1El perro descubre al rey
Un rey criaba un perro. Orunmila le advirtió que se le acercaba una guerra y que su salvación estaba en hacer ebbó con ese mismo animal; el rey no le hizo caso.
Corrió el tiempo, y la guerra le cayó encima el día en que menos la esperaba. La perdió, y para salvar la vida se escondió en un tinajón, que dejó boca abajo.
Lo buscaban por todas partes sin dar con él, hasta que el perro lo entregó: iba y venía a la carrera entre el escondite de su amo y el gentío, tantas veces que acabó por llamar la atención. Levantaron el tinajón, sacaron al rey y lo mataron.
Nota: gallo a Eshu, y si tiene perro, traerlo para el ebbó. A usted le quieren quitar su marido.
2El perro de Eruru
Eruru andaba siempre con la mala lengua y armando tragedias, hasta que tuvo que escapar al monte, con su perro detrás.
Ya en el camino dio con un tinajón, se escondió dentro y dejó al animal afuera. Solo y con hambre, el perro regresó al pueblo, y ahí los enemigos de su amo le dieron de comer; después lo soltaron para irle detrás, y así llegó hasta el tinajón. De ese escondite sacaron a Eruru y lo mataron.
Nota: este Ifá señala que usted invoca a la caridad al acostarse y al levantarse, y algo le debe: déle dos gallinas o gofio a Obatalá y a Eshu, y pelos de perro al ebbó. Un fiel amigo puede perjudicarlo sin querer.
3En la unión está la fuerza
Awó Akua Roro vivía en la tierra Ayegbi Oshe con sus 7 hijos, gente inconforme por más que el padre procurara darles cuanto deseaban. El porvenir de ellos lo traía preocupado, y su único recurso era rogarle a Oduduwa que los uniera, para que se salvaran y tuvieran buena vida en el futuro.
Cada vez le ponía sara ekó y rezaba así: «Oduduwa ori maya ofoyude omo lekun Awo Akua Roro sokun Baba». Oduduwa acudía y le decía: «No te preocupes, que tus hijos se van a unir». Y el hombre le respondía: «Estoy enfermo del corazón y de la cabeza, y me duele mucho la cintura; y cuando muera, no tengo a quién entregarle mi secreto, pues mis hijos viven cada uno a su manera».
Un día en que estaban juntos, Oduduwa resolvió: «Vamos a casa de Orunmila (Awó Buyoko Awalele Ifá), para ver si él te acaba de resolver tu problema». Se echaron a andar, y por el camino iban cantando: «Ifa layeo Ifa layekun Baba Olorun, Awo Akuaroro Awo Buyoko iran lowo lemi».
A la llegada, Awó Buyoko le puso la tarea: «Tienes que darle de comer a Olorun, para que tu tierra se fortalezca y tus hijos te obedezcan». Awó Akua Roro trazó en el suelo un círculo de efún y orí, colocó ahí el tablero de Ifá, lo repartió en cuatro partes con los Meyi, y le cantaba: «Ogba de nifa Oddun bowa omo oyu opon Baba Eyiogbe Oddun bowa».
En el centro de Baba Ejiogbe, sobre la marca de Ika Otura, asentó una jícara de leche de vaca con sara ekó, orí y efún; puso encima su Ifá suelto en el tablero, prendió 16 velas y, tocando el agogó, se dio a llamar a Olorun: «Olorun ogdobale Baba Olofin, Olorun ladeo Ifa laye Baba ni Olorun, Baba ashe omo layereo, Baba Olorun Olofin layereo».
Olorun se presentó, y ahí le dio dos palomas blancas y dos gallinas blancas, mientras cantaba: «Abele bele adie Ifa sinifikura bobao, Orunmila abele adie Ifa sinifikura».
Oduduwa juntó todo aquello, lo cubrió con tela blanca y subió con ello a lo alto de la loma (lerí oke), donde cantó: «Awo Layogbi Ifa Awo Akua Roro leri oke, Awo Buyoko omo Olofin layireo okua Baba».
Por el poder de Olorun, aquella tierra cobró fuerza: los hijos corrigieron su conducta, fueron acercándose unos a otros y ya nadie pudo con ellos.
Así se le fue quitando al padre la angustia que cargaba por el futuro de los suyos, y alcanzó a vivir en paz y con más fuerza. Awó Buyoko y Oduduwa le encargaron: «Tienes que hacer esta ceremonia a menudo, para que tu tierra no se enfríe y Olorun le siga dando vida» — donde también tiene que recibir a Oduduwa, que se quedó habitando aquella tierra para que todo marchara bien.
Nota: por este Ifá los Babalawos deben unirse para alcanzar el iré ashegun otá.