Patakíes · Los caminos del Odù
1Los gemelos y las dieciséis brujas
Los hermanos gemelos Irosun e Iwori bajaron juntos al mundo, pero Irosun se confabuló con dieciséis brujas para eliminar a Iwori. Un sueño lo alertó; con el chivo a Eshú, la gallina a Ifá y su Osanyin que le mostraba las reuniones de las brujas, descubrió el complot y el baño de hojas lo libró.
En el Cielo se le aconsejó ofrecer sacrificio a una divinidad que obraba bajo cubierta de bruja —gallo, nueces de kolá y vino de palma— y servir a Eshú con un chivo. Hechos los sacrificios, los gemelos Irosun e Iwori bajaron juntos al mundo. Pero Irosun se confabuló con dieciséis brujas de la noche para eliminar a Iwori. Una noche, Iwori soñó con una cámara de ejecución; sin comprenderlo, fue a adivinación, e Ifá le dijo que estaba a punto de ser engañado, pero que todo quedaría en nada si daba un chivo a Eshú y servía a su Ifá con una gallina y pescado seco envuelto. Así lo hizo, y de las dieciséis conspiradoras, dos murieron.
Los Awoses le revelaron que su propio hermano menor había tramado el complot. Iwori tenía un Osanyin capaz de hacerle ver lo que acontecía en las reuniones de brujas: tras darle un gallo y ñame en polvo con hojas de jengibre, se trasladó a la reunión de aquella noche y vio los artificios de las catorce restantes. Sintieron al intruso y lo capturaron acusándolo de espiar, pero desapareció antes de que pudieran dañarlo. Al despertar, Ifá le mandó bañarse con las hojas preparadas por los sacerdotes; después del baño, los conspiradores, sabiéndose descubiertos, abandonaron el lugar y lo dejaron tranquilo. Cuando este Ifá sale, se le dice a la persona que su hermano menor es un brujo que maquina contra ella.
2Agayú y la posesión del río
Agayú, humillado por la aventura con la mujer que resultó ser Oshanlá, exigía tributo a todo el que quisiera cruzar el río. Un niño pobre y sin nombre le rogó pasar; lo cargó en los hombros, y el niño pesaba más a cada paso. Al mirarlo exclamó «¡Oduduwa!», y este le dio la posesión del río.
Agayú poseyó, sin saber de quién se trataba, a la mujer más poderosa de aquellos lugares: Oshanlá, que tenía el don de transmutarse. La aventura lo humilló en su condición de varón, pues creía que lo justo era que él hubiera tomado la iniciativa; por eso cambió de táctica con los que pedían cruzar el río: a cada uno le exigía el tributo, y sin ese requisito no lo llevaba. «Busca a otro hombre y paga; de lo contrario, pierdes el tiempo».
Un día se le presentó un muchacho: «Agayú, quiero ver a mi madre, que está al otro lado del río». «¿Cómo te llamas?» «No tengo nombre.» «Entonces no te puedo complacer.» El niño lloró: «Hace mucho que no la veo, y soy muy pobre… entonces llévame en tus hombros, que hasta ahora a nadie le has dicho cuánto cobras por eso». El barquero lo miró fijo: «Muchacho, tienes buena cabeza; te llevaré cargado». Se lo puso sobre los hombros y entró al río, y el muchacho aumentaba de peso paulatinamente hasta volverse una carga insoportable. «¿Qué pasa, que te has vuelto tan pesado?» «No protestes y cumple tu palabra.» «Muchacho, es que ya no puedo más.» «Entonces, mírame.» Agayú volvió la cara y exclamó, dejándolo caer al agua: «¡Oduduwa!». Y el niño, flotando, le dijo: «Por tu esfuerzo, te doy posesión del río», y desapareció.
3Las conquistas de la naturaleza
Agayú Sola venció la primera gran dificultad del hombre: el río. Con su hacha derribó un árbol, hizo la hoguera que dio origen al fuego y construyó la balsa con que conquistó las aguas, estableciendo el comercio entre las dos orillas. Una pasajera le pagó con su cuerpo: era Oshanlá, y de ese encuentro nació Shangó.
Fue Agayú Sola quien venció la primera gran dificultad que el hombre encontró en el camino: el río. Mientras los demás se replegaban vencidos, él permaneció junto a las aguas y decidió vencerlas. Encarnaba a un fuerte labrador entrado en años, con los bríos de un joven guerrero: tomó su filosa hacha, derribó un árbol corpulento, y de una rama hizo una hoguera cuyas llamas dieron origen al fuego. Con la madera construyó una raquítica balsa con sus remos y la lanzó al río; tras grandes esfuerzos lo conquistó, y tantas veces lo cruzó que al final lo hacía con facilidad. Por su obra se establecieron las comunicaciones entre ambas riberas, y el comercio le produjo grandes riquezas.
Un día se le presentó una mujer de grandes sayas, hermoso rostro y finos modales; la acomodó en la barca sin mencionar condiciones. Al llegar, ella saltó coqueta y se puso a arreglarse sin mirarlo; él reclamó el pago, y la mujer se despojó de su ropa y se acostó en la hierba, invitándolo a cobrar con su cuerpo. Después le dijo: «Has tenido el placer de acostarte con Oshanlá», y se alejó sin mirar atrás hacia su palacio blanco. A ella le llegaron las molestias de la maternidad, y nació un niño llamado Shangó: «Shan-gó», el que corre extraviado — como el zigzag del rayo.
4El leñador confiado🔒 Babalawo
5Quítate tú para salvarme yo🔒 Babalawo
6Kaferefún Agayú: el palmiche de la otra orilla🔒 Babalawo
7La capa del triunfo y la recompensa🔒 Babalawo
8La prosperidad del pueblo de Iwoye🔒 Babalawo
9El regreso al hogar ancestral🔒 Babalawo
10El baño de Aweda🔒 Babalawo
11La palmera de espinas🔒 Babalawo
8 patakíes más de este Odù, bajo candado.Lee todos los caminos completos con el plan Babalawo.Desbloquear →