En este camino, Oyá tenía una hija llamada Bumi: muchacha presumida y llena de orgullo por los grandes poderes de su madre, a quien todo cuanto emprendía le resultaba bien.
Un día cayó enferma y sus asuntos empezaron a torcerse, cosa que no quería contarle a su madre. Fue a visitar a Shangó, y de aquella unión quedó esperando un hijo. Se presentó entonces en la tierra Teguarollo, donde vivía Oyá, y esta le dijo: «Yo no sé lo que ha sucedido; pero enseguida que tengas ese hijo, hay que entregárselo a Shangó».
Después Oyá le dijo a su hija Bumi: «Vamos a ver a Obatalá». Ya en el camino, para que Obatalá las recibiera, las dos iban cantando: «Babakua leleo Ikasa aguare Ifá omo Bumi».
De paso por ahí se les cruzó Orunmila. Le dieron moforibale y a él se le cayó el okpele: marcó Ika Sa, y le dijo a Oyá: «A tu hija hay que hacerle Oyá u Obatalá; ten cuidado, no te la vayan a confundir. Y ese hijo que ella trae es hijo legítimo de Shangó».
Obatalá le entregó a la hija de Oyá tres piezas de Ogún — y le llamó Ogún Fomale —: un pedazo de hierro redondo, un machete y una hoz, y una piedra que embarró con bastante epó; le dio tres pollos y una paloma, y Ayaguna le dijo: «Todo lo que hagas y pidas al pie de Ogún, te lo va a conceder, y tu resguardo comerá con Ogún».
Justo entonces Bumi parió, y Obatalá dispuso: «Déjame este hijo aquí para entregárselo a Shangó, que él vendrá a verme dentro de 7 días, y yo le entregaré a su hijo delante de ustedes». Al séptimo día se apareció Shangó y, con Oyá y Bumi presentes, Obatalá le puso el niño en las manos para que se lo llevara a su tierra Tigua Yorokun.
A Bumi, hija de Oyá, le cayó muy mal que hubieran consagrado a su hijo antes que a ella. Madre e hija volvieron a su tierra.
Sobre el resguardo de Ogún, a Bumi todo le salía bien. Un día anunció: «Madre, voy a visitar distintas tierras, y después iré a ver a mi hijo Ika».
Eshu, que no dejaba de darle vueltas a las guerras y los poderes que traía con Oyá y a la forma de hacerle una maldad, se topó con Bumi y la convidó a una gran fiesta. Shangó había estado ahí, pero ya se había marchado cuando ella llegó con Elegba.
Bumi vio el fiestón que se armaba y lo bonito que bailaba Oshún. El hijo de Eshu, de nombre Ika Eshu, se montó y se puso a bailar; a ella la conquistaron ese baile y esa manera suya, y él le dijo: «Tú no puedes estar así» — y a Bumi le hicieron yoko Oshún.
De regreso en su tierra, donde estaba Oyá, la madre la despreció, la maldijo y la dejó sin los poderes que tenía.
Desde entonces a Bumi le llovieron las dificultades y sus cosas fueron de mal en peor. Cada vez que acudía al secreto de Ogún, ya no encontraba la respuesta de antes. Un día Orunmila iba de camino a casa de Oyá; ella lo llevó ante Bumi para que la mirara de nuevo, y Orunmila dictaminó: «Ella tendrá que pasar un poco de trabajo. Hay que llamar a Obatalá para ver lo que puede hacer».
Nota: en este Odù el Babalawo debe extremar el cuidado, porque aquí es fácil errar; a la persona se le hace Oyá, Obatalá u Ogún.