Oyá tenía una hija, Bumi, engreída y orgullosa del enorme poder de su madre: bajo esa protección, todo le resultaba bien.
Un día Bumi enfermó y sus cosas comenzaron a ir mal, pero no quiso que su madre lo supiera. Visitó a Shangó, tuvo con él una relación y quedó embarazada. Después viajó a Teguarollo, el lugar donde vivía Oyá. La madre, sin saber lo ocurrido, le dijo que en cuanto naciera el niño habría que entregárselo a Shangó.
Oyá propuso entonces ir a ver a Obatalá, y las dos se pusieron en marcha cantando para que él las recibiera.
Orunmila pasaba por el camino y se cruzaron con él. Se saludaron con moforibale; entonces el okpele de Orunmila cayó al suelo y marcó Ika Sa. Dijo a Oyá que su hija debía recibir Oyá u Obatalá, que tuviera cuidado de no confundirlos, y que la criatura que Bumi esperaba era hija legítima de Shangó.
Obatalá dio a Bumi tres piezas de Ogún, a las que llamó Ogún Fomale (cuáles son está en el tratado completo). Le dio además una paloma y tres pollos, y le aseguró que cuanto pidiera ante Ogún le sería concedido, y que su resguardo se alimentaría con Ogún.
Justo entonces nació el niño. Obatalá pidió quedarse con él hasta que Shangó viniera, dentro de una semana, para entregarlo en presencia de Oyá y Bumi. Pasados los siete días, Shangó llegó y Obatalá puso al niño en sus brazos; Shangó se llevó al niño a Tigua Yorokun, su tierra.
A Bumi le dolió que su hijo hubiera sido consagrado antes que ella. Volvió con Oyá a su tierra.
Gracias al resguardo de Ogún, Bumi tenía éxito en todo. Un día avisó a su madre que visitaría varias tierras y que luego iría a ver a su hijo Ika.
Eshu llevaba tiempo dándole vueltas a las guerras y a los poderes que enfrentaba con Oyá, buscando cómo hacerle daño. En su camino encontró a Bumi y la convidó a un gran festejo. Shangó había pasado por allí, pero ya se había retirado cuando ella llegó acompañada de Elegba.
Bumi miró la fiesta y le encantó cómo bailaba Oshún. El hijo de Eshu, Ika Eshu, salió a bailar también, y ella quedó cautivada por su baile y sus modos. Él le dijo que así no podía seguir, y le hicieron yoko Oshún.
De vuelta en casa, Oyá la rechazó, la maldijo y la dejó sin ningún poder.
Desde ese día todo fue empeorando. Cuando Bumi recurría al secreto de Ogún, ya no obtenía la respuesta de antes. En cierta ocasión, Orunmila se dirigía a casa de Oyá; esta lo llevó adonde estaba Bumi para que la consultara de nuevo. Orunmila sentenció que ella pasaría algunas penas y que habría que acudir a Obatalá para ver qué solución tenía.
Aviso del pasaje: en este Odù conviene que el babalawo extreme el cuidado, pues es fácil equivocarse: a la persona puede corresponderle Oyá, Obatalá u Ogún.
Confundir un santo con otro le cuesta caro a la persona, que pierde sus poderes y el favor de quien la cuidaba. Por eso hay que poner toda la atención en saber a qué santo pertenece cada quien. De aquí nació la equivocación de creer que un santo se puede cambiar por otro.
Tierra recogida en varios lugares de la ciudad, un gallo, gallinas, lese Yanza, una paloma, bara, cuentas, telas, bogbo akofa, 3 cabezas de carnero, jutía ahumada, eta, manteca de corojo, awado y 9 piedras. A este ebbó se le ofrece sangre de cada animal sacrificado, y se le agregan cuentas y cabezas.
Nueve jícaras con ori, manteca de corojo, jutía ahumada, efun, pescado ahumado y eko, para pedir el favor de Oyá y de Oshún.
Luego se ofrecen dos palomas a Obatalá, junto con palo, hierbas, leri okute meta, cabeza de camaleón y mucho dinero.
Este odu pide al babalawo mucha vigilancia, porque la persona podría recibir un santo que no es el suyo. Según el caso, le corresponde Oyá, Obatalá u Ogún.
Iká Sá Iká Sá Ballebei Ifa Babalawo Omo Oribowa Oni Awo Alla Omo Llalleri Oya Oya Baguaorduz Obonelli Oggun Tigualloru Gogozora Yein Onibuaguani Obani Shango Guegueniye Oni Oshun Omo Oya Tigua Yorokun Intori Oni Oyi Mobagua Eleggua Oni Yanza.
Babakua Leleo Ikasa Aguare Ifa Omo Bumi