cambió el curso de la muerte
Las divinidades decretaron que quien peinara canas debía morir. Cuando le llegó el turno a Orunmila, con un chivo a Eshú y un polvo de ceniza encaneció a todas en su fiesta de despedida — y el decreto tuvo que cambiarse.
En el cielo, Iroso Meyi era llamado Akpejo Uku: el hombre que puede alterar el curso de la muerte. Aconsejó a las doscientas divinidades que, al llegar a la tierra, no dictaran leyes inflexibles y buscaran el apoyo de Eshú con un chivo. Todas rehusaron; solo Orunmila sacrificó.
Ya en la tierra, el primer decreto de las divinidades fue que quien peinara canas debía regresar al cielo — es decir, morir. Una a una fueron muriendo, hasta que las canas dominaron la cabeza de Orunmila. Su Ifá le mandó dar un chivo a Eshú, moler ñame de agua seco con cenizas, colgar ese polvo en un saco de rafia a la entrada de su casa, y agasajar a todas las divinidades con un cerdo en su fiesta de despedida.
Como era tradición quitarse el gorro al entrar, Eshú rozaba con el polvo el pelo de cada visitante, que encanecía al instante sin saberlo. Terminada la comida, le preguntaron a Orunmila cuándo iba a morir, y él respondió que estaba listo para la muerte masiva de esa noche: que se quitaran los gorros. Todos se descubrieron completamente canosos. Perplejos, dictaron una nueva resolución: solo los suficientemente viejos para morir, deben morir. Así Orunmila cambió el decreto mórbido, porque de haber persistido, nadie viviría más de cuarenta o cincuenta años.
3La camarilla y la trampa del palacio
Una corte coronaba reyes para matarlos en un cuarto con trampa y seguir gobernando en su nombre. Iroso hizo ebbó, nunca entró primero a ninguna habitación, y al final obligó a la camarilla a descubrir su propio crimen.
En un reinado, el pueblo elegía rey, y tras la coronación un grupo de hombres de la corte lo llevaba a recorrer el palacio hasta un cuarto que tenía una trampa en el piso. Como el rey entraba delante de la comitiva, caía y se mataba; la camarilla seguía gobernando en su nombre, y pasado un tiempo anunciaba la muerte para que se eligiera otro rey, que corría la misma suerte.
Un día el pueblo eligió a Iroso Meyi. Antes de aceptar se miró y se vio su propio signo, que le recomendó ocupar el puesto pero hacer antes ebbó con un gallo, una soga y una escalera, llevándolo a un hueco, porque una trampa se descubriría.
Cuando lo coronaron, la camarilla quiso enseñarle el palacio, pero Iroso, advertido, pidió los planos y visitó cada apartamento entrando siempre después de los demás. Quedaba una sola habitación. Iroso invitó a la camarilla a mostrársela y, al ver que esta vez ninguno quería entrar primero, los invitó a pasar delante. Ninguno aceptó: así quedaron al descubierto la trampa y los crímenes, e Iroso pudo gobernar aquel pueblo con tranquilidad y seguridad.
4Hay quien se saca un ojo por ver a otro ciego🔒 Babalawo
5Los más jóvenes botaron al viejo🔒 Babalawo
6Iroso Meyi sí ve🔒 Babalawo
7Donde Olófin tenía presos a los babalawos🔒 Babalawo
8El pescador que encontró al rey🔒 Babalawo
9La luz del cocuyo🔒 Babalawo
10La mujer de la lluvia (el origen de la lombriz)🔒 Babalawo
7 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →