Orunmila arribó a un lugar donde los varones tenían gran cantidad de mujeres. Cuando supieron de su llegada, y siendo que en el pueblo abundaban los perros y los cerdos salvajes, los hombres los dejaron sueltos para que lo despedazaran.
Acorralado, Orunmila se subió a un baiyekú (yagruma) y se tapó con el follaje. En lo alto se presentó alakaso, la tiñosa, y quiso saber qué lo aquejaba. Al oír la explicación, alakaso corrió a avisar a Olofin y también a Eshu. Eshu no tardó: llegó junto a Odde, cargado de fuerza, y fue derribando animales a ambos lados hasta que los demás huyeron. Con eso Orunmila pudo bajar y quedó a salvo.
Quien llega a un lugar donde no lo quieren puede verse perseguido por muchos. Pero si pide ayuda a tiempo, Eshu y Odde acuden y las fieras se retiran.
Un gallo, tres piedras (ota), tres velas, obi, pescado, jutía, tres ofá, tres palomas, y tres freideras: una con sangre, otra con agua y lejía y otra con manteca de corojo.
Se realiza en un momento de sol. Terminado, la persona se coloca de manera que su sombra caiga sobre las tres piedras, que están sobre la tierra; a esas piedras se les ofrecen las tres palomas, junto con los tres ofá. Luego se le da al interesado una piedra y un ofá, para que los deje tras la puerta, con la punta del ofá hacia arriba. Con las otras dos piedras y los otros dos ofá se hace una consulta sobre su destino.
Este odu tiene un iyé (polvo) que se emplea con buenos y con malos fines; su preparación está en el tratado completo. Cuando se trata de una mujer, el odu señala fuego uterino y desenfreno. Tiene además un Ifá osogbo, Adó Shure, que es un güiro cimarrón de Elegbara; su carga está en el tratado completo.